El 98 por ciento de la población hace uso de las nuevas tecnologías durante las comidas, según el estudio “La ciencia de lo que se cuece en la cocina”, presentado por IKEA, la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III.
Este trabajo, resultado de dos investigaciones complementarias llevadas a cabo en 2025, persigue subrayar la relevancia de apartar los dispositivos electrónicos y priorizar la compañía a la hora de cocinar y sentarse a la mesa, dado que la presencia de otras personas se considera “el principal impulsor de bienestar” durante la preparación y el consumo de los alimentos.
De acuerdo con las conclusiones del informe, cocinar y comer acompañado multiplica por tres la emoción de alegría en el cerebro, incrementándola en un 232 por ciento frente a hacerlo en soledad. La “presencia de otras personas” convierte una tarea cotidiana en una “experiencia emocionalmente positiva”. Por este motivo, y tal y como ha señalado la psicóloga Susana Jiménez Murcia, “comer en compañía tiene un efecto protector en el bienestar emocional”. Además, compartir mesa reduce la sensación de rechazo en un 23,5 por ciento, ya que el acto de alimentarse deja de ser un mero “trámite” para convertirse en una “experiencia positiva”.
“Las personas creemos que utilizamos las nuevas tecnologías para conectar con otras, y es todo lo contrario”, ha señalado.
Jiménez-Murcia ha añadido que las personas con trastornos de la conducta alimentaria son precisamente quienes “usan más esas tecnologías”, por lo que aconseja mantener los dispositivos electrónicos “fuera de las cocinas y comedores”.
La investigación concluye que la calidad emocional de la alimentación “depende menos de los alimentos” y más de “con quién compartimos la comida”. Así, comer acompañado “mejora la absorción de nutrientes” y “reduce el riesgo de obesidad” al favorecer una saciedad más consciente.
En cambio, el uso del teléfono móvil durante las comidas aplana las emociones positivas y “reduce la alegría en un 32 por ciento”. Los contenidos digitales, en esta línea, “dificultan la degustación consciente y deterioran la percepción sensorial de los alimentos”.
La responsable de estudios de IKEA en España, Berta Madera, ha destacado que las personas valoran “la compañía durante las comidas, haciéndolas más placenteras” y que la expansión de las tecnologías ha modificado la forma de “relacionarnos con la comida”.
El presidente de la Sociedad Española de Neurología, Jesús Porta-Etessam, ha insistido en que “si miras a la persona que tienes delante, las emociones que tienes son totalmente distintas”. A su juicio, “la gran ventaja que tenemos en el sur de Europa es el evento social en torno a la comida y tenemos que luchar por mantenerla”.
MÁS CONSCIENTE Y MENOS IMPULSIVA
El informe “Impacto de la Digitalización en los Hábitos Alimentarios”, elaborado por CIBEROBN, confirma que “la comunicación humana es un factor protector de la salud alimentaria”. Conversar alrededor de la mesa favorece una relación más consciente y menos impulsiva con la comida, a diferencia de lo que ocurre cuando se usan pantallas, ya que “la interacción social ayuda a mantener la atención en un contexto social saludable”.
En este escenario, la digitalización no actúa como un verdadero espacio de conexión, sino que fomenta un contexto de soledad con “consecuencias directas en la salud mental y en los hábitos alimentarios”.
La juventud aparece como el grupo más expuesto, puesto que los adolescentes pasan frente a las pantallas el “doble de horas que la población general” y comen solos con más frecuencia. Los resultados indican que la tecnología ha ocupado un lugar “antes reservado a la convivencia y el diálogo” y “ha debilitado el carácter social de las comidas”.
“Como los jóvenes han cogido estas tecnologías desde pequeños, luego les da mucha más ansiedad dejarlas”, ha apuntado Porta-Etessam.
El teléfono móvil se sitúa como el dispositivo predominante en la mesa, y se vincula a patrones de ingesta menos conscientes y “guiados por estímulos externos y no por señales internas de hambre o saciedad”.
El subdirector de CIBEROBN y coordinador del estudio, Fernando Fernández-Aranda, ha remarcado que el hecho de comer “representa un entorno para la promoción del bienestar psicológico”. A su juicio, “la presencia de dispositivos móviles durante las comidas interfiere en los procesos de interacción social, reduciendo la calidad de las relaciones interpersonales y debilitando un factor protector asociado a la cohesión social, la regulación emocional y los hábitos alimentarios saludables”.
Fernández-Aranda ha recordado que, durante la pandemia de COVID-19, “se triplicaron los casos de trastornos alimentarios en España y el mundo entero”, coincidiendo con un notable aumento del tiempo de exposición a las pantallas.
Por otro lado, el director de Diseño, Retail e Interiorismo de IKEA en España, Manuel Delgado, ha subrayado que “el interiorismo puede jugar un papel clave en mejorar la experiencia de comer en casa”. Aspectos como la ergonomía de mesas y sillas, el confort ambiental, la paleta de colores o el sonido del entorno contribuyen a generar un espacio que “estimula los sentidos y promueve la atención consciente”.
“Podemos incidir en crear los espacios de nuestro hogar pensando en que la familia y los amigos puedan reunirse, conversar y disfrutar juntos de la comida. Desde el interiorismo podemos transformar la rutina diaria de comer y cocinar en momentos de conexión y socialización”, ha señalado. En definitiva, el diseño de cocinas y comedores influye en las personas y en “cómo interactuamos en la mesa”, así como en el “bienestar físico y emocional”.