Las mujeres con enfermedad de Parkinson acceden en menor proporción a las terapias avanzadas y, cuando finalmente se les prescribe este tipo de tratamientos, suele hacerse en fases más evolucionadas de la patología. Esta situación apunta a un “posible retraso” en la derivación o en la toma de decisiones terapéuticas por parte de pacientes o profesionales, según un trabajo promovido por el Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento (GETM) de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en colaboración con la Fundación Degen.
El estudio, difundido en la revista 'Medical Sciences', ha evaluado a más de 600 personas con Parkinson avanzado atendidas en más de 40 hospitales de España. Entre sus conclusiones destaca que, en la estimulación cerebral profunda, solo el 27 por ciento de quienes reciben este procedimiento son mujeres. Además, cuando se inicia esta terapia, ellas presentan una edad media superior (69,2 años frente a 65,2 en varones), así como “peor calidad de vida y menor autonomía para las actividades de la vida diaria”.
El miembro del GETM de la SEN y primer firmante del trabajo, Diego Santos García, recuerda que estas terapias avanzadas se reservan para “aquellos pacientes con enfermedad de Parkinson que presentan síntomas persistentes e incapacitantes a pesar del tratamiento convencional”.
“El acceso a estas terapias se individualiza en función de los síntomas, las comorbilidades, las preferencias del paciente y las contraindicaciones. Aunque existen diferencias por sexo en múltiples aspectos de la enfermedad -por ejemplo, las mujeres presentan mayor gravedad en síntomas relacionados con el estado de ánimo y la cognición, mientras que los hombres presentan mayor afectación en el ámbito sexual-, esta desigualdad en el acceso no parece explicarse únicamente por criterios clínicos. Existen factores adicionales que condicionan la indicación y el acceso a estos tratamientos”, ha señalado.
Debido a que las mujeres suelen llegar a estas opciones terapéuticas a una edad más avanzada, Santos García advierte de que podría haberse “perdido la ventana terapéutica óptima”.
Pese a estas diferencias en el momento de acceso, la investigación confirma que las terapias avanzadas “son eficaces en ambos sexos”. Tras seis meses de seguimiento, se ha constatado una “mejora significativa en múltiples parámetros clínicos”: los periodos de peor control de los síntomas se reducen de más de cinco horas a menos de dos horas al día y tanto la sintomatología motora como la no motora “disminuyen de manera relevante y la calidad de vida mejora en ambos grupos”.
Estimulación cerebral profunda y diferencias por sexo
En lo referente a la estimulación cerebral profunda, los resultados en cuanto a mejoría motora global son comparables en hombres y mujeres. No obstante, los varones pueden experimentar una “mayor mejoría” de la bradicinesia (lentitud de movimientos) y una reducción más acusada de la medicación dopaminérgica, mientras que en las mujeres se observa un mayor avance en las actividades de la vida diaria y en la esfera cognitiva, aunque con más problemas relacionados con el estado de ánimo en el postoperatorio.
La SEN subraya, por otro lado, que los estudios disponibles sobre terapias de infusión no aportan datos diferenciados por sexo en cuanto a eficacia o seguridad y que “no existe evidencia que respalde un uso preferente de cualquiera de estas técnicas en función del sexo”.
El trabajo también pone el foco en condicionantes sociales. Así, los hombres cuentan con más frecuencia con su pareja como cuidadora principal (80 por ciento de los casos frente al 53,6 por ciento en mujeres), mientras que ellas dependen en mayor medida de otros familiares, especialmente hijos. Además, se ha observado que los hombres suelen adoptar una actitud más activa en la toma de decisiones, mientras que las mujeres pueden mostrar “más dudas o temor a complicaciones”, factores que también podrían intervenir en el proceso de elección y acceso a estas terapias.
Estrategias para garantizar un acceso equitativo
El coordinador del GETM de la SEN, Álvaro Sánchez Ferro, incide en la urgencia de profundizar en las causas de estas diferencias y en la necesidad de diseñar medidas que aseguren un acceso equitativo a las terapias avanzadas.
En esta línea, la SEN aboga por avanzar hacia un modelo de atención más individualizado, que tenga en cuenta no solo la situación clínica, sino también aspectos como el sexo y el entorno social de cada paciente.
“Lamentablemente estas desigualdades también se han observado en otros países y sistemas sanitarios: en general, las mujeres con enfermedad de Parkinson tienen menor probabilidad de recibir tratamientos avanzados, incluso ajustando los datos según la gravedad de la enfermedad, y suelen ser derivadas en fases más avanzadas. Además, existe una infrarrepresentación de las mujeres en los ensayos clínicos”, ha añadido Sánchez Ferro, quien reclama más estudios y guías que incorporen recomendaciones específicas por sexo y permitan reducir posibles inequidades.
“Es importante que identifiquemos factores que influyan en la equidad del tratamiento y que sigamos avanzando en esta línea para asegurar que todos los pacientes reciban el tratamiento más adecuado” ha concluido Sánchez Ferro.