Un oftalmólogo insiste en que la detección precoz y las revisiones son clave para frenar el avance del glaucoma

Un oftalmólogo alerta sobre el glaucoma y recalca que las revisiones oculares periódicas son esenciales para frenar su avance y evitar daños irreversibles.

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El director médico de Baviera, Gonzalo Muñoz, ha subrayado la relevancia de identificar el glaucoma de forma temprana y de someterse a revisiones oftalmológicas regulares para intentar frenar la evolución de esta patología ocular crónica.

“El glaucoma puede desarrollarse de manera silenciosa y progresiva, por eso las revisiones periódicas son esenciales. Detectarlo a tiempo permite aplicar tratamientos que protejan la visión antes de que se produzcan daños irreversibles en el nervio óptico”, ha señalado el doctor en el marco del Día Mundial del Glaucoma, que se celebra el 12 de marzo.

Tal y como ha explicado el especialista, el glaucoma es una enfermedad crónica que daña el nervio óptico, estructura responsable de llevar la información visual desde el ojo hasta el cerebro, y se caracteriza por una pérdida paulatina de visión. Suele estar relacionado con un aumento de la presión intraocular y se conoce como la “ceguera silenciosa”, ya que en sus etapas iniciales apenas provoca síntomas y la pérdida visual arranca en la periferia del campo visual antes de comprometer la visión central.

La Sociedad Española de Glaucoma (SEG) recuerda que más del 3 por ciento de la población en España sufre esta enfermedad, sobre todo personas mayores de 40 años y quienes presentan antecedentes familiares o patologías asociadas, y advierte de que alrededor de la mitad de los casos en el país permanece sin diagnóstico.

Factores de riesgo y población más expuesta al glaucoma

Aunque el glaucoma puede aparecer en cualquier persona, existen grupos con más probabilidades de desarrollarlo. La edad es uno de los factores más determinantes: a partir de los 40 años el riesgo comienza a aumentar y tras los 60 se dispara de forma notable, en relación con el envejecimiento del nervio óptico y los cambios en el sistema de drenaje del humor acuoso que favorecen la enfermedad.

La presión intraocular elevada constituye otro factor de riesgo relevante y, al mismo tiempo, modificable. No todas las personas con tensión ocular alta acabarán padeciendo glaucoma, pero es el elemento que más se vincula con el deterioro progresivo del nervio óptico, lo que refuerza la necesidad de controles periódicos.

También incrementan el riesgo los antecedentes familiares y la diabetes, además de la hipertensión arterial y los traumatismos oculares. En ciertos casos, la propia anatomía del ojo condiciona un mayor riesgo de glaucoma, por lo que se recomienda especial vigilancia en pacientes con miopía alta (más de 6 dioptrías) o con un grosor corneal por debajo de 500 micras.

Prevención, diagnóstico precoz y tratamiento para conservar la visión

El director médico de Baviera ha precisado que el glaucoma es una patología que no siempre puede evitarse, pero cuya progresión sí puede frenarse o ralentizarse si se identifica de forma temprana. “El glaucoma no avisa. Cuando el paciente percibe que ha perdido visión, el daño ya es irreversible. Por eso insistimos tanto en las revisiones periódicas, incluso cuando no hay síntomas”, afirma Muñoz.

“Recomendamos realizar controles completos a partir de los 40 años, incluso en ausencia de molestias, y adelantarlos en personas con factores de riesgo como antecedentes familiares, diabetes, miopía magna o hipertensión. Dado que la enfermedad suele avanzar de forma silenciosa, estas revisiones permiten identificar alteraciones incipientes que el paciente no percibe en su vida diaria”, ha detallado.

Entre las principales pruebas de seguimiento figuran la medición de la presión intraocular, el factor de riesgo modificable más importante, y la exploración detallada del nervio óptico, que ayuda a detectar los primeros signos de daño. Se añaden los exámenes de campo visual, imprescindibles para descubrir pérdidas de visión periférica en fases tempranas. Estas evaluaciones permiten preservar la visión que aún se conserva, aunque no pueden recuperar la que ya se ha perdido.

En lo que respecta al abordaje terapéutico, la opción inicial suele ser el uso de colirios para reducir la presión intraocular, administrados de forma continuada bajo control médico. Cuando estos fármacos no logran el efecto deseado, se recurre a técnicas quirúrgicas o procedimientos con láser, diseñados para abrir nuevas vías de drenaje y así proteger el nervio óptico frente a un daño mayor.