El presidente de la AN ve legítimo criticar sentencias pero rechaza poner en duda la independencia judicial

Juan Manuel Fernández defiende la crítica a las sentencias, pero alerta contra ataques personales a jueces y reclama preservar su independencia.

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El presidente de la Audiencia Nacional, Juan Manuel Fernández, en el Foro SER Navarra EUROPA PRESS
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El presidente de la Audiencia Nacional, Juan Manuel Fernández, ha defendido que es “legítimo” cuestionar las resoluciones de los tribunales, pero ha advertido de que “lo que no cabe es que esas críticas se dirijan no a la sentencia sino a las personas, particularmente cuando se investigan determinadas causas”.

En su intervención en el Foro SER Navarra, celebrado este viernes en Pamplona bajo el lema “La Audiencia Nacional, garante del Estado de Derecho”, Fernández ha remarcado que las decisiones de los jueces “se pueden criticar, faltaría más”.

“Esto es legítimo. Es una sociedad libre. Lo que no cabe es que esas críticas se dirijan no a la sentencia sino a las personas, particularmente cuando se investigan determinadas causas, y de esta manera se pone en solfa la independencia del juez, o que este atiende a otras razones y se acuñan expresiones como el 'lawfare' y cosas por el estilo”, ha indicado, alertando de que este tipo de ataques personales socavan la confianza en la Justicia.

Ha recalcado que esto “no es algo que diga yo o que digamos los jueces”, sino que “las instituciones en la Unión Europea están alertando de esto”. Según ha recordado, “el último informe sobre el Estado de Derecho en la Unión Europea alerta sobre este tipo de conductas” y precisa que “el ámbito de crítica no es el mismo, no lo tiene en igual medida un medio de comunicación o un ciudadano que alguien que tiene responsabilidades políticas. En este caso, esas posibilidades de crítica tienen que ser más reducidas, más contenidas”.

En esta línea, Fernández ha subrayado que “la existencia de un poder judicial independiente, responsable, sometido únicamente al imperio de la ley, como dice la Constitución, es fundamental para todos y cada uno de los ciudadanos”. Ha insistido en que la independencia de los jueces “tiene un carácter instrumental”, está “al servicio” de la ciudadanía y de “sus derechos y libertades”.

Ha añadido que esa independencia “tiene que ser percibida por los ciudadanos”. “Si la persona que va a un juicio o la persona que asiste a un juicio la percepción que tiene es que esa independencia o esa imparcialidad no se da, no va a confiar en el sistema”, ha avisado, destacando la importancia de la apariencia de imparcialidad.

El presidente de la AN ha sostenido que “el juez tiene que ser independiente hasta de sus propias convicciones”. A su juicio, “el poder de un juez es tan grande que tiene que tener una sólida legitimidad democrática. Mandar a la cárcel a alguien o tomar decisión sobre su régimen matrimonial, sobre sus hijos, es un poder tan enorme que tiene que tener un sustento”, y ha añadido que “esa legitimidad democrática tiene que estar vinculada de forma nítida, clara, irrenunciable, sólida, a la Constitución y a la ley”. Ha ejemplificado que, en el caso de un juez, “puede una ley no gustarte”, pero si “esa es la ley que tienes que aplicar, tú no puedes salirte de ese carril”.

Ha recordado igualmente que “el Estado de Derecho tiene como una de sus manifestaciones más señeras la división de poderes”. A su entender, “y el equilibrio, el juego entre los poderes del Estado es una formidable conquista de la humanidad, y las sociedades que son más prósperas, más iguales, donde hay más riqueza, donde la convivencia es mejor, son aquellas que se rigen por el Estado de Derecho”. Por ello, ha recalcado que “el Estado de Derecho garantiza la democracia y uno de los pilares del Estado de Derecho, y por lo tanto la democracia, es un poder judicial independiente”.

Preguntado por el caso concreto del juez Peinado y la percepción ciudadana sobre sus resoluciones, Juan Manuel Fernández ha hecho “un llamamiento a la realidad de los hechos”. “Y la realidad de los hechos son decisiones que están motivadas, que son susceptibles de recurso, que se han recurrido, y donde unas decisiones se han ratificado, otras no, y punto”. Ha añadido que “obviamente, no entro en ningún detalle porque no puedo, pero esa actuación se produce en el seno de un proceso con todas las garantías”.

Ha apuntado también que “la relevancia de los asuntos lo dan las personas que están implicadas, y es lógico que así sea”, pero ha pedido “tratar de hacer abstracción de eso y ver cuál es la actuación concreta y en qué está anclada”.

Respecto a los plazos de causas como la de Santos Cerdán, ha rehusado “hacer una especulación” sobre la duración de procedimientos específicos. Ha recordado que “la justicia, y es una obviedad decirlo, tiene que ser pronta, tiene que ser ágil, por razones obvias. Se suele decir que la justicia lenta deja de serlo y es verdad de alguna manera”.

En este punto, ha señalado que “estamos trabajando” en “tratar de conseguir que estos plazos se reduzcan”. Ha reconocido, no obstante, que “no es fácil, porque para ello se requiere un número adecuado de jueces, pero luego en estas causas tan complejas las dificultades son enormes”.

Indultos, reducciones de condena y víctimas

Sobre los indultos y las reducciones de penas, Fernández ha indicado que el modo en que se ejecutan las condenas de terroristas tiene también un “impacto en las víctimas”, un elemento que “tiene que ser tenido en cuenta por las autoridades penitenciarias”.

En este contexto, ha destacado que “ha llamado la atención general la aplicación del ya famoso 100.2 del reglamento penitenciario que permite la inmediata puesta en libertad”. Ha recordado que “ha ocurrido que el juez central de vigilancia penitenciaria de la Audiencia Nacional ha revocado en dos supuestos estos permisos, lo cual ha supuesto la vuelta a prisión de los dos etarras que habían sido beneficiados por esta medida”.

Según ha explicado, el juez “incorpora en la resolución una serie de consideraciones” en las que “llama la atención sobre estos aspectos: sobre la necesidad de valorar este impacto, si ha habido un arrepentimiento, una manifestación clara de abandono de la violencia, si se ha colaborado en el esclarecimiento de otras causas o se han reparado responsabilidades civiles”. Ha subrayado que “y esto exige una motivación reforzada a la hora de tomar estas decisiones que, sin duda producen, un impacto no sólo en las víctimas sino en el conjunto de la sociedad”.