El procesado por un crimen sin cadáver en Barcelona en 2020 rechaza los hechos y proclama: No he hecho nada

El acusado de un crimen sin cadáver en Sant Andreu de la Barca niega el homicidio mientras Fiscalía y acusación piden 15 años de prisión.

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Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) David Zorrakino - Europa Press

Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) David Zorrakino - Europa Press

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El hombre acusado de matar a un conocido en Sant Andreu de la Barca (Barcelona) el 11 de mayo de 2020 —un caso en el que el cuerpo de la víctima sigue sin aparecer— negó este miércoles haber cometido el homicidio por el que la Fiscalía y la acusación particular piden 15 años de cárcel: “No he hecho nada de lo que me acusan”.

Durante la vista oral con jurado popular en la Audiencia de Barcelona, el procesado se negó a contestar a las preguntas del Ministerio Fiscal y de la acusación particular, reprochándoles que pretendan atribuirle un delito que, según su versión, no ha cometido.

El acusado admitió que la mañana del 11 de mayo la víctima acudió a la nave que tenía arrendada en Sant Andreu, entre las 11.00 y las 12.00 horas, porque sospechaba que le había robado una plantación de marihuana: “Primero llega un poquito caliente, como le digo yo, con la tontería del robo que hubo en su momento”.

Relató que, tras señalarle que el responsable del robo habría sido alguien vinculado a una empresa a la que habían alquilado una máquina o bien alguien del entorno de amistades de la propia víctima, ésta acabó dándole la razón.

También reconoció que hablaron de una deuda, aunque sostuvo que era la víctima quien le debía dinero a él: “Llegué a recriminarle que no estaba bien, o no veía bien, que mantuviera una relación paralela fuera de su matrimonio, gastándose el dinero en esa relación, en hoteles y cosas, cuando en su casa faltaba para comer y tenía que estar pidiendo dinero tanto a su familia, como a sus amigos como a mí”.

Según su testimonio, la víctima abandonó la nave sobre el mediodía diciendo que se dirigía a Gavà (Barcelona) porque había quedado con otras personas, mientras que él continuó trabajando allí hasta aproximadamente las 13.30 horas.

El procesado aseguró que, más tarde, pasó por Terrassa (Barcelona) para negociar el alquiler de otra nave para unos albaneses que, según le dijeron, la querían para “guardar paquetes de droga”, que regresó a Sant Andreu en torno a las 15.00 horas, comió en un bar cercano, mantuvo una reunión y, hacia las 17.30 horas, se marchó a su domicilio.

La fiscal subrayó en la sala las contradicciones de su relato, recordando que durante la fase de instrucción explicó que el motivo de la visita de la víctima aquella mañana fue “recoger los focos de la plantación”, extremo que ahora dijo no recordar por el tiempo transcurrido.

El teléfono móvil y los mensajes borrados

En relación con el borrado de conversaciones de Whatsapp, el acusado afirmó que todo lo que tuviera que ver con marihuana, en cuanto entraba en su teléfono, “se lee y se borra”, y defendió que, si los investigadores hubieran revisado todos sus movimientos, comprobarían que era una práctica habitual en su día a día.

Sobre la hipótesis de que dejara su propio móvil en la nave de Sant Andreu para desplazarse a Gavà con el de la víctima —donde supuestamente habría hecho desaparecer ese teléfono, que tampoco ha sido hallado— sostuvo que, si en ese intervalo no atendió llamadas, fue porque cuando maneja la carretilla elevadora deja el aparato en la oficina para evitar que se rompa, aunque aseguró que no estaría a más de 50 metros de su teléfono personal.

Preguntado por las armas intervenidas en los registros, explicó que se trataba de piezas de colección, de caza y de tiro olímpico —disciplina de la que se declaró aficionado—, que estaban guardadas en un trastero con vigilancia 24 horas, que no las utilizaba desde el otoño de 2019 y que contaba con licencia “de todas y cada una de ellas”.

Respecto al paradero de su furgoneta —que, según los Mossos d’Esquadra, estuvo desaparecida desde la tarde del 11 de mayo hasta el día siguiente—, indicó que se la había intercambiado con otra persona que la necesitaba, algo que, dijo, ya había hecho en otras ocasiones.

Por último, sobre las razones por las que no participó en el dispositivo de búsqueda de la víctima, a quien describió como alguien con quien mantenía una relación de “amistad-laboral”, afirmó que no se sumó porque nadie le llamó y porque el entorno del desaparecido le profirió amenazas.

La versión de la Fiscalía y la acusación particular

La Fiscalía y la acusación particular sostienen que la víctima acudió aquel día a la nave de Sant Andreu tras descubrir que había sido su socio —el ahora acusado— quien, simulando un robo, se apropió de la marihuana que ambos cultivaban, con un valor estimado por algunos testigos de entre 70.000 y 80.000 euros.

Las acusaciones mantienen que el procesado acabó con la vida de la víctima, sin que hasta la fecha haya sido posible determinar el modo exacto, ya que no se ha localizado ni el cadáver, ni el vehículo, ni el teléfono móvil del desaparecido.

Según su tesis, después de los hechos, sobre las 12.24 horas, el acusado habría abandonado Sant Andreu a bordo de su furgoneta, dejando su propio móvil en la nave industrial y llevándose consigo el de la víctima, que habría dejado en Gavà y cuyo apagado se produjo al día siguiente por agotamiento de la batería.