La subinspectora del Cuerpo Nacional de Policía destinada en la Embajada de España en la India, que presentó una denuncia por acoso contra el comisario y consejero de Interior en Nueva Delhi, Emilio de la Calle, ha solicitado a la Audiencia Nacional que dicte auto de procesamiento contra quien fuera su mando directo en ese destino.
En un escrito al que ha tenido acceso Europa Press, la acusación particular, representada por los letrados Álvaro Bernad, Verónica Suárez, Napoleón Cánovas y Juan Antonio Frago, del despacho Frago & Suárez Abogados, insta al juez Francisco de Jorge a dar por finalizada la fase de instrucción al considerar que las diligencias realizadas hasta la fecha “corroboran la totalidad de los hechos delictivos narrados en la querella”.
Esta petición se formula después de que, en junio, la Sala de lo Penal acordara imponer a De la Calle una orden de alejamiento respecto de la subinspectora. Además, el investigado tiene prohibido mantener cualquier tipo de comunicación con ella, ya sea de forma directa o a través de intermediarios.
La querella que originó la causa sostiene que los hechos investigados podrían constituir delitos de acoso (stalking), acoso laboral (mobbing), delito continuado de lesiones, amenazas, agresión sexual, delito contra la intimidad y acoso sexual.
El escrito precisa que ambos, De la Calle y la presunta víctima, comenzaron a compartir despacho el 30 de julio de 2024 en las dependencias de la Embajada española en Nueva Delhi: “Estaban solos dentro de la oficina; allí no había más personal, ni ayudantes, ni secretarios”.
“NUMEROSAS CONDUCTAS DELICTIVAS”
Según la acusación, desde la incorporación de la subinspectora a ese puesto de apoyo, el comisario “prevaliéndose de ese ambiente íntimo que le generaba una sensación de impunidad y de su posición jerárquica (...) realizó conscientemente numerosas conductas delictivas” sobre ella.
La representación legal de la agente, ejercida por los letrados Álvaro Bernad, Verónica Suárez, Napoleón Cánovas y Juan Antonio Frago del despacho Frago & Suárez Abogados, expone que el mando policial “ejerció consciente y deliberadamente un control sistemático sobre la vida privada” de la subinspectora, llegando a frecuentar la calle donde residía, supervisar sus hábitos diarios y su esfera íntima, y provocando su aislamiento social al fiscalizar “con quién podía verse” y vetar el contacto con distintas personas a las que, sin fundamento, calificaba de “peligrosas”.
Ese control sobre su día a día hizo, según la querella, que apenas se relacionara con otros trabajadores de la Embajada. En una reunión discreta con otro empleado de Seguridad, la subinspectora llegó a confesar que al observar edificios altos tenía ideaciones suicidas.
El escrito añade que el comisario también habría mantenido una vigilancia constante a través de terceras personas, como la empleada de la limpieza que ambos compartían. Esta trabajadora habría reconocido a la víctima que el comisario le preguntaba de forma reiterada por su vida y por lo que hacía. En un momento dado, siempre según la querella, el mando policial llegó a manifestarle que “sabía que tenía un 'Satisfyer' (un juguete sexual femenino) y le instó a usarlo”.
EL 'MOBBING': EL MÓVIL LAS 24 HORAS
En el plano estrictamente laboral, la acusación sostiene que De la Calle sometió a la subinspectora a actos “denigrantes y hostigadores”, entre ellos llamadas y mensajes constantes “fuera del horario laboral y sin ninguna relación con el trabajo”.
“Imponía estar pendiente del teléfono móvil las 24 horas del día de los siete días de la semana, incluso fuera del horario estrictamente laboral, y en el caso de que no respondiera de inmediato a estas llamadas, le reprendía de forma desproporcionada”, se detalla en la querella, que añade que incluso le ordenó llevar siempre el terminal encima: “Que cagues con el teléfono”.
El relato acusa al comisario de proferir insultos y descalificaciones con “una frecuencia altísima”, burlándose de ella imitando voces, llamándola “cutre”, “jeta”, “mentirosa” y llegando a amenazarla con darle “una hostia”.
La querella recoge literalmente uno de esos episodios: “Te dejo, o sea, como un trozo de carne. Te reviento. O sea, no quiero. Te he cuidado, pero no me vuelvas a tocar más los cojones. Porque no creo que seas imbécil. Y a veces me da la impresión de que lo eres. Porque si haces estas cosas después de las veces que te lo digo, es que eres retrasada mental. Si no, no lo entiendo. O sea, si yo te lo digo y tú sigues haciéndolo, sufres un retraso mental”.
Junto a estas amenazas verbales, el documento describe agresiones físicas, como collejas, y un incidente en una recepción en la Embajada de Hungría en el que, siempre según la denuncia, el comisario la agarró con fuerza del brazo, la empujó y la arrastró ante los presentes hasta un lugar apartado para reprenderla, una actuación que habría indignado incluso al cónsul húngaro Zsolt M. Wittmann.
La querella añade que, en otras ocasiones, el comisario sumó advertencias de que arruinaría su trayectoria profesional, “advirtiéndole de que tenía el poder para hacerlo”, lo que, a juicio de la acusación, suponía “un claro exceso para amedrentar” a la subinspectora.