La defensa del acusado por el crimen de Maialen alega un colapso mental y que no era consciente de que estaba matando a su esposa

La defensa de J.R. pide exención total al alegar colapso mental y amnesia en el crimen de Maialen, y propone internamiento psiquiátrico en lugar de prisión.

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La Audiencia de Álava ha acogido este miércoles la octava jornada del juicio por el crimen de Maialen IÑAKI BERASALUCE-EUROPA PRESS

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La representación legal del presunto asesino de Maialen Mazón ha solicitado la exención total de responsabilidad penal para su cliente, al sostener que en el momento de los hechos sufrió un “colapso” y un “borrón amnésico”, de modo que “no sabía que estaba matando” a su mujer cuando la apuñaló el 27 de mayo de 2023 en Vitoria-Gasteiz.

El juicio por la muerte de Maialen quedó visto para sentencia este miércoles. En esta última sesión, el acusado, que hasta ahora se había negado a declarar, tomó la palabra para pedir “perdón” a su hija, que tenía dos años y se encontraba en la vivienda cuando se produjo el crimen.

En su informe final, el letrado del acusado calificó de “tremendamente injustas” las críticas de las acusaciones contra la agente de la Ertzaintza que dirigió la investigación, a la que se reprochó haber hablado de la “dificultad” de proteger a la víctima, dado que seguía manteniendo contacto con su marido pese a tener vigente una orden de alejamiento.

El abogado de J.R. recordó además que una tía de Maialen la describió en la vista como “una manipuladora y una lista”, que “se aprovechaba de los hombres, les sacaba lo que podía y luego los dejaba”. A partir de ese testimonio, defendió que, frente a lo que sostienen las acusaciones, su cliente no era “controlador” ni tenía “sometida” a su esposa, y que fue J.R. quien experimentó “un antes y un después” en su conducta desde que inició la relación con la víctima.

La defensa incidió en que J.R. presenta “una vulnerabilidad neuropsíquica” asociada a un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), que —según argumentó— “propició” su posterior adicción a las drogas y al alcohol. Señaló que llegó a pasar por cinco centros de desintoxicación, y que en uno de ellos conoció a Maialen. Ambos, añadió, arrastraban problemas de consumo y, en cierto momento, comenzaron a “robar” a los padres del acusado como única fuente de ingresos.

Según el relato de la defensa, J.R. “amaba a Maialen y era capaz de todo; de robar a sus padres y de seguir hacia adelante, porque Maialen no habría estado con él si no hubiera tenido dinero”. A ello sumó que el acusado había protagonizado dos intentos de suicidio meses antes del crimen y que, tras uno de ellos, fue diagnosticado de un “episodio psicótico” con “pérdida de contacto con la realidad”, cuadro que la defensa equipara a lo que, a su juicio, desencadenó la agresión mortal.

El letrado negó que J.R. fuera “dominador o celoso”, y recordó un mensaje en el que él mismo reconocía a su esposa su “dependencia de los hombres” y le pedía que no se “preocupara” por ello. “Ese es el diablo que nos han presentado”, afirmó, en alusión a la imagen del acusado dibujada por las acusaciones. Sostuvo, por el contrario, que era Maialen quien ejercía “chantaje emocional”, con frases como “si no haces esto, atente a las consecuencias”, lo que habría llevado a J.R. a vivir bajo la amenaza constante de ser detenido por quebrantar la orden de alejamiento que, según la defensa, la propia víctima le “invitaba” a incumplir.

El abogado, que aseguró sentirse profundamente marcado por el caso y llegó a afirmar que ha “rezado a San Prudencio [el patrón de Vitoria] y a Maialen”, negó también que el acusado presionara a su esposa para abortar las mellizas que esperaba, y sostuvo que era ella quien deseaba interrumpir la gestación.

Sobre el “día crítico”, como definió la jornada en la que se produjo la agresión, la defensa subrayó que tanto la víctima —en cuyo análisis se detectó una tasa elevada de alcohol y leves restos de ansiolítico— como el acusado —al que no se le practicaron pruebas toxicológicas— se encontraban bajo los efectos del alcohol.

El letrado reprochó igualmente a las acusaciones que hayan “criminalizado” la conducta previa de su cliente, al “reinterpretar” los mensajes en los que instaba a Maialen a verse con él. A su entender, mediante esos textos J.R. “estaba haciendo lo que ha hecho siempre: quererla y comprenderla”. “No es control ni sumisión; es el cariño de una persona que luego colapsó”, añadió.

Asimismo, rechazó que las 13 puñaladas que presentaba el cuerpo de la víctima acrediten ensañamiento, ya que, según su versión, solo una herida fue mortal y el resto serían lesiones “superficiales” que describió como heridas “de defensa”. También cuestionó que fuera J.R. quien empuñó el cuchillo “en primer lugar”. “Aquí hay un salto; es una hipótesis, no una prueba”, argumentó, planteando incluso que la herida mortal pudiera haberse producido por la combinación de “un movimiento de la víctima” y “un golpe”.

En relación con lo sucedido después del crimen, sostuvo que los actos del acusado reflejan “caos y desorganización”, y no una fuga planificada. “No huye, permanece en Vitoria; sigue andando dezcalzo tras quitarse las zapatillas [en la calle]”, afirmó. También negó que la hija de ambos estuviera en el carro presenciando la agresión, recordando que la niña, de dos años, fue hallada en una cuna en un dormitorio separado, sin rastros de sangre que indiquen que fue trasladada allí tras los hechos.

El abogado restó credibilidad a los informes forenses y psiquiátricos aportados por las acusaciones, que descartan que el procesado tenga una patología mental y sostienen que, si sufrió un trastorno de estrés agudo que lo desconectara de la realidad, este se habría producido después del apuñalamiento y no antes, ya que una simple discusión con su pareja no bastaría para desencadenar un trauma de tal magnitud.

La defensa replicó que esos especialistas no tuvieron acceso a “toda la información necesaria” para valorar el estado del acusado en el momento de los hechos, y mantuvo que J.R. tenía sus capacidades para comprender la realidad “anuladas”. “Entró en descontrol y colapsó”, señaló, aunque reconoció que “nadie sabe” qué desencadenó exactamente ese estado. “Hizo un borrón amnésico y, a partir de ahí, no sabía que estaba matando a Maialen”, insistió.

El letrado explicó que, al pedir la eximente completa de responsabilidad criminal, no pretende que su cliente “quede libre”, sino que se le impongan “medidas de control en internamiento psiquiátrico”. “Es lo peor que puede tener un preso”, apuntó.

El acusado, que el martes anterior se negó a contestar a las partes alegando que no se encontraba “bien”, intervino finalmente para disculparse. “Lo único que puedo decir es que pido perdón, sobre todo a mi hija, a la que alguna vez espero poder decírselo en persona. Lo siento mucho”, concluyó.