Un alumno de Manyanet Sant Andreu acusa al padre Calvet de tocamientos y amenazas

Juzgan al sacerdote Joaquim Calvet por presuntos abusos a un alumno de 8 años con discapacidad en el colegio Manyanet Sant Andreu de Barcelona.

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Un alumno del Manyanet Sant Andreu afirma que el padre Calvet le hizo tocamientos y lo amenazó EUROPA PRESS

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El sacerdote de la parroquia del colegio Manyanet Sant Andreu, Joaquim Calvet, ya condenado en 2023 por tenencia de pornografía infantil, se ha sentado este jueves en el banquillo de la Audiencia de Barcelona acusado de haber abusado sexualmente de un alumno de 8 años con discapacidad del propio centro escolar, una condición que, según se ha explicado, resultaba evidente con una simple interacción con el menor.

La Fiscalía reclama para el religioso una pena de 6 años de cárcel por un delito de abuso sexual agravado a un menor de 16 años, por unos hechos que se habrían producido en una fecha no concretada entre 2016 y 2018, cuando el niño cursaba primaria, además del pago de 15.000 euros en concepto de daños morales.

Según el relato de la acusación, el día de los hechos el niño estaba en la clase de educación física cuando, presuntamente, el cura le pidió que le acompañara a un despacho y, una vez allí y a solas, le realizó tocamientos por encima de la ropa y le lanzó una amenaza: si contaba lo sucedido, la próxima vez se lo haría “sin ropa”.

El padre del menor ha explicado ante el tribunal que su hijo no reveló lo ocurrido hasta 7 años después, cuando le entregó un escrito en el que contaba que siempre le había gustado la gimnasia, pero que un día sucedió algo que le hizo dejar de disfrutarla, y que lloraba como “no había visto nunca”. Al preguntarle, el chico le confirmó que Calvet le había hecho tocamientos.

Cuando le preguntó por qué había tardado tanto en contarlo, el menor respondió que la amenaza del sacerdote le generó “mucho miedo” y que incluso, al explicarlo tantos años después, seguía temiendo las posibles consecuencias: que pudiera repetirse, cruzarse por la calle con otros capellanes de la congregación o causar dolor a su familia.

El progenitor lo ha descrito como un niño inocente, dispuesto a ceder para sentirse aceptado por el grupo, con dificultades para percibir la maldad en los demás y para identificar sus propias emociones, como la tristeza.

Calvet rechaza las acusaciones

El acusado ha detallado que estuvo destinado en la parroquia de Manyanet Sant Andreu en dos etapas, entre 2005 y 2011 y entre 2017 y 2021, y ha insistido en que entre 2014 y 2017 —periodo en el que la víctima sitúa los hechos— se encontraba en Blanes.

El sacerdote ha asegurado no conocer al menor y ha afirmado que, en todo caso, la relación habría sido “mínima”, limitada a verlo por los pasillos. Ha negado haber realizado tocamientos de carácter sexual, un acto que ha calificado de “atrocidad”, y ha alegado en su defensa que, cuando se le encontró pornografía infantil en el ordenador, entonces sí lo reconoció.

Un relato considerado “compatible” con abuso sexual

La psicóloga que trató al menor entre 2018 y 2021 ha señalado que las personas con su trastorno muestran una fuerte necesidad de agradar y de cumplir lo que se les pide para evitar conflictos, lo que las hace especialmente vulnerables ante figuras de autoridad, y ha remarcado que la mentira no es un rasgo propio de ese trastorno.

Las profesionales que llevaron a cabo el peritaje psicológico han concluido que el joven distingue adecuadamente entre realidad y fantasía, que su visión de la realidad no aparece distorsionada, que no se mostró sugestionable y que no se detectaron motivos espurios para una acusación falsa, por lo que su narración es “compatible” con un episodio de abuso sexual infantil.

En su informe, las peritos recogen un episodio sucedido el día en que el chico acudió a la Ciutat de la Justícia y se cruzó con el acusado, un encuentro que “aumentó todavía más la ansiedad y la inhibición” y que, según apuntan, pudo llevarle a omitir parte de lo ocurrido, sin que ello invalide su testimonio.

Asimismo, han destacado que el joven presenta una ansiedad intensa ante estímulos que asocia al trauma, como la visión de capellanes, y una notable incapacidad para abordar directamente el suceso, lo que describen como una “clara sintomatología evitativa directamente relacionada con el trauma”.

Por su parte, las peritos propuestas por la defensa, autoras de un contrainforme, han cuestionado la metodología utilizada por las primeras especialistas, que consideran “insuficiente” para extraer conclusiones tan firmes, y han sostenido que no pueden descartarse factores de influencia como el tiempo transcurrido o el posible acceso del menor a noticias sobre la condena previa por posesión de pornografía infantil.

El papel de la pornografía infantil en la causa

En su informe final, la representante del Ministerio Fiscal ha defendido que la tenencia de pornografía infantil debe valorarse como un indicio de criminalidad relevante en este procedimiento.

La fiscal ha recordado también que, según varios testigos, el sacerdote tenía acceso al menor, conocía su situación, probablemente disponía de llaves maestras de las puertas del colegio y que “en esa época tenía pornografía infantil en el ordenador”.