Un futbolista juvenil del Varea —que coincidió en los entrenamientos con G.S.L., procesado por supuestos abusos sexuales y para quien la Fiscalía reclama 47 años de cárcel— ha relatado este martes ante el tribunal que, en los chats que mantenía con el exentrenador a través de WhatsApp, éste “siempre las desviaba hacia asuntos sexuales. Se ponía muy pesado”.
Según ha explicado, “Me mandaba mensajes con contenido sexual” ante los que, ha dicho, “yo actuaba con indiferencia”. Este testigo compartió vestuario con el acusado en la temporada 19-20, aunque, tal y como ha precisado, “los mensajes llegaron años después”.
Ha admitido que, pasado un tiempo, sí que “me mandaba mensajes con este tipo de contenidos”, además de realizarle videollamadas, “y yo siempre le cambiaba de conversación”.
En su testimonio ha incidido también en que el exentrenador le pidió —como al resto de jóvenes implicados en la causa— “que borrara los mensajes” e incluso “me aseguraba que iba a trabajar con él de ojeador para el Osasuna”.
Este miércoles continúa en la Audiencia Provincial la segunda jornada del juicio contra el exentrenador del Varea, G.S.L., acusado de haber cometido presuntamente delitos contra la libertad sexual de ocho menores en el ámbito deportivo.
En concreto, se le juzga por 3 presuntos delitos continuados de abuso sexual a menores de 16 años; 3 presuntos delitos de abuso sexual a menores de 16 años; 3 presuntos delitos de acoso sexual a menores de 16 años; 2 presuntos delitos de revelación de secretos; 2 presuntos delitos de pornografía infantil y 1 presunto delito de tenencia de material pornográfico.
El Ministerio Fiscal, en su escrito provisional, reclama para él 47 años de prisión, multas que suman 14.600 euros y 49.000 euros de indemnización por daños morales a los menores como responsabilidad civil, cantidad de la que responderá de forma subsidiaria el Club Atlético Osasuna, para el que el acusado trabajaba como oteador.
“No me parecía normal tanto secretismo”
En la vista de este miércoles ha comparecido también un amigo de la víctima principal del exentrenador, un chico de 15 años en el momento de los hechos, que ha manifestado ante el juez que su amigo le envió ‘pantallazos’ de los mensajes de WhatsApp que el acusado le remitía.
Tal y como ha relatado, su amigo se los envió “para que los guardara yo porque -el acusado- le decía que los borrara”. “Me mandó los mensajes porque “eran secretos. A mí no me parecía normal tanto secretismo. Era muy extraño”.
Este testigo ha señalado que, cuando se conocieron los hechos, la madre de la víctima le pidió que le remitiera esos mensajes y, tras revisar su contenido, decidió acudir a la Policía para denunciar, lo que llevó posteriormente a la detención del acusado.
Otro amigo de esta misma víctima ha confirmado la declaración del jugador que testificó ayer, al rememorar el episodio del masaje en una vivienda de Gran Vía —a la que el menor acudió por la insistencia del acusado—, indicando que su amigo le comentó, días después, que “no se sintió cómodo y que no encontraba forma de irse de esa casa”.
En su intervención, por videoconferencia, ha añadido que su amigo le contó que, al abandonar la vivienda, se encontró con que sus pertenencias personales estaban “en otro lugar de donde las dejó”.
Los hechos que se juzgan
De acuerdo con el escrito de acusación del Ministerio Fiscal, los hechos se habrían producido entre 2020 y 2022, periodo en el que el acusado ejercía como entrenador de fútbol. Aprovechando su posición de autoridad, el contacto directo con jugadores menores y la confianza que generaba tanto en ellos como en sus familias, habría desplegado una conducta continuada de carácter sexual hacia distintos chicos.
La acusación sostiene que el procesado mantuvo con varios jugadores conversaciones reiteradas de contenido sexual, principalmente a través de WhatsApp, en las que realizaba proposiciones de índole sexual, pedía imágenes íntimas y exigía expresamente que esas comunicaciones se mantuvieran en secreto.
En algunos supuestos, los hechos incluyeron encuentros a solas, organizados bajo falsas promesas relacionadas con mejoras deportivas o posibles fichajes, durante los cuales se habrían producido tocamientos de carácter sexual. Además, la investigación halló en dispositivos electrónicos del acusado una cantidad relevante de material de contenido sexual protagonizado por menores.
El Ministerio Fiscal considera que estas conductas afectaron, al menos, a ocho menores y constituyen delitos contra la libertad sexual, apreciando la agravante de abuso de confianza.
Junto a las penas de prisión, las multas y la responsabilidad civil, la Fiscalía pide también libertad vigilada, órdenes de alejamiento respecto a las víctimas y la inhabilitación para desempeñar cualquier actividad profesional que suponga contacto con menores.
El juicio, previsto para dos días de duración, se celebra con medidas específicas de protección a las víctimas, con el fin de salvaguardar su intimidad y asegurar que puedan declarar en un entorno de seguridad y tranquilidad.