Había quien seguía señalando a Francia como la gran favorita por la calidad de Mbappé, Dembélé, Olise o Barcola. España respondió sobre el césped.
La semifinal de Dallas no dejó únicamente un finalista. También reforzó una sensación que venía creciendo desde el inicio del campeonato: la selección de Luis de la Fuente es, probablemente, el equipo que mejor fútbol ha practicado durante todo el Mundial.
No fue una victoria fruto del acierto puntual ni de un golpe de fortuna. España controló el encuentro de principio a fin, dominó la posesión, redujo al mínimo las ocasiones francesas y apenas permitió que uno de los ataques más temibles del torneo inquietara a Unai Simón.
Francia nunca encontró la manera de hacer daño
La mejor prueba del dominio español está en los números del partido.
Francia, que había llegado a semifinales como una de las selecciones más goleadoras del Mundial, fue incapaz de generar peligro durante buena parte del encuentro. Mbappé apenas encontró espacios, Dembélé desapareció y Olise nunca logró conectar con los delanteros.
España cerró todas las líneas de pase, ganó la batalla del centro del campo y convirtió cada recuperación en una nueva posesión larga que desesperó a los franceses.
Los "olés" que comenzaron a escucharse en la recta final resumieron mejor que cualquier estadística lo que sucedía sobre el césped.
Rodri volvió a gobernar el partido
Si hubo un futbolista que simbolizó el control español fue Rodri.
El centrocampista volvió a marcar el ritmo del encuentro, ofreciendo siempre una línea de pase y dando equilibrio al equipo tanto con balón como sin él.
Junto a él, Fabián Ruiz firmó otra actuación de enorme despliegue físico, mientras Dani Olmo apareció constantemente entre líneas para romper la organización defensiva francesa.
Fue precisamente una combinación iniciada por Olmo la que terminó desembocando en el segundo gol, culminado por Pedro Porro.
Lamine Yamal apareció cuando más lo necesitaba España
Durante las primeras semanas del Mundial se habló mucho del estado físico de Lamine Yamal.
Las molestias musculares que arrastraba habían limitado su protagonismo, pero ante Francia dejó una actuación que recordó por qué está considerado uno de los futbolistas más desequilibrantes del mundo.
Provocó el penalti que transformó Mikel Oyarzabal para abrir el marcador, desbordó constantemente por la banda derecha y obligó a la defensa francesa a vivir pendiente de cada una de sus arrancadas.
Su mejor versión llega precisamente cuando España más la necesita.
Una selección construida desde el colectivo
Más allá de las individualidades, el gran mérito de España vuelve a ser el bloque.
Luis de la Fuente ha conseguido que todas las piezas funcionen con naturalidad. El equipo presiona junto, recupera rápido, mantiene la posesión y apenas concede ocasiones.
La semifinal confirmó esa identidad. Francia intentó acelerar el partido, pero terminó jugando al ritmo que imponía España.
A un paso de la segunda estrella
El triunfo frente a Francia coloca ahora a España ante la oportunidad de conquistar el segundo Mundial de su historia.
Sea Argentina o Inglaterra el rival en la final, la sensación que deja el torneo es clara: la selección española llega al último partido como el equipo que mejor ha competido, el que menos dudas ha generado y el que ha mostrado una propuesta futbolística más completa.
Queda un último obstáculo. Noventa minutos para convertir un gran Mundial en una página inolvidable de la historia del fútbol español.