La polémica ha estallado en pleno Mundial. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reconocido públicamente que llamó al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para pedir que se revisara la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun, que finalmente pudo disputar el encuentro de octavos de final frente a Bélgica.
"Lo único que hice fue pedir una revisión, porque no me pareció que fuera falta. No hay infracción puesto que son dos chicos yendo a la carrera que colisionan. Además, las normas de las sanciones con las tarjetas rojas no son justas", declaró Trump ante los periodistas en el Despacho Oval.
Las palabras del presidente estadounidense llegan después de que la FIFA decidiera dejar sin efecto la suspensión automática derivada de la expulsión, una medida que ha generado una fuerte controversia por la posible influencia política en una decisión que, en teoría, corresponde exclusivamente a los órganos disciplinarios del organismo.
Bélgica estudia acciones y denuncia un trato desigual
La decisión no ha sentado bien en Bélgica. La federación belga ha expresado su malestar por el cambio de criterio de la FIFA y estudia las posibles vías de actuación al considerar que la selección estadounidense habría recibido un trato de favor.
El caso también ha provocado críticas en distintos ámbitos del fútbol europeo, donde varios dirigentes consideran que la actuación de la FIFA puede haber comprometido la igualdad de trato entre las selecciones participantes. Por ejemplo, en un duro comunicado, la UEFA ha asegurado: "Cuando quienes velan por el cumplimiento de las reglas ya no lo garantizan, la integridad del juego se ve comprometida y la credibilidad de la competición se ve socavada. Asimismo, esta decisión sienta un precedente en el torneo en curso, donde situaciones similares requerirán ahora un trato igualitario, en detrimento de la competición".
UEFA statement on the Balogun case: ⬇️https://t.co/9LQDx8waKe
— UEFA (@UEFA) July 6, 2026
¿Puede hablarse de abuso de poder?
Desde el punto de vista jurídico, la respuesta no es sencilla. El hecho de que un presidente llame al máximo responsable de una organización deportiva privada no constituye por sí mismo un abuso de poder. Para que pudiera sostenerse esa calificación sería necesario demostrar que Donald Trump utilizó las facultades inherentes a su cargo para forzar o condicionar ilícitamente una decisión deportiva.
Lo que sí plantea el episodio es un debate sobre una posible injerencia política en una competición que, conforme a los principios de la FIFA, debe desarrollarse con absoluta independencia de los gobiernos. La cuestión clave no es tanto la llamada en sí, sino si esa conversación influyó realmente en la decisión adoptada por el comité disciplinario que terminó permitiendo jugar a Balogun.
La FIFA en el punto de mira
Si se acreditara que la decisión fue consecuencia de la presión ejercida por un jefe de Estado y no de una valoración estrictamente jurídica o deportiva, el principal foco de responsabilidad recaería sobre la propia FIFA.
La organización, con sede en Zúrich y constituida conforme al derecho suizo, basa buena parte de su legitimidad en la independencia de sus órganos disciplinarios y en la igualdad de trato entre todas las federaciones nacionales.
Una actuación condicionada por presiones externas supondría un importante golpe para la credibilidad del organismo y abriría la puerta a recursos deportivos y a posibles investigaciones internas.
¿Qué dice el Código Ético de la FIFA?
El Código Ético de la FIFA no contempla expresamente el supuesto de una llamada de un jefe de Estado para influir en una decisión disciplinaria, pero sí establece varios principios que podrían verse comprometidos si se demostrara una injerencia política.
Entre ellos figura el deber de proteger la integridad y la reputación del fútbol, así como la obligación de que los miembros de los órganos judiciales actúen con plena independencia e imparcialidad, sin aceptar presiones o instrucciones externas.
Asimismo, el Código sanciona el abuso de posición, los conflictos de interés y cualquier conducta que pueda comprometer la credibilidad de las competiciones organizadas por la FIFA.
Las sanciones previstas no recaen sobre la institución en su conjunto, sino sobre las personas sometidas al Código Ético —dirigentes, miembros de comités, árbitros o responsables federativos— y pueden ir desde apercibimientos y multas hasta suspensiones temporales o inhabilitaciones para ejercer cargos relacionados con el fútbol.
Un fuerte daño reputacional
Más allá de las posibles consecuencias jurídicas, el mayor riesgo al que la FIFA se enfrenta en estos momentos es el reputacional. La organización ha defendido históricamente su autonomía frente a gobiernos y poderes políticos. En este sentido, la credibilidad de árbitros, comités disciplinarios y órganos de apelación depende precisamente de que sus resoluciones sean percibidas como independientes de cualquier presión, y este capítulo ha suscitado muchas dudas.
¿Podrían expulsar a Estados Unidos del Mundial?
Es, a día de hoy, un escenario extraordinariamente improbable. Los Estatutos de la FIFA contemplan sanciones para las federaciones nacionales cuando existen injerencias gubernamentales en su funcionamiento interno, pero no prevén la expulsión automática de una selección porque el jefe de Estado de su país intente influir en una decisión disciplinaria.
Para adoptar una medida de semejante gravedad sería necesario acreditar que la Federación de Fútbol de Estados Unidos (U.S. Soccer) participó o promovió la actuación, algo de lo que no existe constancia.
En el supuesto de que se demostrara una vulneración de la independencia de los órganos disciplinarios, el escenario más probable pasaría por la revisión de la decisión adoptada, la apertura de una investigación interna y, en su caso, la exigencia de responsabilidades a los dirigentes implicados.
Por el momento, la controversia ha abierto un debate sin precedentes sobre los límites de la influencia política en el fútbol internacional y sobre la capacidad de la FIFA para preservar la independencia de la mayor competición deportiva del planeta.