Unas 200 personas marchan ante OpenAI, Anthropic y Google para exigir una pausa en la carrera de la IA

Unas 200 personas recorrieron este sábado las calles de San Francisco desde la sede de OpenAI hasta las oficinas de Anthropic y Google DeepMind para reclamar a los grandes laboratorios una pausa coordinada en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial cada vez más potentes

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Unas 200 personas han marchado por San Francisco para pedir a OpenAI, Anthropic y Google DeepMind que detengan de forma coordinada la carrera por desarrollar modelos de inteligencia artificial cada vez más potentes.

La movilización comenzó este sábado frente a la sede de OpenAI en Mission Bay, continuó hasta las oficinas de Anthropic y terminó junto a las instalaciones de Google DeepMind, cerca de Rincon Park. Los manifestantes avanzaron con pancartas contra la aceleración de la IA, una banda de música y mensajes que reclamaban más regulación y controles sobre los grandes laboratorios tecnológicos.  

La protesta se celebró entre las 12.00 y las 15.00 horas en San Francisco. En la España peninsular comenzó a las 21.00 del sábado y la marcha principal concluyó alrededor de la medianoche, aunque el programa incluía después un encuentro en Rincon Park.  

De OpenAI a Anthropic y Google DeepMind

La marcha arrancó en el número 1455 de Third Street, donde OpenAI tiene sus oficinas en San Francisco.

Después de los primeros discursos y cánticos, los manifestantes caminaron hasta la sede de Anthropic, situada en el 500 de Howard Street. La última parada fue Google DeepMind, en el entorno del 345 de Spear Street.  

Durante el recorrido cruzaron el puente de Fourth Street, pasaron junto a anuncios de Gemini y desplegaron grandes pancartas con mensajes como “Stop the AI Race”, “Pause AI” y “AI is not inevitable”. Una banda de metales acompañó parte de la marcha, que terminó con bebidas y un encuentro informal junto a la bahía.  

Los organizadores habían planteado la convocatoria como una manifestación pacífica, abierta también a trabajadores de las propias compañías tecnológicas y a familias preocupadas por el desarrollo de la IA.  

Qué reclaman exactamente los manifestantes

La principal demanda no consiste en prohibir inmediatamente toda la inteligencia artificial.

El movimiento Stop the AI Race pide que los responsables de los grandes laboratorios asuman públicamente un compromiso condicional: detener el desarrollo de modelos más potentes si las demás compañías relevantes del mundo aceptan hacer lo mismo y existe una manera creíble de comprobarlo.  

La pregunta que los convocantes dirigen a Sam Altman, responsable de OpenAI; Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic; y Demis Hassabis, máximo responsable de Google DeepMind, es si estarían dispuestos a paralizar la próxima generación de modelos en caso de que sus competidores adoptaran una pausa equivalente.

El acuerdo tendría que incluir también a los principales desarrolladores chinos. Los organizadores admiten que una congelación limitada únicamente a empresas estadounidenses o europeas sería poco efectiva si los demás países continuaran entrenando sistemas cada vez más avanzados.  

No piden que desaparezcan ChatGPT, Claude o Gemini

La propuesta no supondría retirar los sistemas que ya están disponibles.

ChatGPT, Claude, Gemini y el resto de los modelos actuales podrían continuar utilizándose. También seguiría permitido desarrollar aplicaciones concretas en ámbitos como la medicina, la investigación, la empresa o la educación.

La pausa afectaría, según los convocantes, a los nuevos entrenamientos destinados a crear modelos de frontera más grandes, más generales y con capacidades superiores a las actuales.

Los equipos dedicados a aumentar esas capacidades deberían trasladar temporalmente sus esfuerzos hacia aplicaciones limitadas, sistemas de control, interpretabilidad y alineamiento de la IA con los intereses humanos.  

Qué es un modelo de inteligencia artificial de frontera

El concepto de “IA de frontera” se utiliza para identificar los sistemas situados en el nivel más avanzado de capacidad y potencia disponible en cada momento.

No se refiere a un programa destinado únicamente a traducir textos, analizar radiografías o calcular rutas. Se trata de modelos generales capaces de razonar, escribir código, utilizar herramientas, procesar imágenes y ejecutar tareas cada vez más complejas.

OpenAI, Anthropic y Google DeepMind se encuentran entre las empresas que encabezan esta competición. Cada nuevo lanzamiento busca superar a los modelos rivales en razonamiento, programación, autonomía y capacidad para realizar trabajos que hasta hace poco necesitaban intervención humana.

La dificultad está en establecer el punto exacto a partir del cual un modelo debe considerarse de frontera. Los organizadores reconocen que habría que fijar límites verificables relacionados con la potencia informática utilizada en los entrenamientos y con las capacidades obtenidas.  

Empleo, vivienda, medioambiente y riesgos extremos

Los participantes no compartían necesariamente una única preocupación.

Algunos relacionaron la expansión de las compañías de IA en San Francisco con el encarecimiento de la vivienda, la presión sobre los alquileres y el poder económico creciente de los ejecutivos tecnológicos.

Otros alertaron sobre la desaparición o transformación de empleos, el consumo energético de los centros de datos, la utilización de agua y el impacto ambiental asociado al entrenamiento y funcionamiento de los modelos.  

El núcleo más centrado en la seguridad de la IA advirtió de riesgos de mayor alcance: ciberataques automatizados, desarrollo de armas, manipulación social, pérdida de control sobre sistemas autónomos y la posibilidad de que una inteligencia superior a la humana adopte comportamientos que sus propios creadores no sepan anticipar.

Esas consecuencias son hipótesis discutidas y no hechos inevitables. Los manifestantes sostienen, sin embargo, que la gravedad potencial justifica aplicar medidas preventivas antes de que los sistemas alcancen capacidades irreversibles.

Investigadores y trabajadores de la propia industria participaron en la marcha

La convocatoria no estuvo formada únicamente por activistas contrarios a la tecnología.

Entre los asistentes había estudiantes, investigadores especializados en seguridad de la IA, trabajadores del sector, residentes veteranos de San Francisco y familias con niños.  

Aleesa Carbo, estudiante de la Universidad Johns Hopkins e investigadora de inteligencia artificial, explicó al San Francisco Chronicle que no rechaza la tecnología en sí misma, pero considera irresponsable la velocidad con la que las compañías compiten por mejorar sus modelos.

También participó Duncan Haldane, responsable de una empresa que utiliza inteligencia artificial para diseñar placas de circuitos. Acudió acompañado de sus hijos pese a reconocer que su compañía se beneficia de la tecnología, porque considera necesario que los grandes laboratorios reconozcan públicamente los riesgos.  

La presencia de perfiles vinculados directamente a la industria refuerza una de las ideas de la convocatoria: no todos los participantes pretenden eliminar la IA, sino modificar los incentivos que obligan a cada compañía a correr por miedo a quedarse atrás.

Quién está detrás de Stop the AI Race

La protesta fue organizada por Stop the AI Race, un movimiento encabezado por Michaël Trazzi, antiguo investigador de inteligencia artificial convertido en activista.

Trazzi protagonizó en 2025 una huelga de hambre de 18 días frente a las oficinas de Google DeepMind en Londres para reclamar una congelación coordinada del desarrollo de sistemas avanzados.  

El grupo ya organizó en marzo otra marcha por San Francisco que pasó frente a las sedes de Anthropic, OpenAI y xAI. La nueva convocatoria sustituyó la parada ante la empresa de Elon Musk por Google DeepMind y volvió a centrar su demanda en un compromiso conjunto de los principales directivos.

QuitGPT, una plataforma crítica con OpenAI y con algunos usos comerciales y militares de la IA, también figuró entre las organizaciones anfitrionas del acto.  

“El problema es que ninguna compañía puede parar sola”

El argumento central de Trazzi es que los grandes laboratorios reconocen algunos de los riesgos, pero se consideran incapaces de frenar mientras sus competidores continúen avanzando.

Una empresa que detuviera unilateralmente sus investigaciones podría perder talento, inversión y cuota de mercado frente a OpenAI, Anthropic, Google, Meta, xAI o los desarrolladores chinos.

Stop the AI Race pretende romper ese círculo mediante una declaración simultánea y verificable. Cada compañía aceptaría parar únicamente cuando las demás también quedaran obligadas a hacerlo.

La propuesta se asemeja más a un acuerdo internacional de control tecnológico que a una decisión voluntaria de una sola empresa. La elección de San Francisco tiene un significado evidente.

La ciudad concentra las sedes, oficinas, inversores y trabajadores de algunas de las empresas más importantes de la actual revolución tecnológica. OpenAI y Anthropic han ampliado de manera acelerada su presencia, mientras Google DeepMind mantiene equipos clave en la zona.

La manifestación recorrió así pocos kilómetros entre tres de los centros desde los que se está decidiendo la velocidad del desarrollo mundial de la IA.

La protesta contra la carrera de la IA empieza a crecer

Las movilizaciones contra el desarrollo acelerado de inteligencia artificial todavía son pequeñas en comparación con las grandes protestas políticas o sindicales estadounidenses.

Sin embargo, la convocatoria de este sábado reunió a unas 200 personas y consiguió atraer a perfiles muy diferentes, desde activistas veteranos hasta jóvenes investigadores y empleados tecnológicos.