Ampliación | EEUU y Arabia Saudí sellan un histórico pacto para la cooperación nuclear civil

EEUU y Arabia Saudí pactan cooperación nuclear civil mientras expertos alertan de un giro en la política de no proliferación y de un precedente arriesgado.

5 minutos

El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright Europa Press/Contacto/Graeme Sloan - Pool via CNP
Añadir DEMÓCRATA en Google

Publicado

5 minutos

Estados Unidos ha comunicado este miércoles la firma de un trascendental pacto de cooperación nuclear con fines pacíficos con Arabia Saudí, un entendimiento que podría abrir la puerta a que Riad lleve a cabo el enriquecimiento de uranio destinado a su programa atómico de carácter civil.

“Estos acuerdos reflejan el compromiso compartido de nuestras dos naciones para fortalecer las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Arabia Saudí, proporcionando prosperidad en casa y seguridad a nuestros aliados en el extranjero”, ha señalado el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, en un comunicado.

El texto rubricado por Wright y el ministro de Energía saudí, Abdulaziz bin Salmán, facilitará que las compañías estadounidenses participen en el desarrollo del programa de energía nuclear de Arabia Saudí, lo que “beneficiará a la industria, a los trabajadores y a las cadenas de suministro de Estados Unidos, al tiempo que ayudará a satisfacer las necesidades energéticas saudíes”.

De acuerdo con el Departamento de Energía de Estados Unidos, el acuerdo —que deberá someterse ahora al escrutinio del Congreso— “sienta las bases legales para una asociación multimillonaria que durará décadas y que promoverá varios objetivos económicos y estratégicos prioritarios, incluida la no proliferación nuclear”.

En la práctica, el marco permitirá ampliar las ventas de tecnología nuclear estadounidense; impulsar la creación de puestos de trabajo de alta cualificación en Estados Unidos y un crecimiento económico sostenido; reforzar la posición de Washington en materia energética y de seguridad nacional, además de consolidar las normas internacionales de no proliferación y profundizar la alianza estratégica entre ambos socios.

El Ministerio de Energía saudí ha confirmado igualmente la firma del pacto, que “tiene como objetivo fortalecer la cooperación entre ambos países en el uso pacífico de la energía nuclear y facilitar el intercambio de conocimientos, experiencia y tecnologías”, según ha indicado en su propio comunicado.

En este sentido, el documento recalca que ambos gobiernos persiguen “consolidar la cooperación bilateral de conformidad con los más altos estándares internacionales de seguridad nuclear, protección nuclear y no proliferación”.

Expertos en no proliferación avisan de un precedente arriesgado

Aunque los comunicados oficiales no mencionan de forma explícita la autorización para que Arabia Saudí enriquezca uranio, informaciones difundidas horas antes por ‘The Wall Street Journal’ apuntaban en esa dirección, al igual que un informe de tres páginas remitido por la Casa Blanca al Congreso a comienzos de este año y citado por la agencia Bloomberg. En dicho texto, Washington defendía la posibilidad de compartir con Riad tecnología nuclear sensible, incluida una eventual colaboración en el enriquecimiento de uranio y el reprocesamiento de plutonio.

Este escenario supondría un cambio relevante en la política tradicional de Estados Unidos en materia de no proliferación, bajo cuyo paraguas el enriquecimiento y el reprocesamiento de combustible nuclear usado habían quedado expresamente vetados en acuerdos bilaterales similares suscritos con otros países, como Japón.

La difusión pública del pacto ha generado ya críticas de la oposición y ha encendido las alarmas entre numerosos especialistas en control de armamento.

Por parte de la oposición al Gobierno de Trump, el representante demócrata Gregory Meeks, del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, se ha mostrado “profundamente preocupado” por el acuerdo, alegando que, según la información del mismo que ha trascendido hasta el momento, “erosionaría significativamente los estándares de no proliferación vigentes”.

“Todo acuerdo debe incluir límites apropiados al enriquecimiento y reprocesamiento, así como el Protocolo Adicional del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA)”, ha subrayado.

Por otro lado, el exsubsecretario de Estado de para Seguridad Internacional y No Proliferación, Thomas Countryman, quien dirigió las negociaciones de 123 acuerdos anteriores, ha advertido en un comunicado de la ONG Foreign Policy for America que “esta política revierte 50 años de liderazgo estadounidense en la arquitectura global de no proliferación y aumenta el riesgo de que otros países recurran al enriquecimiento y reprocesamiento como parte del desarrollo de una capacidad latente para fabricar armas nucleares”.

En el mismo documento, la exembajadora Laura Kennedy, exrepresentante de Estados Unidos ante la Conferencia de Desarme y el OIEA, se ha mostrado “firmemente contraria” al pacto nuclear anunciado, que ha considerado “contrario a los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos” y que, ha asegurado, “sentaría un precedente peligroso en toda esta región volátil, incluyendo los esfuerzos para impedir que Irán adquiera armas nucleares”.

A su vez, la embajadora Bonnie Jenkins, exsubsecretaria de Estado para el Control de Armas y la Seguridad Internacional bajo la administración de Joe Biden, ha señalado que mientras la Casa Blanca “insiste una y otra vez en que 'no podemos permitir que Irán desarrolle un arma nuclear' (...), estamos aceptando un acuerdo nuclear con Arabia Saudí”. “No está claro que exista una estrategia para la región ni un camino a seguir para la no proliferación nuclear, a pesar de nuestra persistente justificación para la guerra con Irán: impedir que desarrollen un arma nuclear”, ha acusado.

Por su parte, la directora de No Proliferación de la ONG Arms Control Now (Control de Armas Ahora), Kelsey Davenport, ha argumentado en redes que, aunque “el secretario de Energía afirme que el acuerdo de cooperación nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudí mantiene 'los más altos estándares de seguridad nuclear y no proliferación', no es así”.

Citando la información de ‘The Wall Street Journal’, Davenport alega que “este acuerdo abandona estándares clave de no proliferación y sienta un precedente nefasto”. “Estados Unidos ha apoyado durante mucho tiempo los esfuerzos para universalizar el Protocolo Adicional (PA), un acuerdo de salvaguardias del OIEA más intrusivo que se negoció después de que quedara claro que los acuerdos de salvaguardias integrales eran insuficientes para proteger contra la proliferación”, ha explicado, citando como ejemplos de ello a “Irak y Corea del Norte en la década de 1990”.

Este protocolo, expone, “otorga al OIEA mayor acceso a sitios e información (nucleares), así como más herramientas para investigar pruebas de actividades no declaradas y desvío de uranio”.

“Si bien el Protocolo Adicional no es obligatorio para los miembros del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), se reconoce como una buena práctica: existen más de 140 Protocolos Adicionales”, ha anotado antes de destacar que, “además, existe un apoyo bipartidista de larga data para exigir que los Estados cuenten con PAs como parte de los acuerdos de cooperación nuclear de Estados Unidos”.

En su lugar, “Estados Unidos está sustituyendo esta herramienta por un acuerdo bilateral de salvaguardias, que aparentemente se aplicará solo a sitios específicos”, ha advertido la experta nuclear, que alerta de que, “aunque incluya algunos buenos mecanismos, existe el riesgo de que entre en conflicto con el OIEA y siente un precedente nefasto”.

“Negociar acuerdos personalizados con cada Estado socava el régimen de salvaguardias del OIEA. También existe el riesgo de que otros Estados proveedores, como Rusia, negocien acuerdos bilaterales similares, en lugar de permitir que el Organismo cumpla con su función”, ha planteado.

Ante esta coyuntura, Davenport ha argumentado que “el Congreso debe hacer preguntas difíciles a la Administración Trump” y, “si el acuerdo es inadecuado, (...) debería votar en contra”.