Bélgica reprende al embajador de EEUU y le marca los límites de su cargo tras sus críticas de antisemitismo

Bélgica amonesta al embajador de EEUU por sus acusaciones de antisemitismo y le recuerda los límites diplomáticos y el respeto a su soberanía.

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El ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, en el marco de una reunión de titulares de Exteriores en Bruselas. SIERAKOWSKI FREDERIC / EUROPEAN COUNCIL

El ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, en el marco de una reunión de titulares de Exteriores en Bruselas. SIERAKOWSKI FREDERIC / EUROPEAN COUNCIL

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El Gobierno de Bélgica ha llamado al orden este martes al embajador de Estados Unidos en el país, Bill White, recordándole formalmente cuáles son “el papel y los límites” de sus funciones, después de que el representante de la Casa Blanca denunciara el “acoso antisemita” contra la comunidad judía de Amberes a raíz del proceso judicial por varias circuncisiones practicadas de forma ilegal por personal sin titulación médica.

White –que ha mantenido sus acusaciones pese a la primera y dura reacción del ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, quien el lunes calificó de “ofensivas e inaceptables” las palabras del diplomático estadounidense y le citó con carácter urgente– ha sido recibido este martes por la presidenta del comité de dirección del Ministerio, Theodora Gentzis, ya que el ministro se encuentra de viaje en Nueva Zelanda.

Durante la reunión, la alta funcionaria belga recordó a White que la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas fija el “papel y límites de las funciones de un embajador” destinado en un país tercero y le advirtió de que los “ataques personales con miembros del Gobierno belga y cualquier otra ingerencia en los asuntos internos de Bélgica constituyen una violación de esas reglas fundamentales”.

Gentzis incidió además en la importancia esencial del principio de “separación de poderes” en las democracias y remarcó que, aunque para Bélgica es prioritario mantener una relación constructiva con Estados Unidos y el Gobierno se declara “abierto al diálogo”, ese intercambio debe basarse en el “respeto” a las instituciones y a la soberanía nacional.

“Toda sugerencia respecto a que Bélgica sería antisemita es totalmente falsa, ofensiva e inaceptable”, reiteró en un comunicado el Ministerio de Exteriores, recuperando las palabras que Prévot difundió la víspera tras los primeros ataques del embajador nombrado por Donald Trump.

En el mismo texto, Bélgica afirma que condena “sistemáticamente y sin equívoco” cualquier manifestación de antisemitismo y racismo, tanto en su territorio como fuera de él, y subraya que se trata de una batalla que debe afrontarse sumando esfuerzos “más que sembrando la división”, al tiempo que recalca que las acusaciones “infundadas” no contribuyen a este objetivo.

El choque diplomático se origina en las críticas de White al ministro de Sanidad, el liberal flamenco Frank Vandenbroucke, y al procesamiento en Amberes de varios ‘mohel’, la figura religiosa judía encargada de la circuncisión de los recién nacidos, por haber realizado estas prácticas sin la formación médica requerida por la normativa belga.

Para el alto representante estadounidense, el caso responde al “acoso inaceptable” a la comunidad judía y demuestra, a su juicio, la necesidad de garantizar el pleno ejercicio de la libertad religiosa de los judíos en Bélgica. En ese contexto, arremete contra Vandenbroucke, al que tilda de “rudo” y acusa de no intervenir para frenar el procedimiento judicial porque “no le gusta Estados Unidos”.

Tras el duro ataque de White, el ministro de Exteriores anunció el lunes la convocatoria inmediata del embajador, dejando claro que consideraba “inaceptables” sus manifestaciones y advirtiendo de que describir a Bélgica como “antisemita no sólo es erróneo, sino que es una peligrosa desinformación que socava la verdadera lucha contra el odio”.

“Un embajador acreditado en Bélgica tiene la responsabilidad de respetar nuestras instituciones, nuestros representantes electos y la independencia de nuestros sistemas judiciales. Los ataques personales contra un ministro belga y toda injerencia en los asuntos jurídicos constituyen una violación de las normas diplomáticas fundamentales”, reprochó entonces Prévot.

El jefe de la diplomacia belga quiso subrayar igualmente que “el respeto de la soberanía funciona en las dos direcciones” y defendió que Bélgica se mantiene “abierta al diálogo” con todos sus socios, pero advirtió de que “toda injerencia” en sus instituciones democráticas o las acusaciones sin base “cruzan una línea que no debe ser cruzada”.

“Cualquier insinuación de que Bélgica es antisemita es falsa, insultante e inaceptable. Bélgica condena el antisemitismo con la mayor firmeza. La lucha contra el antisemitismo y contra todas las formas de odio y discriminación es una prioridad absoluta para nuestro país”, insistió el ministro.

Prévot añadió, además, que “todas las personas deben poder practicar su fe sin temor a la violencia, la discriminación ni la persecución”, algo que definió como un “pilar fundamental” e “innegociable” del Estado de derecho.

En este marco, recordó que la normativa belga autoriza la circuncisión ritual siempre que la lleve a cabo un “médico cualificado bajo estrictas normas de salud y seguridad”, tal y como establece la legislación nacional.