La Oficina Nacional de Impuestos y Aduanas (NAV) de Hungría ha decidido archivar por ausencia de indicios la investigación por blanqueo de capitales abierta contra siete empleados del banco ucraniano Oschadbank. Estos trabajadores fueron retenidos el pasado mes de marzo cuando atravesaban territorio húngaro tras salir de la sede del Raiffeisen Bank Austria, en Viena, donde habían retirado 40 millones de dólares (unos 35 millones de euros) y nueve kilos de oro.
Según ha confirmado la propia NAV, todos esos fondos y metales preciosos —que fueron entregados a Ucrania justo antes de la toma de posesión del nuevo primer ministro húngaro, Péter Magyar— se extrajeron en el marco de una operación bancaria formalizada entre ambas entidades, que aportaron la documentación necesaria para acreditar la legalidad del origen de los activos.
El representante legal de Oschadbank, Lóránt Horváth, ha subrayado en un escueto mensaje publicado en sus redes sociales que las pesquisas no han encontrado ninguna prueba de actividad delictiva. “¡No hubo blanqueo de dinero!”, ha celebrado.
La detención temporal de estos empleados y la incautación inicial del dinero y el oro añadieron tensión a la ya complicada relación entre Ucrania y Hungría, marcada por sus discrepancias en torno a la invasión rusa iniciada en febrero de 2022.
El episodio tuvo lugar en un contexto en el que Ucrania mantenía bloqueado el tránsito de crudo ruso por el oleoducto Druzhba, el principal canal de suministro de petróleo para Hungría y Eslovaquia, alegando la necesidad de reparar daños en la infraestructura provocados por ataques rusos.
El gobierno encabezado entonces por Viktor Orbán supeditó la devolución de los bienes a que Kiev levantara ese bloqueo, tal y como admitieron varios altos cargos. Finalmente, la intervención de la Unión Europea y, en especial, la victoria de Magyar en las elecciones legislativas permitieron desbloquear la situación.