Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha decidido posponer hasta el miércoles 15 de julio el acto institucional de derribo de la Verja de Gibraltar en La Línea de la Concepción (Cádiz), en el que tenía previsto participar este lunes 13. El cambio de agenda se debe a que ese día se desplazará a Almería para visitar la zona afectada por el incendio de Los Gallardos, que ha provocado hasta ahora 12 fallecidos, según han indicado a Europa Press fuentes del Ejecutivo.
La histórica Verja que separa Gibraltar de España ha simbolizado durante más de cien años la división entre la colonia británica y el Campo de Gibraltar, llegando a funcionar como cierre total en la etapa franquista. A partir del 15 de julio pasará a ser parte del pasado gracias al acuerdo alcanzado entre Reino Unido y la Unión Europea para encauzar la relación del Peñón con el bloque comunitario tras el 'Brexit'.
Para escenificar el fin de esta frontera física, Sánchez tenía previsto viajar este lunes a La Línea junto al ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, y participar en un “acto de demolición” de la Verja, en palabras de Moncloa, que no ha querido adelantar más detalles ni confirmar si habrá representación británica o gibraltareña.
Tras el cambio de fecha motivado por el incendio de Almería, el evento en La Línea se celebrará finalmente un día después de la firma en Bruselas del acuerdo cerrado el pasado mes de diciembre, que permitirá su aplicación provisional desde la medianoche del 15 de julio. El documento será rubricado por el comisario Maros Sefcovic, que ha liderado la negociación en nombre de la UE, y por el secretario de Estado para Europa del Reino Unido, Stephen Doughty, y contará también con la asistencia de Albares y del ministro principal gibraltareño, Fabian Picardo.
La Verja fue levantada en 1909 por decisión del Gobierno británico en el istmo que enlaza el Peñón con el resto de la península, una franja que desde el Tratado de Utrecht de 1713, por el que España cedió Gibraltar a Reino Unido, se había considerado zona neutral. Su momento de mayor notoriedad llegó en 1969.
El 8 de junio de ese año, Franco ordenó clausurar por completo el paso, utilizado a diario por trabajadores españoles que cruzaban al Peñón y por gibraltareños que acudían a España a comprar o visitar a sus familias, suspendiendo también las comunicaciones telefónicas y marítimas.
Aunque el dictador falleció en noviembre de 1975, la medida no comenzó a revertirse hasta la llegada de Felipe González a la Moncloa en 1982. En su primer Consejo de Ministros, el 15 de diciembre de ese año, se autorizó de nuevo el paso de peatones, mientras que el tráfico de vehículos no se restableció hasta febrero de 1985.
Aquel largo cierre sigue muy presente tanto entre los gibraltareños como entre los vecinos de La Línea. Muchas familias quedaron separadas y, para poder reencontrarse, se veían obligadas a tomar un ferry a Tánger (Marruecos) y después otro a Algeciras, para luego hacer el trayecto inverso, ante la imposibilidad de recorrer los escasos metros que separan el Peñón de La Línea.
Loren Periáñez, presidente de la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa de La Línea y portavoz del Grupo Transfronterizo que integra a empresarios y sindicatos de ambos lados, rememora cómo acudía de niño con su madre a la Verja para ver a su tía y a sus primos, residentes en el lado gibraltareño. “Como si fuera el Muro de Berlín”, explicaba en un reciente encuentro con periodistas.
En el caso de Alfred Bassadone, miembro de la Cámara de Comercio de Gibraltar y también integrante del Grupo Transfronterizo, uno de sus familiares “se echó al agua y nadó hasta España a ver a su padre porque se moría” y le disparó la Guardia Civil. “Todavía hay heridas abiertas por esto”, reconoce.
Aunque nunca volvió a producirse un cierre total como el de la época franquista, en 2014 se vivió un nuevo episodio de tensión cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Margallo, ordenó reforzar los controles fronterizos, generando colas kilométricas. La medida afectó a los cerca de 15.000 trabajadores transfronterizos, que llegaban tarde a sus empleos o ni siquiera lograban cruzar, y desanimó a quienes se desplazaban en ambos sentidos para compras o turismo.
El temor persistente entre los habitantes del Campo de Gibraltar que cruzan a diario al Peñón para trabajar, y también entre los propios gibraltareños, a un eventual cierre de la Verja o a nuevas restricciones que limiten o ralenticen el paso quedará disipado con el nuevo Tratado.
EFECTOS DEL FIN DE LA VERJA
A partir del 15 de julio, quienes crucen por vía terrestre entre España y Gibraltar, en un sentido u otro, dejarán de mostrar sus pasaportes primero a la Policía Nacional y luego a los agentes gibraltareños.
Los controles se trasladarán al aeropuerto, donde la Policía Nacional verificará que los pasajeros que lleguen en avión a Gibraltar pueden acceder al espacio Schengen sin fronteras, una vez realizado un primer control por parte de las autoridades del Peñón.
Para evitar que también haya presencia de agentes españoles en el puerto, la otra gran puerta de entrada externa a Gibraltar, las autoridades gibraltareñas han suprimido las líneas de ferri que conectaban la colonia británica con Marruecos. Solo en el caso de que arriben embarcaciones privadas, sus ocupantes serán desembarcados y llevados al aeropuerto para someterse al control pertinente.
La desaparición de la Verja ha generado cierta inquietud entre los 'llanitos', como se conoce popularmente a los gibraltareños, ante un posible repunte de la inseguridad, recelo que Picardo ha intentado neutralizar con el despliegue de más efectivos y la instalación de cámaras de videovigilancia y sistemas de reconocimiento facial.
Además, el Gobierno de Gibraltar insiste en que en realidad no se eliminará toda la valla que separa físicamente la colonia de España, sino que “el único tramo sin valla fronteriza será la zona de aproximadamente 150 metros por donde los peatones siempre han cruzado”.
“El único punto por el que se podrá pasar será aquel por el que siempre se ha pasado, y ese tramo contará con una presencia masiva de policía, de cámaras y de vehículos para garantizar que no entre en Gibraltar nadie que no deba hacerlo”, recalcó hace unos días el ministro principal durante una visita a la zona.
En este contexto, el Ejecutivo gibraltareño ha detallado que se está retirando la antigua valla de tela metálica y alambre de espino para sustituirla por una nueva barrera de alta seguridad situada unos metros más atrás e igualmente “antiescalada”, similar a la que se utiliza en los perímetros de instalaciones militares del Reino Unido.