Seis años después, el mundo se asoma a una nueva crisis global. En 2020 fue la pandemia de Covid-19, después la invasión rusa de Ucrania, y ahora la guerra en Irán, desencadenada tras el ataque de Estados Unidos e Israel.
La respuesta iraní alcanza ya a varios países de Oriente Medio e incluso Europa. Y se hace sentir en los precios del petróleo y del gas. También en el transporte mundial al suspenderse las operaciones en una de sus principales vías, el estrecho de Ormuz, y el tránsito de pasajeros.
La crisis, en caso de alargarse la guerra, está servida, y las consecuencias pueden agudizarse para España de cumplirse las represalias anunciadas por el presidente estadounidense, Dondald Trump, por no colaborar con la operación militar.
Ante la posibilidad de tener que afrontar una nueva crisis, el presidente Pedro Sánchez afirmó que España está preparada y “cuenta con los recursos necesarios” gracias al buen rumbo de su economía y “a la responsabilidad de su política fiscal”.
¿Cómo llega la economía española?
La economía española presenta un índice de crecimiento envidiable en comparación con otros países de su entorno. El propio Trump llegó a destacarlo en su crítica por la resistencia de Sánchez a elevar el gasto en Defensa. Pero una crisis impactaría, a la baja, en sus buenos números.
España cerró el pasado año con un nuevo récord de 22,46 millones personas ocupadas y una caída del desempleo de 118.000 personas. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), al acabar 2025 la tasa de paro cayó por debajo del 10% por primera vez desde 2008, hasta un 9,9%.
El PIB español creció el pasado año un 2,8%, superando todas las previsiones, incluida la del Gobierno. Pese a darse por hecho una desaceleración, antes de la guerra había consenso en que la economía española siguiera avanzando por encima del 2%. Ahora, todas las mesas de análisis trabajan en reconducir sus previsiones por el nuevo escenario.
Funcas ya se apresuró a apuntar el pasado viernes que la guerra se comería dos décimas del crecimiento esperado en el PIB y empujaría la inflación por encima del 3% durante los próximos meses, tras haberla reconducido al 2,7%.
Y, aun así, las perspectivas de la economía española suponen un punto de partida más favorable que la de vecinos con previsiones menos boyantes. Antes de la guerra, la OCDE anticipaba alzas del 1% en el PIB de Alemania y Francia, y lo limitaba al 0,6% en el caso de Italia. Para España la previsión era del 2,2%.
¿Cómo es de grande ese colchón fiscal?
Respecto al margen fiscal, España presenta en estos momentos una deuda pública del 100,8% del PIB, según el último dato disponible a cierre de 2025.
Como si de un círculo se tratarse y que volviera al mismo punto de partida, esta cifra es prácticamente la misma a la registrada justo antes de iniciar la pandemia de Covid-19. La deuda se elevaba entonces al 101,3% del PIB, medio punto más que ahora.
A partir de ahí, la decisión de afrontar la crisis con un ‘shock’ expansivo y extraordinario disparó este indicador hasta alcanzar el 124% del PIB en 2021. Todo ese aumento es consecuencia de la contracción del PIB pero también de una inyección de recursos sin precedentes en un período de tiempo tan corto.
Según contabiliza el Gobierno, la respuesta económica a la crisis provocada por la pandemia movilizó 117.000 millones de euros, y las medidas para afrontar la crisis inflacionaria y energética otros 45.000 millones.
De momento, a la espera
Ahora la respuesta aún está por determinarse y dependerá, subrayan en todo momento desde el Gobierno, de cuánto se alargue la guerra y cómo se trasladen sus consecuencias al día a día de la economía española.
Muchas de las medidas ya están preparadas. La vicepresidenta de Trabajo, Yolanda Díaz, afirmó la semana pasada que las medidas de protección en las empresas, centradas en evitar despidos a través de medios alternativos como los ERTE, ya están listos para ser activados cuando sea necesario.
En la anterior crisis energética, el Gobierno impulsó ayudas para facilitar descuentos a sectores profesionales y hogares en su factura energética, así como una potente batería de rebajas de impuestos. Es de esperar que, si la guerra se agudiza, el Ejecutivo vuelva a recurrir a estos mecanismos, ya que la crisis impactará desde el principio por esa vía.
Cláusula de escape
Sin embargo, el alcance de la respuesta también está condicionada a otro elemento clave. España pudo aplicar una política expansiva durante las pasadas crisis gracias a la cobertura que le proporcionó la suspensión de las reglas fiscales a nivel comunitario.
La Comisión Europea activó la cláusula de salvaguarda y los Estados miembros pudieron dedicar recursos sin estar sujetos al rigor presupuestario que establece el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC).
Estas reglas fueron precisamente objeto de reforma tras la pandemia para introducir una mayor flexibilidad, cambios que ya se están aplicando. El año pasado varios países, entre ellos Alemania, se acogieron a la cláusula de salvaguarda para poder aumentar su gasto militar.
Una posición poco habitual para uno de los países defensores de la austeridad y que más trabas ha puesto históricamente para sortear la ortodoxia presupuestaria. Y que está por ver si acepta de nuevo una respuesta expansiva a la crisis.
En el caso de España, Bruselas permitió sacar el impacto presupuestario de las ayudas frente a la catástrofe de la DANA en Valencia, en octubre de 2024, del cálculo del déficit estructural.
Es de esperar que, si la crisis acaba aterrizando, la Comisión Europea vuelva a permitir fórmulas similares o la activación de la cláusula. De ello dependerá, en gran medida, qué tipo de respuesta se da la crisis y, por tanto, qué salida se busca.