Un trabajo internacional en el que ha colaborado el Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) ha localizado 80 regiones del genoma relacionadas con la probabilidad de padecer endometriosis, de las que 37 se describen por primera vez, lo que supone un “avance significativo” en el conocimiento de la base genética de esta patología.
El estudio, difundido en la revista 'Nature Genetics', ha examinado datos genéticos de casi 1,4 millones de mujeres, con más de 100.000 diagnosticadas de endometriosis, lo que lo convierte en “el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre esta enfermedad”, según detalla el IR Sant Pau en un comunicado emitido este jueves.
Además de las asociaciones estadísticas típicas de los estudios de genoma completo, el equipo científico combinó la información genética con distintas capas de datos funcionales para aclarar cómo estas variantes condicionan la actividad de genes y proteínas, así como diversos mecanismos epigenéticos.
Múltiples procesos biológicos implicados
Las conclusiones muestran que la endometriosis no se debe a un único mecanismo, sino a la acción conjunta de “múltiples procesos biológicos” que intervienen al mismo tiempo y favorecen tanto la aparición como la progresión de la enfermedad.
Entre estos procesos destacan la inflamación, la desregulación de la respuesta inmune, el remodelado de los tejidos, la proliferación y diferenciación celular y la formación de nuevos vasos sanguíneos, factores que contribuyen a explicar “la diversidad de manifestaciones clínicas observadas entre las pacientes”.
El trabajo también corrobora que la predisposición genética por sí sola no basta para desencadenar la enfermedad y plantea que la interacción entre genética, entorno y mecanismos epigenéticos “no es determinista”.
En determinados casos, los síntomas y las comorbilidades pueden ejercer “un papel más determinante que la propia genética” a la hora de reconocer la enfermedad.
Retos en el diagnóstico y nueva clasificación
En la práctica asistencial, la clasificación vigente se apoya sobre todo en criterios quirúrgicos o en la localización de las lesiones, un enfoque “limitado”, ya que no justifica bien las diferencias en la sintomatología, la evolución clínica o la respuesta a las terapias.
La ausencia de herramientas diagnósticas más afinadas contribuye también a que la detección de la endometriosis se demore con frecuencia entre 7 y 10 años, incluso en mujeres “con síntomas evidenteS”.
La investigadora del IR Sant Pau y autora principal del trabajo, Dora Koller, aboga por avanzar hacia una clasificación “más basada en la biología, similar a lo que ha ocurrido en el cáncer”, ámbito en el que actualmente se distinguen subtipos con comportamientos clínicos y abordajes terapéuticos diferenciados.
Hacia tratamientos personalizados y nuevos fármacos
El estudio señala que la combinación de información genética, clínica y molecular podría permitir un abordaje “más personalizado”, en el que las terapias se ajusten a las características concretas de cada paciente.
Igualmente, el trabajo detecta posibles nuevas dianas mediante la reutilización de medicamentos ya disponibles, lo que “permite acelerar la aplicación de nuevos tratamientos para la endometriosis” aprovechando fármacos con perfiles de seguridad previamente establecidos.