Las terapias avanzadas para enfermedades raras marcan un antes y un después, pero exigen ser abordadas con cautela

Las terapias génicas y celulares revolucionan las enfermedades raras, pero su alto coste y la evidencia limitada exigen rigor, cautela y acceso equitativo.

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El presidente de la Sociedad Española de Farmacología Clínica (SEFC), Pedro Zapater, ha subrayado que las terapias génicas y celulares representan un “cambio de paradigma” en el abordaje de las enfermedades raras, aunque ha advertido de que deben introducirse “con prudencia” por las barreras ligadas a su elevado coste, la limitada experiencia sobre su seguridad y los dilemas éticos que plantean.

Estas terapias actúan sobre el origen genético de la patología, ya sea sustituyendo un gen alterado mediante vectores virales, modificando células del propio paciente o corrigiendo mutaciones concretas. En muchos casos no logran una curación completa, pero sí consiguen frenar la progresión de la enfermedad y mejorar tanto la supervivencia como la calidad de vida de los afectados.

En este escenario surge la cuestión de cómo armonizar la urgencia terapéutica de los pacientes con la necesidad de disponer de pruebas sólidas sobre la eficacia y la seguridad de estos tratamientos. En este debate, la farmacología clínica desempeña un papel clave para que la innovación avance con el máximo rigor.

Esta especialidad “proporciona herramientas científicas para evaluar la relación beneficio-riesgo incluso cuando los datos disponibles son necesariamente limitados debido al reducido número de pacientes”, ha indicado Zapater, jefe de sección de Farmacología Clínica en el Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante.

Según ha apuntado, la farmacología clínica complementa la labor de las agencias reguladoras, que han puesto en marcha programas específicos para facilitar el acceso temprano a terapias innovadoras en pacientes sin alternativas, manteniendo al mismo tiempo el estándar científico. Organismos como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) contemplan la aprobación condicional de fármacos a partir de resultados preliminares alentadores, con la obligación posterior de completar la información.

Con este enfoque se camina hacia un modelo que combina rapidez en el acceso con una generación gradual de evidencia, de forma que la innovación terapéutica llegue a los pacientes con las mayores garantías posibles de seguridad y eficacia.

Retos en acceso equitativo y diagnóstico temprano

Zapater ha señalado que uno de los desafíos más inmediatos en el campo de las enfermedades raras es asegurar un acceso equitativo a estas terapias avanzadas y, al mismo tiempo, preservar la sostenibilidad del sistema sanitario. Para ello, ha defendido la incorporación de análisis farmacoeconómicos sólidos y la exploración de nuevos esquemas de financiación.

Otro aspecto pendiente es la mejora del diagnóstico precoz, en el que los programas de cribado neonatal resultan fundamentales. “La implementación de nuevos diagnósticos en el cribado neonatal deberá hacerse no sólo porque se disponga de la herramienta diagnóstica sino porque existan terapias que se han demostrado eficaces para modificar la evolución de la enfermedad”, ha recalcado.

La comunidad científica se marca como meta, en un horizonte de cinco a 10 años, desarrollar tratamientos que requieran una única administración. En esta línea, se están investigando vectores virales capaces de sustituir de forma permanente genes defectuosos, técnicas de edición genética como CRISPR para corregir mutaciones directamente en el ADN del paciente y fármacos dirigidos al ARN que bloquean la síntesis de proteínas patológicas o restauran funciones celulares alteradas.

Para que estos avances se traduzcan en beneficios reales para los pacientes, Zapater ha advertido de que es necesario superar múltiples obstáculos, entre ellos la presión presupuestaria que estas terapias ejercen sobre los sistemas públicos de salud, el desconocimiento clínico, las diferencias entre territorios y las dificultades propias del diseño de ensayos clínicos, además de los plazos para su evaluación, autorización y financiación.

“Afrontar estos desafíos exigirá reforzar la cooperación internacional y consolidar redes de investigación colaborativa que integren a investigadores, autoridades sanitarias, industria farmacéutica, profesionales y pacientes en un esfuerzo común”, ha concluido.