La profesora del Departamento de Biomedicina y Odontología de la Universidad Europea, Laura Redondo, ha señalado que, “en adultos sanos con insomnio inespecífico”, el efecto de las gominolas de melatonina “suele ser discreto y, en ocasiones, no demasiado significativo”, por lo que su capacidad real para corregir este problema de sueño es limitada.
Según ha remarcado, “la melatonina es una hormona con efectos fisiológicos reales y tratarla como si fuera un caramelo o chuchería podría conducir a banalizar su uso”, en un contexto de auge del consumo de estas gominolas como supuesta “solución rápida” para dormir. Este fenómeno ha motivado nuevas advertencias sobre los riesgos de utilizarlas sin control profesional.
La Sociedad Española de Neurología (SEN) ya ha puesto el foco en el peligro de recurrir a productos sin respaldo médico, que además de no aportar beneficios pueden retrasar la detección de trastornos del sueño de base, como la apnea o cuadros de ansiedad. Con todo, la literatura científica sí respalda la utilidad de la melatonina en alteraciones del reloj biológico, como el jet lag o los horarios de sueño irregulares.
No modifica de forma profunda el ciclo del sueño
Redondo ha recalcado que “la mayoría de los estudios clínicos se han realizado con formulaciones farmacéuticas estandarizadas, no con gominolas, cuya forma de liberación y dosis real pueden influir notablemente en la respuesta”, de modo que los resultados no son directamente extrapolables. En adultos sanos con insomnio leve, ha indicado que “puede ayudar a acortar el tiempo que se tarda en conciliar el sueño, pero no transforma como tal el ciclo del sueño”.
Desde la Universidad Europea insisten en que la percepción de que estos productos son inocuos añade un factor de riesgo. En numerosos suplementos, la cantidad efectiva de melatonina por unidad no alcanza la dosis necesaria para lograr un efecto farmacológico, ha advertido la experta, quien ha explicado que “esto provoca que el consumidor, al no percibir el efecto deseado, ingiera más unidades para alcanzarlo, un consumo excesivo que puede derivar en efectos adversos como somnolencia residual, cefalea o mareos”.
Aunque el perfil de seguridad de la melatonina se considera aceptable, Redondo recuerda que no es una sustancia neutra. Además de intensificar el efecto sedante de otros medicamentos, puede ocasionar interacciones con antibióticos, antiepilépticos y antidepresivos, por lo que “es un principio activo más que debe revisarse a la hora de conciliar con el resto de medicación”.
Frente a la confianza depositada en estos suplementos, la especialista insiste en que “lo más eficaz sigue siendo, paradójicamente, lo más simple”. Así, recomienda instaurar horarios regulares de sueño, limitar el uso de pantallas antes de acostarse, realizar ejercicio físico de manera constante y procurar un ambiente oscuro y silencioso en el dormitorio, pautas que, según subraya, tienen “un impacto fisiológico más sólido que cualquier suplemento”.