La embajadora israelí denuncia la "posición parcial y sesgada" de España en el conflicto

La responsable diplomática de Israel en España rebate los argumentos de Albares para que la UE rompa el acuerdo con su país

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Dana Erlich, embajadora de Israel en España. Foto: Carlos Luján - Europa Press

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Parece que la intención del Gobierno de España de rescindir los acuerdos comerciales de la UE con Israel no tendrá más recorrido, al menos por ahora, ya que este martes el Ejecutivo de Pedro Sánchez, a través de su ministro de Exteriores, José Manuel Albares, no ha sido capaz de arrancar la unanimidad necesaria de los Veintisiete para romper comercialmente con el Estado judío.

Así lo relataba ayer nuestro corresponsal en Bruselas, Alvaro Villarroel, destacando que la iniciativa impulsada por Albares para suspender el acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel se estrella con la falta de consenso entre los principales Estados miembros, que rechazan activar la cláusula de ruptura pese al aumento de la tensión en Oriente Medio y a las apelaciones de Madrid a la defensa de los derechos humanos.

Capitales como Berlín y Roma -señala nuestro corresponsal- descartan que se den las condiciones para que la Unión Europea haga uso del artículo dos del tratado que ordena la relación entre el bloque comunitario y el país de Benjamín Netanyahu.

Una cláusula que fue negociada en tiempos del comisario español, Manuel Marín, y a la que el Gobierno español se acogía alegando ahora, en este caso, la escalada de tensión en Oriente Medio. En cambio, Estados como Bélgica sí que mostró ayer su predisposición a estudiar la congelación de la parte comercial de la relación bilateral.

"¿Qué más tiene que ocurrir para que la UE se conmueva?"

En clave nacional, pero también dentro del marco diplomático, este martes, la embajadora de Israel en España, Dana Erlich, se pronunciaba en exclusiva para Demócrata, a propósito del posicionamiento del Ejecutivo de Sánchez. En concreto, lo hacía sobre las declaraciones del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, a su llegada a las instituciones europeas, donde defendió que hay que pedirle a Israel que tiene que cambiar de vía. “No puede ser la única forma que tenga Israel de relacionarse con sus vecinos”. “¿Qué más tiene que ocurrir -se preguntó de manera retórica- para que la UE se conmueva de las violaciones sistemáticas del derecho internacional y de los derechos humanos que lleva Israel?”.

En este punto, para Erlich, estas manifestaciones del Gobierno de España son las de alguien que ha decidido “adoptar una posición extrema, presentando además una perspectiva de los acontecimientos sesgada y parcial de la realidad que, además, le aleja de las posiciones de la mayoría de sus socios europeos”.

Cabe recordar que el Ejecutivo español, como ha ido remarcando en días pasados el titular de la cartera de Exteriores, ha sido persistente en sus posiciones, llegando a plantear formalmente esta medida de ruptura con Israel como respuesta a la escalada de tensión en Oriente Próximo, especialmente en Líbano.

Colocando el debate en un plano no solo político, sino también moral, Albares ha apelado a la coherencia de la Unión Europea en materia de derechos humanos y política exterior y ha sido especialmente contumaz al defender que “Europa se juega su credibilidad”.

"Una interpretación distorsionada de la realidad"

Insiste Erlich en que las declaraciones del ministro español de Exteriores han sido una absoluta sorpresa, entre otros motivos -señala la cabeza de la diplomacia de Israel a este diario-, porque el ministro “ha omitido en su mensaje elementos fundamentales para comprender la situación”.

Por ejemplo -detalla la embajadora-, la responsabilidad de Hezbollah en la situación del Líbano, tal como ha señalado el propio Gobierno libanés; los antecedentes de diálogo y las conversaciones de paz entre Líbano e Israel; así como la manifiesta responsabilidad de Hamás, que continúa rechazando procesos de desarme.

Además -añade la embajadora-, no hay que olvidar "las relaciones de Israel con países árabes de la región, incluidos los Acuerdos de Abraham, así como los tratados de paz con Egipto y Jordania, y el papel y la amenaza que el régimen iraní supone para la región, como reconocen diversos países árabes".

Así pues —concluye Dana Erlich a Demócrata—, “sin tener en cuenta estos elementos, la postura del Gobierno español no puede considerarse una crítica legítima, sino una interpretación incompleta y distorsionada de la realidad”.