Albares mantiene la presión para suspender la asociación de la UE con Israel: "¿Qué mas tiene que pasar?"

El ministro de Exteriores intensifica su ofensiva diplomática en Bruselas y reclama a la Unión Europea una respuesta firme ante la escalada de violencia en Gaza, Cisjordania y Líbano, pese a la falta de consenso entre los Estados miembros y las dudas sobre la viabilidad de la medida

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El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, mantiene el pulso al resto de países europeos, como Alemania o Italia, que este martes pretenden rebajar las expectativas del Gobierno español para lograr suspender el acuerdo de asociación con Israel. Se trata de una decisión que requiere la unanimidad de los Veintisiete y que no parece contar, por el momento, con los apoyos necesarios para prosperar, según reconocen fuentes diplomáticas y equipos negociadores en Bruselas.

A su llegada a la reunión de los titulares de Exteriores del bloque comunitario, en la que España planteará formalmente esta medida como respuesta a la escalada de tensión en Oriente Próximo —especialmente en Líbano—, el ministro ha elevado la presión sobre sus socios al afirmar que “Europa se juega su credibilidad”. Con esta declaración, Albares ha querido situar el debate en un plano no solo político, sino también moral, apelando a la coherencia de la Unión Europea en materia de derechos humanos y política exterior.

Pese a la complejidad que entraña sacar adelante una medida de tal envergadura, España no desiste en su estrategia. Según ha explicado el propio Albares, la situación ha empeorado significativamente desde septiembre, cuando, en el contexto de la guerra en Gaza, el Gobierno español ya planteó esta iniciativa ante la Comisión Europea. En aquel momento, la propuesta no prosperó, pero el Ejecutivo considera que el deterioro actual del escenario internacional justifica reabrir el debate con mayor urgencia.

España aprieta, Bruselas contiene 

“La situación es más grave que en septiembre”, ha subrayado el ministro. “Ahora observamos cómo se mantiene la tensión en Gaza, continúa la presión en Cisjordania y se ha incrementado la gravedad de la situación en el Líbano”. En este sentido, Albares planea interpelar directamente a sus homólogos europeos con una pregunta contundente: “¿Qué más tiene que ocurrir para que la Unión Europea reaccione ante las violaciones sistemáticas de los derechos humanos que, a nuestro juicio, se están produciendo?”.

Desde el Palacio de la Moncloa consideran que ha llegado el momento de enviar una señal firme a la comunidad internacional. El Gobierno español defiende que no es coherente mantener intactas las relaciones con Israel si no se produce un cambio significativo en su actuación en los territorios en conflicto. Esta postura se enmarca en una estrategia más amplia de política exterior que busca reforzar el papel de España como actor relevante en el ámbito europeo y defensor del derecho internacional.

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El Ejecutivo insiste, además, en que no está solo en esta iniciativa. Irlanda y Eslovenia han respaldado la propuesta española, sumándose a la misiva que Albares remitió a la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, en la que se formalizaba la petición de suspender el acuerdo de asociación con Israel. Sin embargo, la propia Kallas ha reconocido que, por ahora, no existe el consenso necesario para que la medida salga adelante.

El Plan "A" de Kallas 

Ante este escenario, el equipo de la diplomacia europea baraja alternativas más viables desde el punto de vista político. Una de ellas pasa por explorar medidas de carácter comercial, que no requieren unanimidad y podrían aprobarse mediante mayoría cualificada. Esta opción permitiría avanzar en una respuesta conjunta sin necesidad de alcanzar un acuerdo total entre los Estados miembros.

De hecho, la Comisión Europea ya dio un paso en esta dirección el pasado mes de septiembre, cuando aprobó la suspensión parcial de ciertos aspectos comerciales del acuerdo con Israel. Esta decisión se produjo tras la presión ejercida por varios países y el compromiso adquirido por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, durante su discurso sobre el estado de la Unión. No obstante, la medida no llegó a implementarse plenamente debido al contexto diplomático del momento, marcado por intentos de distensión en la región.

La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas FRANCOIS LENOIR
La Alta Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Kaja Kallas FRANCOIS LENOIR -

Ahora, esa opción vuelve a estar sobre la mesa. La reactivación de sanciones comerciales selectivas podría convertirse en una vía intermedia capaz de conciliar posiciones dentro del bloque comunitario. Entre las medidas que se estudian se encuentran la suspensión de preferencias arancelarias, la restricción de determinadas importaciones o el endurecimiento de las condiciones comerciales aplicables a productos israelíes.

Estas propuestas presentan varias ventajas respecto a la suspensión total del acuerdo de asociación. En primer lugar, su aprobación sería más factible, al no requerir unanimidad. En segundo lugar, podrían contar con el apoyo de países que consideran desproporcionada una ruptura completa de relaciones, pero que están dispuestos a respaldar acciones más limitadas.

Nuevos aliados 

En este sentido, el ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, ha señalado que su país vería con buenos ojos una solución de este tipo. “Somos conscientes de que una suspensión total probablemente esté fuera de alcance dadas las posiciones divergentes de los Estados miembros”, ha afirmado, mostrando así la disposición de algunos gobiernos a avanzar en medidas menos ambiciosas, pero políticamente viables.

El precedente más cercano se remonta al año pasado, cuando la Unión Europea decidió congelar ciertas preferencias arancelarias concedidas a Israel. Estas incluían aspectos clave como la libre circulación de mercancías, la protección de la propiedad intelectual o el acceso a contratos públicos. Aunque se trató de una medida limitada, marcó un punto de inflexión en las relaciones bilaterales.

Actualmente, la sensación en Bruselas es que “ya hay medidas sobre la mesa”, pero falta voluntad política para dar el siguiente paso. La clave estará en encontrar un equilibrio que permita justificar estas acciones como decisiones técnicas o comerciales, evitando que se perciban como sanciones políticas directas. Este matiz es fundamental para lograr el respaldo de los países más cercanos a Israel.

Por su parte, Albares ha insistido en que la Unión Europea se encuentra en un momento decisivo un limbo en el que debe "decidir si somos coherentes en todos los escenarios y frente a todos los actores”, ha declarado. Para el ministro, la cuestión de fondo es si Europa está dispuesta a rechazar el uso de la guerra como instrumento de política exterior, independientemente de quién la ejerza. El jefe de la diplomacia española ha ido más allá al calificar la situación actual como “la mayor crisis mundial de este siglo” y la más grave en la región desde la Guerra del Golfo. Estas palabras reflejan la preocupación del Gobierno ante una escalada que amenaza con desestabilizar aún más Oriente Próximo y tener repercusiones globales.

Estados Unidos mediará nuevamente 

En paralelo a los debates europeos, Estados Unidos sigue intentando mediar en el conflicto. Este jueves, Washington acogerá una nueva ronda de contactos entre delegaciones de Líbano e Israel, en un intento por consolidar el frágil proceso de distensión iniciado recientemente. La reunión tendrá lugar en la sede del Departamento de Estado y dará continuidad al primer encuentro directo entre ambas partes en décadas.

De ese primer contacto surgió una tregua temporal de diez días que, sin embargo, no ha logrado poner fin a la violencia sobre el terreno. Aun así, la Administración estadounidense ha valorado positivamente el carácter “constructivo” del diálogo y ha reiterado su intención de mantener abierto este canal diplomático.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, antes de una reunión en Mar-a-Lago, Florida Amos Ben Gershom/GPO/ZUMA Press / DPA
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, antes de una reunión en Mar-a-Lago, Florida Amos Ben Gershom/GPO/ZUMA Press / DPA -

Estados Unidos insiste en la necesidad de avanzar hacia negociaciones sostenidas “de buena fe”, en un contexto especialmente delicado por la creciente tensión entre el Ejército israelí y el grupo chií Hezbolá. Este último ha intensificado sus acciones en la frontera con Líbano, provocando una respuesta militar cada vez más contundente por parte de Israel.

Pese a estos esfuerzos diplomáticos, la situación sigue siendo extremadamente volátil. Las autoridades libanesas han denunciado nuevos ataques en su territorio, lo que pone en duda la eficacia del alto el fuego acordado. Por su parte, tanto Beirut como el Gobierno israelí han optado por mantener silencio público sobre la próxima reunión, reflejando la prudencia que rodea este proceso.

La actual escalada se remonta al pasado 2 de marzo, cuando Israel intensificó su ofensiva sobre Líbano en respuesta a acciones atribuidas a Hezbolá. Desde entonces, el balance humano no ha dejado de aumentar, con cerca de 2.400 muertos y más de 7.600 heridos, según los últimos datos disponibles. Estas cifras evidencian la magnitud de una crisis que no solo es militar, sino también humanitaria.