La campaña del aceite de oliva se da prácticamente por concluida con una certeza que el sector ya asume con preocupación: la producción ha caído por debajo de lo previsto y la rentabilidad del olivar tradicional vuelve a estar en entredicho. Con una cosecha que rondará los 1,29 millones de toneladas, según datos del Ministerio de Agricultura, el balance final supone un descenso del 9% respecto al año anterior y un 6% menos de lo inicialmente estimado.
En este contexto, las organizaciones agrarias elevan el tono y reclaman una subida del precio en origen que permita cubrir los costes de producción. El secretario general de UPA Andalucía, Jesús Cózar Pérez, lo resume con claridad: en el caso del olivar tradicional, el sector necesita situarse en torno a los cinco euros por kilo para garantizar su viabilidad económica.
“Es lamentable comprobar, un mes más, que los precios se mantienen por debajo de los costes de producción”, advierte Cózar, que denuncia que el mercado no está reflejando ni la caída de la oferta ni las tensiones estructurales del sector.
Un mercado que no responde a la escasez
Pese a la menor producción y a unas expectativas ya deterioradas desde el inicio del año por el impacto de las lluvias y el mal tiempo en distintas zonas productoras, los precios en origen han permanecido estancados en torno a los 4,33 euros por kilo en el aceite de oliva virgen extra, según los últimos datos disponibles.
Una situación que, según los agricultores, rompe la lógica básica de la oferta y la demanda y contradice el espíritu de la Ley de la Cadena Alimentaria, que debería evitar la venta por debajo de costes en origen.
Costes al alza y presión sobre el campo
El sector denuncia además que, mientras el precio del aceite no remonta, los costes de producción siguen aumentando. El encarecimiento de los salarios, el alza de los fertilizantes y el precio de los carburantes han tensionado aún más la rentabilidad del olivar, especialmente en las explotaciones familiares, las más expuestas a la volatilidad del mercado.
A ello se suma un problema estructural: la dificultad para encontrar mano de obra en plena campaña, lo que obliga en muchos casos a asumir mayores costes laborales para poder recoger la aceituna.
Un horizonte incierto para la próxima campaña
En el sector se asume que no habrá cambios inmediatos en los precios. Los analistas sitúan el próximo punto de inflexión en la evolución de la floración del olivar en los próximos meses, un indicador clave para anticipar la próxima campaña.
Sin embargo, las previsiones no son optimistas. Las condiciones meteorológicas de los últimos meses y la incertidumbre climática apuntan a una posible nueva tensión entre oferta y demanda, lo que podría reactivar las subidas de precios si la producción vuelve a resentirse.
El consumo se mantiene, pero el mercado sigue tenso
Mientras tanto, el consumo en los hogares se mantiene estable, con precios en el supermercado que rondan los 4,95 euros por litro en las marcas blancas, una cifra que apenas ha variado en los últimos meses.
No obstante, el equilibrio del mercado es frágil. El sector advierte de que ya se ha comercializado cerca del 60% del aceite producido esta campaña, lo que reduce las existencias disponibles y deja un margen estrecho para absorber cualquier nueva caída de producción.
En este escenario, los agricultores insisten en que el problema ya no es solo coyuntural, sino estructural: un sistema de precios que no garantiza la sostenibilidad del olivar tradicional y que, de mantenerse, podría acelerar el abandono de explotaciones en amplias zonas del sur peninsular.