El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026 ha vuelto a despertar el interés por unos fenómenos que se producen cuando el Sol, la Tierra y la Luna alcanzan determinadas alineaciones. Sin embargo, un eclipse solar y uno lunar no son el mismo acontecimiento: cambia el orden de los tres cuerpos, la sombra que observamos, la extensión desde la que puede verse y la manera segura de contemplarlo.
La diferencia principal está en la alineación
Los dos fenómenos necesitan que el Sol, la Tierra y la Luna se encuentren aproximadamente alineados. La diferencia está en cuál de los tres cuerpos ocupa la posición central.
En un eclipse solar, el orden es Sol-Luna-Tierra. Nuestro satélite se interpone entre el Sol y la Tierra y proyecta su sombra sobre una parte de la superficie terrestre. Desde las zonas alcanzadas por esa sombra, el observador ve cómo la Luna oculta total o parcialmente el disco solar.
En un eclipse lunar, la alineación es Sol-Tierra-Luna. La Tierra se sitúa entre el Sol y nuestro satélite, bloquea la luz solar directa y proyecta su propia sombra sobre la superficie lunar.
El Instituto Geográfico Nacional resume la diferencia de una forma sencilla: en el eclipse solar vemos la sombra de la Luna sobre la Tierra y en el lunar contemplamos la sombra terrestre sobre la Luna.
Qué ocurre durante un eclipse solar
El eclipse solar solo puede producirse cuando la Luna se encuentra en fase nueva. En ese momento, la cara iluminada del satélite está orientada hacia el Sol y la cara oscura mira hacia la Tierra.
Dependiendo de la alineación, la distancia entre los cuerpos y el punto desde el que se observe, el eclipse solar puede ser total, parcial o anular.
En un eclipse total, la Luna cubre completamente la superficie brillante del Sol. Durante los breves instantes de totalidad se oscurece el cielo, disminuye la temperatura y aparece la corona solar, la parte más externa de la atmósfera del Sol.
En un eclipse parcial, la Luna tapa únicamente una parte del disco solar. En el eclipse anular, la alineación es prácticamente perfecta, pero el tamaño aparente de la Luna resulta insuficiente para ocultar todo el Sol y permanece visible un anillo luminoso.
El eclipse del 12 de agosto de 2026 será total dentro de una estrecha franja que atravesará España de oeste a este. Fuera de esa banda, el mismo fenómeno se verá como parcial.
Qué ocurre durante un eclipse lunar
El eclipse lunar solo puede producirse durante la Luna llena. La Tierra se encuentra entre el Sol y la Luna y evita que la luz solar llegue directamente a una parte o a toda la superficie del satélite.
Los eclipses lunares también se dividen en tres clases: totales, parciales y penumbrales.
En un eclipse lunar total, toda la Luna entra en la umbra, la parte más oscura de la sombra terrestre. En uno parcial, solamente una parte de la superficie lunar queda dentro de esa zona. En uno penumbral, la Luna atraviesa la parte más tenue de la sombra y experimenta un oscurecimiento que puede resultar difícil de apreciar a simple vista.
A diferencia de lo que podría esperarse, la Luna no desaparece durante un eclipse total. Habitualmente adquiere una tonalidad rojiza o cobriza, motivo por el que este fenómeno también recibe popularmente el nombre de "Luna de sangre".
El color se produce porque la atmósfera terrestre filtra y desvía parte de la luz solar. Las longitudes de onda azules se dispersan con mayor facilidad, mientras que las rojizas atraviesan la atmósfera y alcanzan la superficie lunar. Es un proceso relacionado con el que hace que los amaneceres y atardeceres se vean rojizos.
Un eclipse lunar puede verse desde una zona mucho mayor
Otra diferencia fundamental está en la extensión geográfica desde la que puede observarse cada fenómeno.
La sombra que proyecta la Luna sobre la Tierra durante un eclipse solar cubre una zona relativamente pequeña. La totalidad solamente resulta visible dentro de una estrecha banda que recorre parte de la superficie terrestre. A pocos kilómetros de su límite, el eclipse puede pasar de total a parcial.
Un eclipse lunar, en cambio, puede contemplarse desde cualquier lugar del hemisferio terrestre en el que la Luna se encuentre por encima del horizonte. No es necesario estar dentro de una trayectoria concreta: basta con que sea de noche y las condiciones meteorológicas permitan ver el cielo.
Por esta razón, aunque en el conjunto del planeta se producen regularmente ambos fenómenos, para un observador situado siempre en el mismo lugar suele ser mucho más frecuente contemplar un eclipse lunar.
Los eclipses lunares duran más
La fase de totalidad de un eclipse solar suele durar desde unos pocos segundos hasta varios minutos. La sombra de la Luna se desplaza rápidamente sobre la superficie terrestre, por lo que el fenómeno completo puede recorrer grandes distancias, pero la totalidad en una localidad concreta es breve.
Los eclipses lunares se desarrollan de forma más lenta porque la sombra de la Tierra es considerablemente mayor que la Luna. El proceso completo puede prolongarse durante varias horas y, según la Agencia Espacial Europea, la totalidad puede alcanzar aproximadamente los 100 minutos.
Las gafas solo son necesarias en el eclipse solar
La diferencia más importante desde el punto de vista de la seguridad es que un eclipse lunar puede observarse directamente sin ninguna protección ocular especial. Mirar la Luna eclipsada no presenta un riesgo diferente al de contemplar una Luna llena convencional.
En un eclipse solar sí es imprescindible utilizar gafas o visores homologados durante todas las fases parciales. Las gafas de sol convencionales, las radiografías, los cristales ahumados y otros remedios caseros no protegen frente a la radiación solar.
La NASA establece una única excepción: quienes se encuentren dentro de la franja de totalidad pueden retirar brevemente la protección cuando la Luna haya cubierto por completo la superficie luminosa del Sol. Las gafas deben volver a colocarse antes de que reaparezca el primer punto de luz.
Los telescopios, cámaras y prismáticos necesitan filtros solares específicos instalados en la parte frontal del instrumento. Las gafas para eclipses no pueden utilizarse como sustituto de esos filtros.
Por qué no hay eclipses todos los meses
La Luna completa una órbita alrededor de la Tierra aproximadamente cada mes, pero no se produce un eclipse solar en cada Luna nueva ni uno lunar en cada Luna llena.
La explicación está en que la órbita lunar presenta una inclinación de unos cinco grados respecto al plano orbital de la Tierra. La mayoría de los meses, la Luna pasa ligeramente por encima o por debajo de la alineación necesaria.
Los eclipses solamente se producen cuando la Luna se encuentra cerca de los llamados nodos, los puntos en los que su órbita cruza el plano de la órbita terrestre. Esta geometría explica que sean fenómenos periódicos, pero no mensuales.