El submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1989 durante la Guerra Fría, continúa liberando material radiactivo en las profundidades del mar de Noruega, según nuevas investigaciones científicas.
El hallazgo reabre el debate sobre el impacto ambiental de los residuos nucleares abandonados en los océanos.
Fugas detectadas en una estructura a 1.600 metros de profundidad
El pecio descansa a más de 1.600 metros bajo la superficie desde su hundimiento tras un incendio a bordo que causó la muerte de 42 tripulantes. A bordo transportaba dos torpedos con cabeza nuclear y un reactor, lo que lo convierte en uno de los naufragios más delicados desde el punto de vista ambiental.
Expediciones recientes de investigadores noruegos han detectado nuevas fugas de material radiactivo alrededor del casco, especialmente en zonas deterioradas por la corrosión.
Cesio radiactivo en aumento
Los análisis más recientes han identificado niveles elevados de cesio radiactivo en muestras recogidas cerca de los conductos de ventilación del submarino.
Aunque la radiación detectada es localizada, los expertos advierten de que el deterioro del casco continúa avanzando con el paso del tiempo.
Sin riesgo inmediato, pero con preocupación a largo plazo
Las autoridades científicas señalan que, por ahora, no existe un riesgo directo para la población ni para la actividad pesquera en la zona.
Sin embargo, el caso es considerado un indicador de un problema más amplio: la presencia de numerosos restos nucleares sumergidos en el Ártico y el norte de Europa.
Estos pecios, procedentes en muchos casos de la Guerra Fría, contienen reactores, municiones y combustible que podrían comenzar a degradarse de forma progresiva.
Un legado silencioso de la Guerra Fría
El caso del K-278 Komsomolets se suma a una lista de estructuras militares hundidas que permanecen olvidadas bajo el mar. Los expertos advierten de que el paso del tiempo y la corrosión podrían convertir estos restos en una preocupación ambiental creciente.
Mientras tanto, el submarino sigue inmóvil en el fondo marino: oxidándose lentamente y liberando pequeñas cantidades de radiación más de tres décadas después de su hundimiento.