El camino del realismo hacia la paz: más allá de la guerra en Ucrania

Ján Figeľ, excomisario europeo y ex vicepresidente del Gobierno de Eslovaquia, aborda en Demócrata los riesgos de la escalada en Ucrania y defiende un giro estratégico hacia la cooperación entre potencias

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Ján Figeľ es excomisario europeo y ex vicepresidente del Gobierno de Eslovaquia

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Es lógico y dolorosamente evidente que iniciar una guerra siempre es más fácil y rápido que ponerle fin. Las guerras internas e internacionales en Ucrania, Gaza, Irán y todo Oriente Medio lo confirman. La guerra en sí no aporta beneficios, sino sufrimiento, destrucción e inestabilidad. A pesar del creciente malestar y tensión en el mundo, no debemos renunciar a nuestros esfuerzos por un siglo más pacífico y humano. En el estado actual de las guerras abiertas y latentes en Europa del Este, existen esencialmente solo tres escenarios: malo, mucho peor y… uno esperanzador.

  1. Ucrania lleva ya cuatro años desangrándose, perdiendo personas, territorio e infraestructuras. Hoy, el escenario más probable es la continuación de la guerra. Sin una solución política razonable y esfuerzos diplomáticos constructivos, avanzará una vía militar destructiva. Las intervenciones contra infraestructuras e instalaciones en Rusia son numerosas, pero Rusia es capaz de sostener una guerra larga y agotadora. Incluso con el apoyo del Occidente colectivo hasta ahora, Ucrania no tiene la fuerza para expulsar a las tropas rusas, ni siquiera para detenerlas.
  2. No puede descartarse una catástrofe derivada de la escalada de la guerra. Dos guerras mundiales surgieron de Europa. Las grandes tragedias del siglo XX podrían repetirse si la escalada continúa o si el fanatismo gana terreno. La OTAN no ha logrado aplicar una política sabia y eficaz de prevención de conflictos. La UE ha pasado gradualmente de ser fruto del proyecto de paz de Schuman a consumidora de paz. El rearme sin precedentes que hoy promueven la OTAN y la UE puede disuadir futuras agresiones y fortalecer la industria de defensa, pero no traerá la paz ni generará prosperidad.
  3. Lamentablemente, tras el golpe de Estado de 2014 y el estallido de la guerra interna en el este de Ucrania, Francia y Alemania no se comprometieron lo suficiente para garantizar la aplicación de los Acuerdos de Minsk, que ambos firmaron. Ucrania podría haber permanecido íntegra, democrática y multinacional. Tras la anexión de Crimea comenzó una confrontación latente de tipo guerra fría entre Occidente y Rusia. Después de que Estados Unidos se negara a negociar una nueva arquitectura de seguridad común en Europa y a renunciar a los planes de futura adhesión de Ucrania a la OTAN, en febrero de 2022 las tropas rusas invadieron Ucrania. Estalló una guerra internacional a gran escala. Un verdadero acuerdo de paz, aceptable para Rusia y Ucrania y respaldado por Estados Unidos y la UE, solo puede surgir sobre la base de un giro en las relaciones entre las dos partes decisivas en una década de confrontación: Estados Unidos y la Federación Rusa. Son de facto partes de la actual guerra por delegación. Este giro es posible si la determinación del presidente Trump de detener la guerra en Ucrania, confirmada en la cumbre de Alaska en agosto de 2025 con el presidente Putin, continúa con firmeza. Lamentablemente, los líderes europeos no han sido capaces hasta ahora de actuar con determinación y ofrecer una solución realista.

Construir Europa significa construir la paz

Aún no se ha alcanzado un acuerdo de paz completo aceptable para las partes en conflicto. Por tanto, todo esfuerzo constructivo para lograr dicho acuerdo entre Rusia y Ucrania debe ser valorado. Francia y Alemania han fracasado en asegurar la paz en Ucrania durante la última década. Desafortunadamente, el actual liderazgo europeo (UE) no sigue la mentalidad ni la política de los padres fundadores de la Europa occidental reconciliada y unida, como R. Schuman, K. Adenauer, A. de Gasperi o J. Monnet.

El camino hacia la paz es estrecho y difícil. En el espíritu de Monnet, construir Europa significa construir la paz. Sin embargo, esta visión y proceso requieren una base nueva y sólida. El cambio de paradigma estratégico plantea preguntas difíciles:

"Construir Europa significa construir la paz"

Primero, ¿es posible transformar en 180 grados las relaciones políticas, de seguridad y económicas entre dos partes del conflicto que no pueden derrotarse mutuamente? Segundo, ¿es posible hacer que la guerra en Europa del Este sea materialmente imposible y que la paz sea estable y duradera? Tercero, ¿es posible lograrlo en poco tiempo?

Estoy convencido de que, a pesar de todo lo que ocurre hoy, la situación geopolítica actual permite responder afirmativamente a estas tres preguntas. Existe una solución sorprendente, quizás incluso provocadora, pero realista.

Este realismo se basa en la historia del área euroatlántica tras la Segunda Guerra Mundial, en los aspectos civilizatorios y culturales de las naciones implicadas y en las consultas internacionales en curso. Podemos tener muchas críticas y reservas sobre las acciones de Donald Trump y su administración hacia Europa, Venezuela o Irán. Pero su voluntad de poner fin a la guerra en Ucrania lo antes posible es evidente. Esta voluntad puede convertirse en un factor decisivo. El realismo de la visión propuesta ya se demuestra en algunos puntos del acuerdo que se está discutiendo gradualmente entre Estados Unidos, la Federación Rusa, Ucrania y la UE.

Un escenario de paz en el espíritu de Schuman y Marshall

Estoy convencido de que la paz en Europa del Este puede lograrse mediante una combinación actualizada de los principios de los planes Schuman y Marshall. Sus resultados históricos auténticos siguen siendo inspiradores, probados y válidos hoy en día. El plan Schuman original buscaba prevenir futuras guerras y devastaciones en Europa. Para los países participantes, este proyecto se convirtió en realidad y ha funcionado con éxito durante más de 75 años. Y George Marshall propuso incluir y financiar la reconstrucción del país agresor derrotado: Alemania.

"La cooperación económica y comercial debe abarcar los recursos clave para la guerra: energía, infraestructuras y materias primas"

Hoy necesitamos una acción análoga. Estoy profundamente convencido de que los planes Schuman y Marshall 2.0 son posibles. Transformar la confrontación entre dos superpotencias en cooperación estratégica a largo plazo interesa a ambos países. Los líderes van y vienen, pero las naciones permanecen. Sin embargo, los líderes pueden dejar un legado positivo que eleve la vida de sus pueblos. El esfuerzo conjunto de Oriente y Occidente, Moscú y Washington, fue clave para la victoria sobre el nazismo y el fascismo en Europa. Del mismo modo, la desaparición pacífica del comunismo se logró más rápidamente gracias al diálogo y la cooperación.

La base de esta iniciativa de paz debe ser un acuerdo entre Estados Unidos y Rusia. La cooperación económica y comercial debe abarcar los recursos clave para la guerra: energía, infraestructuras y materias primas. También es importante abrir mercados comunes en tecnología, inteligencia artificial y propiedad intelectual. Este acuerdo debe permanecer abierto a todas las naciones libres, especialmente de Europa, América del Norte y Asia Central, acompañado de un acuerdo de seguridad compartida.

Esta cooperación podría conducir a la creación de una gran Comunidad Oeste-Este desde Anchorage (Alaska) hasta Vladivostok (Kamchatka). En tal comunidad, la guerra sería impensable, como lo fue en Europa occidental tras 1950. Sería una fuerza sin precedentes para la paz y la estabilidad mundial.

Un acuerdo de paz digno

Un gran acuerdo de este tipo ayudaría a crear una nueva comunidad y a sentar las bases para una paz digna aceptable para Estados Unidos, Rusia, Ucrania y Europa. Este acuerdo debe incluir: retorno de refugiados, respeto a los derechos fundamentales, administración transitoria de territorios en disputa, autodeterminación democrática, justicia transicional por crímenes de guerra, restauración del Estado de derecho y fin de sanciones.

El Plan Marshall 2.0 proporcionaría estabilidad económica, crecimiento y reconstrucción. También serían necesarios esfuerzos de reconciliación, diálogo y construcción de confianza. La reconciliación generaría nuevas relaciones entre las naciones.

Este marco permitiría una salida aceptable para todos, sin conflictos latentes. La paz duradera en Europa es un objetivo exigente pero noble. La innovación no solo surge de ideas nuevas, sino de reinterpretar las antiguas. Confío en que los esfuerzos creativos y responsables prevalecerán sobre la violencia y la guerra en un futuro próximo.

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Ján Figeľ es excomisario europeo y ex vicepresidente del Gobierno de Eslovaquia