Se dice que en Brown’s Hole, Wyoming, se estableció en 1822 el saloon más antiguo del Lejano Oeste. El Brown’s Saloon fue fundado para saciar la sed de los tramperos que comerciaban en el fuerte de Brown’s Hole, a orillas del río Green, cerca de la actual frontera entre Wyoming, Colorado y Utah.
Más de dos siglos después, la Casa Blanca pareció revivir el espíritu de aquel lugar, transformándose en una reencarnación del saloon, aunque con trajes bien cortados y algún polo abotonado en lugar de revólveres, y con declaraciones subidas de tono que, afortunadamente, no fueron a más.
La reunión entre Zelensky y Donald Trump prometía ser un hito geopolítico en 2025. Y lo fue. No porque generara avances, sino porque expuso con crudeza el desorden global en el que nos encontramos. No hubo acuerdos, no hubo compromisos, solo un tenso enfrentamiento que dejó a Ucrania aún más expuesta y a Europa, una vez más, preguntándose qué hacer.
El tono de la conversación escaló rápidamente. En el Lejano Oeste, todos sabemos cómo habría acabado: con un duelo al amanecer y un par de sillas vacías en el saloon. Menos mal que en la Casa Blanca se prefirieron los apretones de manos forzados y la indicación de la puerta de salida. Aun así, la reunión dejó a Zelensky en una posición poco envidiable y a Trump con la satisfacción de haber dejado claro que, para él, las reglas han cambiado. Por cierto, ¿de qué sirvieron las visitas previas de Emmanuel Macron y Keir Starmer a la Casa Blanca hace unos días?
La reunión entre Zelensky y Donald Trump prometía ser un hito geopolítico en 2025
Trump es atípico en forma y fondo. Como lo es Vladimir Putin. Como lo es Xi Jinping. Pero nada de esto es novedoso. El mundo de hoy es un Salvaje Oeste donde la ley la dictan quienes tienen el poder y la voluntad de usarlo. La diplomacia clásica ha dado paso a la política de la fuerza, y la cumbre en Washington fue otra muestra de ello.
Desde el primer minuto, el encuentro entre Trump y Zelensky se convirtió en un choque de visiones. Zelensky llegó buscando garantías de apoyo militar y un acuerdo sobre minerales estratégicos, esenciales para la industria de defensa y tecnología. Pero Trump no estaba allí para firmar compromisos. En su lugar, cuestionó la estrategia de Kiev, insinuó que la guerra podía resolverse negociando con Putin y, en un movimiento característico, puso fin abruptamente a la reunión, cancelando incluso la conferencia de prensa conjunta.
JD Vance, el vicepresidente estadounidense, jugó un papel clave en la reunión. Ya en la cumbre de Múnich había proclamado la llegada de un nuevo sheriff al mundo, insinuando que las reglas del juego habían cambiado. Tal vez Vance conociera la historia de Wyatt Earp, el icónico sheriff que en 1874 llegó a Wichita (Kansas), donde su cuñada regentaba un burdel y su hermano traficaba con armas y licores.
Allí comenzó su carrera como hombre de la ley, que lo llevaría a Dodge City, Deadwood y, finalmente, Tombstone. En esta última, en 1881, protagonizó el legendario duelo del O.K. Corral, enfrentándose junto a sus hermanos y Doc Holliday contra los Clanton y los McLaury. La refriega, que dejó varios muertos, marcó el fin de su era como sheriff.
