“Elena, ahora verás cómo Sánchez nos regenera a todos con esta norma europea que tanto te gustaba,” me escribió hace unos días un periodista veterano de este país. La Ley Europea de Libertad de Medios de Información, que nació como una respuesta de las instituciones europeas para proteger a la prensa de las garras populistas de políticos como Viktor Orban, está provocando en nuestro país justo la reacción contraria al espíritu con el que fue creada.
Efectivamente, existe el riesgo de que los gobiernos utilicen esta Ley como caballo de Troya en el sector de los medios de información. Un riesgo que debemos combatir desde los propios medios y desde la sociedad civil.
La Ley Europea de Libertad de Medios de Información nació como una respuesta de las instituciones europeas para proteger a la prensa de las garras populistas
La Ley Europea (o Reglamento) de Libertad de los Medios de Comunicación (también llamado EMFA por sus siglas en inglés Europea Media Freedom Act) no es el resultado del capricho de un político en permanente conflicto con unos medios que le cuestionan. Es el resultado de una demanda social, proveniente, en primer lugar, de los propios periodistas, que experimentan cada vez mayores dificultades para poder ejercer el periodismo en libertad.
Periodistas en países del Este, pero también en entornos donde hasta hace muy poco se vivía con más holgura la libertad de prensa. Es también la respuesta ante la preocupante desconfianza de los ciudadanos hacia los medios de información, que la desinformación está agudizando de manera exponencial, llevándose consigo la misma arquitectura democrática.
EL EMFA es también la respuesta ante la preocupante desconfianza de los ciudadanos hacia los medios de información
El EMFA es también resultado de un proceso legislativo europeo dotado de las suficientes salvaguardias y garantías que fundamentan su legitimidad. Se aprobó el 15 de diciembre de 2023 por parte del Consejo y el Parlamento Europeo, durante la presidencia española de la UE, y después de un largo proceso legislativo entre el Parlamento, la Comisión y el Consejo (los llamados trílogos).
