La fragmentación en la representación política de la ciudadanía no es la excepción en las democracias del mundo, ni una rareza. De hecho, es lo más habitual, también aquí, en el Congreso, en los parlamentos autonómicos o en los ayuntamientos.
Por eso, llaman la atención esos análisis frecuentes que tachan la fragmentación de nuestro Congreso de los Diputados como si de un defecto se tratara, como una anormalidad de nuestro sistema político, como una tara o una enfermedad de nuestra democracia. Una supuesta tara que convertiría al Congreso en una institución enferma, a la legislatura en un proyecto inviable y al Gobierno en algo insostenible.
Llaman la atención esos análisis frecuentes que tachan la fragmentación de nuestro Congreso de los Diputados como si de un defecto se tratara
En realidad, se trata de una lectura de la realidad tan falsa como interesada. Esta lectura forma parte del relato de quienes pretenden deslegitimar al Gobierno legítimo que han elegido los representantes de los españoles en su Parlamento, un Parlamento tan fragmentado como inequívocamente democrático.
Pluralidad de ideas
Contamos con un Congreso integrado por nueve Grupos Parlamentarios y más de una veintena de formaciones políticas distintas, reflejo de la pluralidad de ideas y opciones políticas de la sociedad española. Las fuerzas que componen el Gobierno cuentan de entrada con 147 diputados de 350, por lo que cada iniciativa gubernamental requiere de apoyos externos constantes.


