El Parlamento reúne 36 obras que recorren la trayectoria y “alegría” del pintor cántabro Delapuente

El Parlamento de Cantabria exhibe 36 obras de Delapuente, un creador viajero y optimista cuya pintura aúna ingeniería, color y memoria cántabra.

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El Parlamento de Cantabria exhibe desde este jueves y hasta finales de mayo la muestra “Delapuente: memoria de un cántabro viajero (1909-1975). Retratos, Italia, París, Londres, Madrid, Castilla, Cantabria”, integrada por 36 piezas clave en la carrera del pintor y arquitecto cántabro Fernando Delapuente, en las que el uso del color refleja su “optimismo” y “alegría” de vivir.

La exposición, impulsada por la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria y la Fundación Methos, propone un recorrido por la evolución artística del creador santanderino, marcada por su doble perfil de artista e ingeniero.

Durante la apertura de la muestra, el comisario, Andrés Barbé, ha puesto el foco en la personalidad y formación del autor, una figura “muy singular” que sobresale por su “optimismo” y por haber sabido vivir con “intensidad y alegría”.

Ha resaltado también su carácter “ordenado”, que ha permitido localizar y catalogar su producción –en total realizó 1.246 cuadros–, justo cuando se conmemoran 50 años de su fallecimiento.

“Todo lo que tocaba lo convertía en oro”, ha recalcado Barbé al referirse a la obra de Delapuente, tanto en su faceta de pintor como en la de arquitecto, al que ha descrito como “un hombre del Renacimiento”.

La presidenta del Parlamento, María José González Revuelta, ha presentado a Delapuente como “un creador muy viajero, muy inquieto, muy polifacético, que nos acerca unas obras marcadas, sin duda, por el colorismo expresivo”.

Ha añadido que es “una figura muy singular en la historia del arte de nuestra comunidad, que ha ido cayendo en cierto olvido”.

En esta línea, ha puesto en valor la labor del Parlamento para rescatar a personalidades en riesgo de ser olvidadas y favorecer una mejor lectura de la trayectoria histórica, social y cultural de Cantabria, mencionando entre otros a Concha Espina, Nicolás Alfonso o Matilde de la Torre.

Por su parte, el consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Luis Martínez Abad, ha remarcado el compromiso del Gobierno cántabro con la recuperación y difusión del patrimonio artístico de la región y de aquellos creadores que pueden “de caer en el olvido por parte de la sociedad”.

Martínez Abad ha defendido la cultura como pieza esencial del desarrollo social, más allá de su vertiente turística como factor de atracción, y ha insistido en la importancia de acercarla al conjunto de la ciudadanía.

En cuanto a Delapuente, el consejero ha subrayado la originalidad de su trayectoria y su potencia creativa, destacando la dualidad de su formación y la personalidad de su lenguaje plástico.

“Algo de genialidad debía de tener su mente cuando decide estudiar al mismo tiempo Ingeniería Industrial y Bellas Artes”, ha señalado, una combinación que, a su juicio, está detrás de una obra llena de contrastes y en la que el color y la luz tienen un papel central.

Tras su paso por Madrid, donde la exposición recibió unas 9.700 visitas, la propuesta se puede visitar ahora en el patio del Parlamento de lunes a viernes de 9.00 a 20.00 horas y los sábados de 10.00 a 14.00 horas. Posteriormente, está previsto que viaje también a Roma y a París.

Memoria de un cántabro viajero

Delapuente, pintor cántabro, fusiona en su estilo particular su condición de pintor e ingeniero. Tras cursar ambas titulaciones en Madrid, en 1944 obtiene por oposición la Cátedra de Dibujo de la Escuela de Ingenieros Industriales, a la que renuncia ese mismo año para consagrarse por completo a la pintura.

Su desarrollo artístico se vincula de forma especial a sus estancias en Italia, París y Madrid. Sus viajes a Roma, Florencia o Venecia y, en particular, su paso por San Apolinar de Rávena, dejan una impronta decisiva en sus lienzos.

En Milán le deslumbra la obra de Van Gogh por el extraordinario tratamiento del color; en París le impacta la libertad radical de los fauvistas, como Vlaminck, Matisse o Derain.

A partir de entonces, su pintura adopta rasgos fauvistas y alcanza una gran economía expresiva, apoyada en el influjo de los creadores italianos del momento –Carrá, Casorati o Modigliani–, que contribuyen a la simplificación que persigue.

En la “Villa de las Luces” encuentra su propio lenguaje, caracterizado por una amplia libertad formal y conceptual. Algunos críticos han descrito su producción como una figuración desfigurada; otros la sitúan entre el impresionismo y el expresionismo.

Su trabajo aborda todo tipo de motivos –retratos, escenas costumbristas, bodegones–, aunque destaca su maestría en los celajes de fondo. Muestra una especial sensibilidad para captar la poesía de los paisajes marinos, rurales y urbanos, lo que le valió el sobrenombre de pintor de Madrid.

El tono lírico de sus cuadros responde a la búsqueda de la “belleza solemne de lo sustancial”, entendida por él como una necesidad espiritual para llegar al fondo de la realidad.

La exposición se organiza en ocho bloques temáticos: Academia (como el “Paisaje Nestares”), Retratos (“La mujer que no existe” o “Autorretrato con barba”), Italia (Piazza Colonna, Roma), París (“Le Paris de Notre Dame”), Londres (“St. Paulus at Thames”), Madrid (“El salón del Prado con nieve”), Castilla (“Campo de surcos”) y Cantabria (“Santander. Neblina en Cabo Mayor” o “El chalet en donde yo nací en Santander”).