El turismo de alta gama se ha afianzado como el principal sostén de la rentabilidad del mercado del lujo en España, compensando la actual “desconexión” del cliente nacional de clase media-alta.
De acuerdo con el Barómetro Luxury elaborado por Andersen Consulting, Dynata y LLYC, el viajero de lujo realiza un gasto medio de 6.130 euros por estancia, es decir, 4,3 veces superior al del turista convencional.
Aunque solo representa el 0,2% del total de llegadas, este tipo de visitante de alto impacto –procedente sobre todo de EE.UU., Latinoamérica y Oriente Medio– permite al sector hacer frente a la inflación y disminuir la dependencia del modelo tradicional de sol y playa.
El encarecimiento generalizado, no obstante, está generando una brecha en el consumo interno. Mientras los menores de 40 años mantienen el pulso con una previsión de aumento del gasto del 14,3%, el llamado “cliente aspiracional” español ha empezado a abandonar el mercado.
Este consumidor considera que el precio actual de muchos productos supera el beneficio emocional que obtiene con la compra, redirigiendo su presupuesto hacia el bienestar personal, el ahorro o el mercado de segunda mano. Esta tendencia obliga a las firmas a rediseñar sus estrategias, apostando por una exclusividad aún mayor y un servicio altamente personalizado.
Madrid y Barcelona, ejes del lujo en España
En el plano geográfico y sectorial, el barómetro muestra que el lujo en España se concentra en puntos muy concretos, con Madrid (90,5%) y Barcelona (61,1%) como principales referentes en la mente del consumidor, seguidas por Marbella y San Sebastián.
Los sectores que vertebran este mercado son la relojería y joyería, considerada el máximo símbolo de exclusividad por el 57,5% de los encuestados, y la moda (40,3%).
Por detrás se sitúan los hoteles y alojamientos, que se consolidan como el tercer gran pilar con un 39,4%, erigiéndose en motor del lujo experiencial. En el entorno digital ganan peso categorías percibidas como “inversiones seguras”, como la belleza y los electrodomésticos de alta gama.
Pese a la sólida implantación territorial, el informe detecta un “déficit narrativo” en las marcas españolas. Aunque el 80% de los clientes se declara satisfecho con la calidad del producto 'made in Spain', el deseo de compra continúa inclinándose hacia las firmas internacionales.
Los especialistas subrayan que el desafío para la industria nacional no está en la calidad de la artesanía o de los materiales, sino en articular un relato de marca capaz de competir en estatus y aspiracionalidad con los grandes referentes globales.
Para conservar su relevancia, la hoja de ruta del sector plantea integrar la inteligencia artificial con el fin de ofrecer experiencias a medida y derribar barreras de información en mercados estratégicos como el asiático.