El FMI alerta de una "recesión global" por la guerra de Irán y recorta dos décimas las previsiones de crecimiento de España

El organismo rebaja las previsiones de crecimiento mundial y alerta de que una escalada prolongada del conflicto puede disparar la energía, reavivar la inflación y llevar a la economía global al borde de una nueva crisis.

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La directora gerente del FMI, Kristalina Georgiev.  Thibaut Bouvier/World Economic F / DPA

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La guerra en Irán sigue poniendo en alerta a los mercados internacionales. Este lunes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha rebajado sus previsiones de crecimiento mundial y ha advertido de que el conflicto en Oriente Medio podría empujar a la economía global hacia una nueva recesión.

El organismo sitúa ahora el avance del PIB global en el 3,1% para 2026, dos décimas por debajo de lo previsto a comienzos de año, en un contexto marcado por la incertidumbre tras los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán.

En ese escenario, España se desmarca del frenazo global y mantiene el pulso económico, con un crecimiento del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027 que confirman el mismo cálculo adelantado hace apenas tres semanas, aunque rebajan en dos décimas las estimaciones publicadas en enero.

Un escenario global marcado por la incertidumbre

El informe, presentado en Washington bajo la dirección de Kristalina Georgieva, introduce por primera vez el impacto directo del conflicto en sus cálculos y abandona su tradicional “escenario base” para optar por un marco más incierto. Los técnicos del FMI reconocen que la evolución de la guerra condiciona cualquier previsión y plantean distintos escenarios que reflejan hasta qué punto la economía mundial se mueve en terreno inestable.

En el supuesto de que el conflicto sea limitado y de corta duración, el crecimiento global se mantendría en niveles moderados, apenas por encima del 3%. Sin embargo, el panorama cambia de forma significativa si la guerra se prolonga y presiona al alza los precios de la energía.

Del frenazo económico al riesgo de recesión

En ese caso, la ralentización sería más intensa, y en el escenario más severo, con el petróleo y el gas disparados y un efecto directo sobre los alimentos, la economía mundial quedaría al borde de una recesión, con un crecimiento en torno al 2%, un umbral que históricamente ha coincidido con episodios de crisis como el provocado por la pandemia de la COVID-19.

El FMI deja claro que el factor energético vuelve a situarse en el centro del riesgo económico global, con capacidad para arrastrar inflación, consumo e inversión.

Europa: expuesta ante el conflicto

Europa aparece como una de las regiones más vulnerables a este deterioro. La Unión Europea vería cómo su crecimiento se enfría hasta el 1,1% en 2026, lastrada por el impacto energético y la debilidad industrial. Economías como Alemania, Francia o Italia apenas lograrían avances modestos.

El organismo subraya que el encarecimiento de la energía, intensificado desde la guerra de Ucrania, sigue actuando como un lastre estructural, especialmente para el sector manufacturero europeo.

Inflación y advertencia a los bancos centrales

Más allá del crecimiento, el FMI pone el foco en los riesgos para la estabilidad económica. La inflación podría repuntar si el conflicto se enquista, obligando a los bancos centrales a intervenir con cautela. El mensaje es claro, deben estar preparados para actuar, pero evitando decisiones precipitadas que puedan sofocar la recuperación.

Al mismo tiempo, el organismo advierte de un deterioro progresivo de las finanzas públicas. Las ayudas para amortiguar la crisis, la desaceleración económica y el aumento del coste de la deuda están reduciendo el margen de maniobra de los gobiernos.

En este contexto, insiste en la necesidad de reconstruir espacio fiscal, especialmente en un momento en el que el gasto se ve presionado por factores estructurales como el envejecimiento de la población o el aumento de la inversión en defensa.

Un equilibrio económico cada vez más frágil

El diagnóstico final del Fondo Monetario Internacional dibuja una economía global en equilibrio precario, donde los riesgos se inclinan claramente a la baja. La evolución de la guerra en Oriente Medio será determinante, pero no el único factor.

La capacidad de las economías para adaptarse, impulsar la productividad y aprovechar avances como la inteligencia artificial marcará la diferencia entre una simple desaceleración y una nueva crisis global.