EEUU y China encaran una cumbre histórica en Pekín con Taiwán y Oriente Próximo en una agenda cargada de retos económicos

Diez años después de su primera visita a China, Trump regresa a Pekín en un contexto marcado por la fragilidad geopolítica y la competencia tecnológica

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Archivo - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a su homólogo en China, Xi Jinping

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, encaran una cumbre bilateral histórica en Pekín que tendrá lugar el jueves con el objetivo de avanzar hacia una relación más estable y previsible entre las dos mayores potencias mundiales.

En la agenda destacan focos de tensión para China, como su carrera nuclear o la cuestón de Taiwán, pero también otros asuntos que trascienden al plano internacional, como la guerra en Irán o la hecatombe arancelaria que sacudió la relación entre ambos países el año pasado. 

Trump ha aterrizado este miércoles en el aeropuerto de Pekín, donde ha sido recibido con honores por el viceprimer ministro chino, Han Zheng, en un acto cargado de patriotismo, con banderas de ambos países al compás de una marcha militar.

Trump y Xi se verán el jueves, aunque la cita ha estado precedida por las negociaciones económicas y comerciales que el viceprimer ministro chino y el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, han mantenido este miércoles en Seúl (Corea del Sur).

Una ventana para las empresas de Estados Unidos

Diez años después de su primera visita a China, Trump regresa a Pekín en un contexto radicalmente distinto. Si en 2017 el foco estaba puesto en el déficit comercial y los aranceles, hoy la relación entre las dos mayores potencias del mundo se mueve entre la fragilidad geopolítica y la competencia tecnológica.

Para Pekín, la principal preocupación es la inestabilidad en Oriente Próximo y el riesgo de que cualquier ruptura del alto el fuego en la región afecte al estrecho de Ormuz, ruta estratégica por la que transita cerca de la mitad del petróleo que consume China.

En Washington, en cambio, la atención está puesta en la tregua comercial alcanzada con China, firmada el pasado mes de octubre en Busan (Corea del Sur). De su continuidad dependen buena parte de los intereses de las grandes compañías estadounidenses que han acompañado a Trump en esta visita.

A través de un mensaje en la red social Truth Social, Trump ha asegurado este miércoles que pedirá al líder chino, a quien ha calificado como “un líder de una distinción extraordinaria”, -lo que refleja el tono amable del encuentro- que permita la entrada de compañías estadounidenses para “hacer uso de su talento y contribuir a llevar a la República Popular a un nivel más alto”.

El mandatario ha señalado que esta será su “primera y principal petición”, al considerar que la apertura económica sería “altamente beneficiosa para ambos países”.

La delegación 'empresarial' de Trump

La delegación que viaja con el presidente refleja con claridad esa prioridad económica. A bordo del Air Force One se encontraban algunos de los principales ejecutivos del sector tecnológico y financiero de Estados Unidos.

Entre ellos destaca Elon Musk, con importantes intereses en el mercado chino a través de Tesla y Starlink. También forma parte del viaje el consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, cuya actividad depende en gran medida de las ventas de semiconductores al gigante asiático, en plena carrera global por el liderazgo en inteligencia artificial.

A la comitiva se suman representantes de Apple, altamente dependiente de la capacidad manufacturera china, y de Meta, que aspira desde hace años a ganar presencia en un mercado que sigue siendo estratégico.

El sector financiero también ha querido estar presente. Ejecutivos de firmas como BlackRock, Blackstone, Goldman Sachs, Citi, Mastercard y Visa acompañan al mandatario estadounidense en una visita en la que la diplomacia y los negocios avanzan de la mano.

Tierras raras

Sobre la mesa, también están las tierras raras. Pekín incorporó este elemento a su estrategia de presión comercial a comienzos de abril del año pasado, cuando anunció restricciones globales a la exportación de elementos como el samario, gadolinio, terbio, disprosio, lutecio, escandio e itrio, siete de los 17 que componen este grupo, además de imanes derivados, en pleno aumento de la tensión arancelaria con Washington.

El sistema de licencias impuesto tuvo un impacto directo sobre sectores clave como la defensa, la aeronáutica, la automoción, las energías limpias y la industria de los semiconductores, generando cuellos de botella en las cadenas de suministro internacionales.

Meses después, las tensiones volvieron a escalar cuando China amplió en octubre los controles a las tecnologías vinculadas a la minería, fundición, separación y reciclaje de estos materiales, cuyo procesamiento y suministro domina a escala global.

La línea roja de China: Taiwan

Uno de los asuntos más sensibles de la cumbre será Taiwán, el principal foco de fricción entre Washington y Pekín. En la isla siguen con atención cada gesto ante el temor de que la Casa Blanca pueda utilizar el respaldo estadounidense a Taipéi como moneda de cambio en una negociación más amplia con China.

La tensión se vio reforzada el pasado diciembre, cuando Trump autorizó un paquete de venta de armas a la isla valorado en 11.000 millones de dólares, el mayor aprobado hasta la fecha por Estados Unidos, aunque su entrega aún no se ha materializado.

Al mismo tiempo, los servicios de inteligencia estadounidenses han matizado las previsiones del Pentágono sobre una posible invasión china en 2027. Aunque consideran que Pekín podría no recurrir a una ofensiva militar en ese horizonte, sostienen que el objetivo estratégico de China sigue siendo el mismo: lograr la reunificación con Taiwán, preferiblemente mediante mecanismos de presión política, económica y diplomática, sin necesidad de recurrir al uso directo de la fuerza.