La alianza de Rumen Radev arrasa en las legislativas búlgaras según los primeros sondeos

La coalición Bulgaria Progresista de Rumen Radev se perfila como clara ganadora de las legislativas búlgaras y abre la puerta a un gobierno de dos partidos.

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Rumen Radev Europa Press/Contacto/Igor Lenkin

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La alianza Bulgaria Progresista, encabezada por el expresidente búlgaro Rumen Radev, se ha impuesto con holgura en las elecciones legislativas celebradas este domingo, las octavas que vive el país en los últimos cinco años.

Hasta cuatro sondeos a pie de urna sitúan a Bulgaria Progresista con entre el 38 y el 40% de las papeletas, muy por encima del resto de candidaturas. En segunda posición quedaría la coalición conservadora Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria-Unión de Fuerzas Democráticas (GERB-SDS), del veterano ex primer ministro Boiko Borisov, que se movería entre el 14 y el 16% de los sufragios.

El tercer puesto sería para la coalición Continuamos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), con un respaldo estimado del 13-14%, mientras que el Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS) se colocaría en cuarta posición. Más atrás figuran Renacimiento, con alrededor del 5%, y la Coalición por Bulgaria (BSP), que rondaría el 4%.

Si estos datos se confirman, Radev deberá abrir conversaciones para articular un ejecutivo sólido tras años de fuerte inestabilidad institucional. Un elemento positivo es que, con la distribución actual, bastarían únicamente dos fuerzas políticas para alcanzar la mayoría parlamentaria. Durante la campaña, el propio Radev señaló a PP-DB como posible socio. “ESpero que con el PP-DB miremos en la misma dirección”, afirmó.

Radev, a quien numerosos analistas ven como un futuro “Viktor Orbán de Bulgaria”, ha cultivado un discurso muy crítico con las élites. A sus 62 años, fue comandante de las Fuerzas Armadas y llegó a ocupar un papel destacado en el estamento militar antes de dar el salto definitivo a la política.

En su etapa como jefe del Estado, entre 2017 y 2026, mantuvo fuertes desencuentros con Boiko Borisov, uno de los dirigentes más influyentes del país, al que reprochó en repetidas ocasiones mantener una actitud “tolerante” con la corrupción en el que sigue siendo el país más pobre de la Unión Europea.