Dormir poco o mal daña todo el cuerpo y golpea con fuerza al corazón

Dormir poco o mal afecta a todo el cuerpo, dispara el riesgo cardiovascular y se asocia a obesidad, diabetes, hipertensión y trastornos del ánimo.

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La responsable del Servicio de Medicina del Sueño de Olympia Quirónsalud, Andrea Gómez Moroney, ha alertado de que el impacto de un descanso deficiente es “sistémico”, de modo que “todo el organismo” se resiente cuando se duerme poco o con mala calidad, con un efecto especialmente acusado sobre la salud cardiovascular.

Tal y como ha detallado, la carencia de sueño reparador altera el control de la glucosa, favorece la resistencia a la insulina y mantiene activado el sistema nervioso simpático. Esta combinación genera un estado inflamatorio crónico que eleva el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión arterial.

“Cuando dormimos, el organismo activa procesos esenciales: se reparan tejidos, se regula el metabolismo, se fortalece el sistema inmunológico y se consolida la memoria”, ha indicado la especialista. Durante las horas nocturnas, el cerebro clasifica y procesa la información acumulada durante la jornada.

Si el sueño es insuficiente o fragmentado, al día siguiente aumentan la irritabilidad, la dificultad para concentrarse y la sensación de falta de energía. Cuando esta situación se mantiene en el tiempo, el riesgo cardiovascular se incrementa de forma significativa.

“El sueño no es tiempo perdido; es salud preventiva”, ha subrayado la doctora, que insiste en que no hay que asumir como normal dormir mal y que, si el descanso deja de ser reparador y empieza a interferir en la vida diaria, es necesario acudir a un profesional.

Trastornos del sueño más frecuentes

Andrea Gómez ha indicado que el insomnio, la apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas figuran entre los trastornos del sueño más comunes en adultos. Provocan cansancio persistente, fallos de memoria, bajo rendimiento e irritabilidad y, cuando se cronifican, incrementan el riesgo cardiovascular y pueden favorecer cuadros de ansiedad o depresión.

Según ha explicado, hay síntomas que no deben pasarse por alto, como la somnolencia diurna continuada, despertarse con la sensación de no haber descansado, los problemas de concentración o los ronquidos fuertes, que requieren una valoración médica.

En relación con la apnea del sueño, ha remarcado la relevancia de un diagnóstico temprano. “Las apneas provocan descensos repetidos de oxígeno y microdespertares que fragmentan el sueño. Si no se trata, puede derivar en hipertensión, alteraciones metabólicas y un mayor riesgo de accidentes por somnolencia”, ha detallado.

Asimismo, ha advertido del incremento de consultas por insomnio vinculado al estrés y al uso de dispositivos electrónicos en horario nocturno. Sobre las pantallas, ha señalado que retrasan la secreción de melatonina, alteran el ritmo circadiano y mantienen al cerebro en un estado de activación.

Claves de higiene del sueño

La doctora Gómez ha propuesto varias medidas de higiene del sueño para cuidar el descanso. Entre ellas, ha remarcado la conveniencia de mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, así como acondicionar el dormitorio para favorecer un ambiente tranquilo.

También ha indicado que conviene limitar el uso de pantallas antes de ir a la cama, evitar las cenas abundantes, la cafeína, el alcohol o el ejercicio intenso en las horas previas, y reservar la cama solo para dormir. “El descanso de calidad es una inversión directa en salud presente y futura”, ha afirmado.