Solo entre el 7 y el 10 por ciento de las personas con insuficiencia cardiaca que tendrían que realizar rehabilitación acceden finalmente a este recurso, una terapia incluida en el abordaje estándar y considerada “esencial” tras el alta hospitalaria, según la miembro de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) y médica especialista en Rehabilitación Cardíaca en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Marta Supervía.
Con motivo del Día Mundial de la Insuficiencia Cardíaca, que se conmemora el 9 de mayo, Supervía ha señalado que la rehabilitación cardíaca “reduce mortalidad, reinfarto y rehospitalizaciones, y mejora capacidad funcional y calidad de vida”. Ha remarcado, además, que las guías clínicas la recogen como parte del tratamiento estándar, “con el máximo nivel de recomendación, evidencia, y no como un complemento”.
La especialista ha apuntado que esta realidad evidencia “una gran brecha entre la evidencia y la práctica real, y un fallo del sistema sanitario para garantizar un tratamiento eficaz”.
“No acceder a rehabilitación tras el alta tiene más riesgo de muerte, y nuevos ingresos, peor recuperación funcional, peor control de factores de riesgo, peor adherencia al tratamiento y peor calidad de vida”, ha añadido.
Falta de derivación y desigualdades en el acceso
Supervía ha descrito la situación como un problema multifactorial, destacando que la ausencia de una derivación sistemática figura entre los fallos “más importantes”. A ello se suman la escasez de recursos, la limitada capacidad de los programas y el desconocimiento tanto por parte de los profesionales como de los propios pacientes.
Sobre el acceso, la representante de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física ha indicado que “existen desigualdades claras por sexo, edad, nivel socioeconómico, territorio y origen étnico” y ha precisado que “el perfil que menos se remite a rehabilitación cardiaca a pesar de tener indicación es el de una mujer, residente en un entorno rural, con multimorbilidad, limitaciones funcionales asociadas a discapacidad y situación de vulnerabilidad socioeconómica”.
En este síndrome clínico, el corazón no consigue llenarse o bombear la sangre de forma adecuada, lo que provoca disnea, fatiga y limitación para la actividad diaria. “Estos pacientes están infrarrepresentados por baja derivación, barreras de cobertura, mayor comorbilidad, fragilidad y falsas creencias sobre la seguridad o utilidad del ejercicio”, ha declarado.
Respecto a los resultados que aporta, ha indicado que la rehabilitación disminuye las hospitalizaciones y mejora la capacidad funcional, la tolerancia al esfuerzo y la calidad de vida. En esta línea, ha resaltado que “ampliar su acceso permitiría evitar miles de ingresos, mejorar el estado funcional de muchos pacientes y reducir costes sanitarios”.
Asimismo, ha recordado que “está indicada tras infarto agudo de miocardio, síndrome coronario agudo, angioplastia o 'stent', cirugía de 'bypass', angina crónica estable, cirugía valvular, trasplante cardíaco e insuficiencia cardíaca.
Por último, Marta Supervía ha alertado de que persisten ideas erróneas que dificultan la participación en estos programas, como “que el ejercicio es peligroso tras un evento cardíaco, que solo sirve para pacientes jóvenes, que consiste solo en hacer ejercicio por cuenta propia, que no merece la pena si no reduce mortalidad en todos los casos, o que es inviable por tiempo, distancia o costes”.
Ante este escenario, ha defendido la necesidad de instaurar sistemas de derivación automática, incrementar los recursos, mejorar la cobertura, implantar modelos flexibles presenciales, domiciliarios o virtuales, reforzar la formación de profesionales y pacientes y ofrecer apoyos que minimicen las barreras logísticas y económicas.
“El paciente puede y debe solicitar derivación a rehabilitación cardíaca directamente a su cardiólogo o médico rehabilitador o médico de familia o médico especialista responsable”, ha concluido.