De la noche a la mañana, el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, en Madrid, se ha situado en el centro del dispositivo sanitario nacional. Los 14 españoles que viajan a bordo del crucero 'MV Hondius', afectado por el brote de hantavirus, serán trasladados a este centro médico de la capital madrileña para cumplir cuarentena en la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN), instalación considerada una de las más avanzadas de Europa en bioseguridad.
La planta 22 de este hospital militar, diseñada específicamente para casos de máxima contención, ha activado sus protocolos de seguridad reforzada, recuperando un nivel operativo similar al desplegado durante la crisis del ébola en 2014 y la repatriación de pacientes en la pandemia de COVID-19.
Un espacio diseñado para lo invisible
La UAAN no es una planta convencional. Se trata de un sistema de aislamiento extremo concebido para enfermedades de alta peligrosidad o incidentes NRBQ (nuclear, radiológico, biológico y químico). Su diseño se basa en la presión negativa escalonada, que impide la salida de agentes infecciosos al exterior.
Cada habitación funciona como una unidad cerrada con doble esclusa y materiales de contención de alta resistencia, mientras que el control clínico se realiza desde una sala central equipada con cámaras de alta precisión que permiten la supervisión sin contacto directo con los pacientes.
El acceso está estrictamente limitado y el personal sanitario necesita largos protocolos de equipamiento antes de entrar, lo que convierte cada intervención en un procedimiento altamente controlado.
Del ébola al COVID, un historial en el epicentro de las crisis
El Gómez Ulla ha sido activado en múltiples crisis sanitarias internacionales. Desde su papel clave durante el brote de ébola hasta su participación en el traslado de ciudadanos desde Wuhan en los primeros compases de la pandemia de covid-19, el hospital militar ha consolidado su posición como referencia nacional en emergencias biológicas.
Este bagaje ha convertido su unidad de aislamiento en una infraestructura estratégica del Estado, preparada para responder ante amenazas sanitarias de alta complejidad como el actual brote de hantavirus.
El hantavirus
El brote detectado en el MV Hondius, que ya ha provocado varios casos confirmados y sospechosos, mantiene en alerta a las autoridades sanitarias. Aunque la OMS insiste en que el riesgo para la población general es bajo, el virus presenta un periodo de incubación largo y una elevada letalidad en sus formas más graves.
La variante implicada, de tipo Andes, preocupa por su capacidad de transmisión entre humanos en determinadas condiciones, lo que ha obligado a activar protocolos de contención estrictos tanto en el barco como en su llegada a territorio español.
Así, los pasajeros españoles serán trasladados directamente al Gómez Ulla, donde ingresarán sin contacto con el exterior a través de circuitos logísticos diseñados para evitar cualquier exposición.
El funcionamiento de la unidad se articula en torno a un control estricto del aire y los fluidos, con toda la planta sometida a un sistema de presión negativa escalonada que impide la salida de cualquier agente patógeno al exterior. Las estancias están concebidas como boxes de UCI de máxima seguridad, dotadas de revestimientos especialmente preparados para resistir procesos de desinfección profunda mediante peróxido de hidrógeno.
El traslado de pacientes también se encuentra completamente blindado. Los afectados por hantavirus accederán directamente desde el aparcamiento subterráneo y serán desplazados en un montacamas de uso exclusivo, equipado con su propio sistema de presión negativa y ventilación filtrada.
En el caso del hantavirus, que no dispone de tratamiento farmacológico específico, este entorno resulta esencial, ya que el abordaje clínico se basa exclusivamente en el soporte vital en cuidados intensivos hasta que el organismo del paciente logra superar la infección.
Unas pinceladas sobre su historia
Su historia se remonta al 8 de febrero de 1889, cuando un incendio devastador en el Seminario de Nobles, en la calle de la Princesa —entonces utilizado como hospital militar— obligó a replantear por completo el modelo sanitario existente.
A raíz de aquel suceso, se proyectó un nuevo centro en Carabanchel Bajo, diseñado bajo el sistema Tollet, una propuesta arquitectónica avanzada para su época que organizaba el hospital en pabellones separados con el objetivo de reducir los riesgos de contagio.
El coronel médico retirado A. Herrera de la Rosa evoca con cierta nostalgia aquel primer complejo hospitalario inaugurado de forma parcial en 1896 para atender a los repatriados de las guerras de Cuba y Filipinas, muchos de ellos afectados por enfermedades como el paludismo o la fiebre amarilla.
Con una historia que se remonta al siglo XIX y una evolución constante hacia la alta tecnología médica, el Gómez Ulla vuelve a desempeñar un papel clave como escudo sanitario ante amenazas biológicas globales.
La UAAN permanece en funcionamiento continuo, preparada para una vigilancia constante del brote mientras la comunidad científica sigue evaluando la evolución del virus en el entorno controlado del crucero.