Muchas cumbres internacionales suelen pasar desapercibidas, pero la reciente cumbre de la OTAN en Washington, que bajó la persiana el pasado jueves, atrajo muchas atenciones. Y no, no hablo solo de los ojos puestos en el presidente Joe Biden, sino de lo que allí se cocinó, si se me permite la expresión, pues la Alianza adoptó una postura más firme ante las nuevas y peligrosas realidades globales, destacando la creciente amenaza de China.
Durante esta cumbre, la OTAN reafirmó su apoyo a largo plazo a Ucrania y criticó duramente a Beijing por su apoyo implícito a la agresión rusa encabezada por Vladimir Putin. En una declaración conjunta, la OTAN subrayó que China se ha convertido en un «facilitador decisivo» de la guerra rusa mediante su asociación «sin límites» y su apoyo significativo a la industria de defensa rusa.
