Los hechos que están aconteciendo en los últimos meses (o años) en torno a la gestión de la RFEF deben hacer pensar al legislador y a la sociedad en su conjunto que es más necesario que nunca acometer diversos cambios en los órganos gubernamentales del deporte español.
Es el momento. La ciudadanía y, en particular, los aficionados al deporte asistimos atónitos a la pléyade de acontecimientos que se van superponiendo a medida que pasan los días. Nada tienen que ver con la práctica del deporte en sí, es más, se asemeja al clima político irrespirable en nuestro país.
En este sentido, ni el deporte (ámbito donde los españoles, en la mayoría de las ocasiones, nos hemos unido) se salva de la polarización existente. Una muestra de ello ha sido la reciente comparecencia, bajo una gran expectación, del máximo responsable del Consejo Superior de Deportes (CSD), otrora ministro del ramo que fue coetáneo durante 2 años de Rubiales en la presidencia de la RFEF, entre otras cuestiones.
No fue, precisamente, un adalid de la supervisión en la gestión del fútbol español. Sin embargo, el quinto secretario de Estado para el Deporte de Pedro Sánchez expresó en su comparecencia en el Congreso de los Diputados la necesidad de regeneración en el deporte español; máxime cuando en el horizonte otea la organización de la próxima Copa Mundial de la FIFA en 2030 junto a Marruecos y Portugal.
