Donald Trump ha irrumpido en el tablero geopolítico con la potencia de un solo de guitarra al máximo volumen. Su entrada ha sido como Kirk Hammett interpretando Harvester of Sorrow: política en modo heavy metal. Sus palabras han retumbado con tal intensidad que han sacudido piezas que parecían inamovibles. No ha sido un simple empujón, sino una auténtica sacudida. Una coz. Y en Europa, el sismo se ha dejado sentir.
Durante décadas, la seguridad del continente ha dependido en gran medida de la garantía estadounidense. Ahora, con la posibilidad real de que Washington reduzca o incluso retire su apoyo, los europeos deben afrontar una pregunta incómoda: ¿pueden defenderse por sí mismos?
Aquí no valen tuits ni ocurrencias. No es un debate que se resuelve con un chascarrillo de 30 segundos en televisión. Hablamos de seguridad, disuasión y poder. Y cuando los desafíos son graves, las respuestas deben estar a la altura.
La industria militar sigue fragmentada, los sistemas de armas no siempre son interoperables y la capacidad de respuesta sigue siendo lenta
Esta semana, en la reunión conjunta de las comisiones de Defensa, Economía y Política de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN en Bruselas, la delegación estadounidense dejó un mensaje claro: la Alianza Atlántica sigue siendo viable, siempre y cuando EE.UU. no tenga que asumir la defensa individual de cada país miembro. Cada Estado debe garantizar su propia seguridad antes de esperar apoyo.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue aún más directo en la Conferencia de Seguridad de Múnich: Europa debe ocuparse de sus propias amenazas porque EE.UU. está centrado en el Indo-Pacífico. Sin embargo, esto no significa que Washington deje de considerar los desafíos en el flanco sur europeo, donde China y Rusia han incrementado su presencia. La visión del concepto 360º de la OTAN, adoptada en 2022, sigue vigente, pero los europeos deben decidir si están dispuestos a sostener su parte del esfuerzo.
El problema no es solo presupuestario. Aunque Europa ha aumentado su gasto en defensa tras la invasión rusa de Ucrania (con excepciones evidentes), persisten graves deficiencias estructurales. La industria militar sigue fragmentada, los sistemas de armas no siempre son interoperables y la capacidad de respuesta sigue siendo lenta.
Mientras EE.UU. opera con un único modelo de tanque de batalla (Main Battle Tank), Europa mantiene 19. Su flota de aviones de reabastecimiento en vuelo, fundamental para la movilidad estratégica, es cinco veces menor que la estadounidense. La falta de misiles antibuque y sistemas de defensa aérea es preocupante.
