El Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo (NPEyA) de la Unión Europea se alumbra en un contexto mundial marcado por una letal combinación de conflictos bélicos, inestabilidad política, desastres naturales, inestabilidad económica, eclosión demográfica no apoyada en el crecimiento económico, cambio climático… Situaciones que plagan de miseria y muerte las rutas marítimas de la migración irregular.
El NPEyA se sustenta en una conjetura harto dudosa: la diferenciación entre refugiados y migrantes económicos. Categorías que degeneran en un tercera: el abuso por parte de todos los que entran de forma ilegal en el territorio de la UE, que solicitan asilo tengan o no derecho. Sin embargo, en 2022, en toda la UE el porcentaje de solicitantes de asilo que en primera instancia vieron reconocido su derecho a la protección internacional fue del 49 por ciento de media.
En segunda instancia o en instancias posteriores, casi un tercio de las reclamaciones resultan admitidas. Ello sin considerar cuántos de estos migrantes irregulares no tienen posibilidades o medios para entablar un recurso.
Refugiados y migrantes económicos
El Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo de la UE se sustenta en una conjetura harto dudosa: la diferenciación entre refugiados y migrantes económicos
Cada migrante, cada refugiado tiene su propia historia. Y cada uno de ellos es visto a la vez como víctima y como amenaza. Víctima de las mafias que trafican con personas, amenaza para el Estado del bienestar en los países de acogida.
