Una partida de weiqi por el dominio global

El portavoz adjunto del Grupo Popular en el Senado, José Antonio Monago, analiza el escenario internacional que deja la política arancelaria de Trump: «El objetivo no es solo frenar el ascenso chino, sino reconfigurar el sistema global de comercio e inversión»

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La confrontación entre Estados Unidos y China ya no se limita al comercio ni a la tecnología: es una pugna estratégica entre dos modelos que compiten por moldear el siglo XXI. La decisión del presidente Trump de elevar los aranceles sobre productos chinos hasta un 145% —la cuarta subida en lo que va de año— marca un punto de no retorno. Y como en el weiqi (围棋), el antiguo juego chino de estrategia, lo que anda en juego no es una victoria rápida, sino el control del tablero a largo plazo.

En lugar de buscar un jaque mate inmediato, como haría un ajedrecista, Washington actúa como un jugador de weiqi decidido a cercar progresivamente a su oponente: impone aranceles a sectores clave, restringe el acceso a chips avanzados, presiona a aliados para que reduzcan la dependencia de China y reactiva pactos con docenas de países que habían quedado en suspenso. El objetivo no es solo frenar el ascenso chino, sino reconfigurar el sistema global de comercio e inversión.

La respuesta de Pekín sigue una lógica igualmente paciente y calculada. A las contramedidas económicas —aranceles del 84%, restricciones a DuPont y vetos en el sector cultural— se suman movimientos más sombríos: según revelaciones del gobierno estadounidense, altos funcionarios chinos habrían reconocido su implicación indirecta en los ciberataques a infraestructuras críticas en EE.UU., un aviso tácito de que la disuasión ahora también opera en el ciberespacio​.