Cincuenta años del primer Villalar clandestino: 400 asistentes que encendieron la actual fiesta de Castilla y León

Villalar conmemora el 50 aniversario de la primera concentración clandestina de 400 personas que encendió la actual fiesta del Día de Castilla y León.

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La villa vallisoletana de Villalar de los Comuneros volverá a ser este jueves, 23 de abril, el epicentro del “Día de Castilla y León”, con la tradicional concentración ciudadana en la campa donde se recuerda la derrota de la Junta Comunera, liderada por Padilla, Bravo y Maldonado, frente a las tropas de Carlos I. Con el paso del tiempo, la caída de aquellos comuneros que se alzaron contra el centralismo imperial en defensa de la libertad y la justicia social se ha transformado en el principal símbolo reivindicativo de la Comunidad Autónoma en su jornada festiva.

Este año la cita adquiere un significado especial, ya que se cumplen cincuenta años de aquella primera concentración clandestina en Villalar. En 1976, unas 400 personas, convocadas por el Instituto Regional Castellano-Leonés, se reunieron en la localidad de forma semiclandestina para exigir democracia y autonomía en los primeros compases de la Transición, apenas cinco meses después de la muerte de Francisco Franco.

En aquel momento, el colectivo impulsor, el Instituto Regional Castellano-Leonés, decidió trasladar la convocatoria al domingo 25 de abril para facilitar la asistencia. La entidad, creada pocos meses antes, había surgido del impulso de intelectuales, profesores universitarios, periodistas, ecologistas y representantes de diversas formaciones políticas.

Esa concentración de 1976 había sido prohibida por el gobernador civil y terminó siendo disuelta a primera hora de la tarde por efectivos de la Guardia Civil, lo que frustró las actuaciones musicales programadas. Pese a ello, se considera el punto de partida de las posteriores concentraciones y fiestas en la campa de Villalar, que pasarían a ser legales un año después, en 1977, cuando acudieron cerca de 20.000 personas.

En 1978, en pleno proceso de elaboración de la Constitución española, más de 200.000 ciudadanos se congregaron en Villalar para reivindicar la Comunidad Autónoma y las libertades públicas. La oficialización de la fiesta del 23 de abril como día de Castilla y León quedó fijada definitivamente en el Estatuto de Autonomía aprobado en 1983.

La primera convocatoria autonomista se fijó a las 12,00 horas de aquel 25 de abril, con un programa que incluía un acto en la Plaza Mayor, comida campestre —tras entrevistarse con el alcalde, Félix Calvo Casasola, para solicitar permiso, quien se remitió a las órdenes de la Benemérita— y un festival folclórico.

Las 400 personas que participaron en aquella jornada llegaron a Villalar por caminos y carreteras secundarias, ya que los accesos principales a la localidad se encontraban cortados por las fuerzas de seguridad.

La concentración, prohibida por orden gubernativa, fue finalmente disuelta por la Guardia Civil cuando los asistentes colgaron en un árbol una bandera morada, emblema del pendón castellano, gesto que hizo sospechar a las autoridades que el acto podía derivar en algo más que una simple reunión festiva.

Algunos testigos relataron que los congregados fueron dispersados “a sablazos”, hasta el punto de que se llegó a equiparar aquella carga con los sucesos del 23 de abril de 1521, cuando los comuneros fueron derrotados por las tropas imperiales, hablándose incluso de una segunda derrota de Villalar.

Pese a que los participantes no pudieron desarrollar la celebración prevista en 1976, aquella cita se convirtió en el germen de las posteriores concentraciones de marcado carácter regionalista. En 1977, según las crónicas, entre 15.000 y 20.000 personas se dieron cita en Villalar en un “Día de Castilla y León” ya autorizado, que contó también con el respaldo de la Alianza Regional de Castilla y León.

El Instituto Regional Castellano-Leonés (IRC-L) se había constituido a comienzos de 1976 tras varias reuniones en Lerma (Burgos) y Paredes de Nava (Palencia). Nació como asociación anónima, promovida por un grupo de intelectuales, docentes universitarios, periodistas, ecologistas y políticos partidarios de la autonomía de las nueve provincias de la cuenca del Duero y contrarios al centralismo.

Entre sus objetivos fundacionales figuraba estudiar, analizar y reflexionar sobre los problemas de Castilla y León a la luz de sus circunstancias históricas, económicas, sociales y, de forma muy especial, culturales.