Etiquetas de la ropa: por qué cuesta tanto leerlas y cómo serán en el futuro

Los símbolos que muchos no entienden, por qué millones de personas cortan las etiquetas y cómo códigos QR, etiquetas inteligentes y el pasaporte digital pueden transformar el etiquetado textil

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Las etiquetas de la ropa están en el punto de mira.

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Las etiquetas de la ropa no siempre se leen. Y lo que es aún peor: muchas veces no se entienden. Aunque su función es ofrecer información básica para cuidar mejor la ropa y conocer sus materiales, distintos estudios y normas europeas muestran que buena parte de los consumidores encuentra dificultades para interpretarlas o, directamente, acaba retirándolas por incómodas.

De hecho, un estudio de GINETEX señala que el 70% de los europeos sigue las instrucciones de cuidado representadas por los símbolos, mientras un 62% admite cortar las etiquetas. El problema, por tanto, no parece ser solo si se leen o no, sino cómo están diseñadas y cuánto se comprenden.

A ese debate se suma ahora otro más amplio: el futuro del etiquetado textil. La Unión Europea impulsa nuevas herramientas digitales como el Pasaporte de Producto Digital y el sector explora etiquetas inteligentes o códigos QR que podrían suponer un notable cambio de paradigma.

Qué información debe aparecer en el etiquetado textil

Según la normativa de la Unión Europea, todo producto textil comercializado en la UE debe incorporar un etiquetado o marcado que indique la composición en fibras del producto. Esa obligación se aplica a productos cuyo peso esté compuesto en al menos un 80% por fibras textiles, como prendas de vestir, recubrimientos de muebles, revestimientos de colchones o tiendas de campaña.

La etiqueta debe ir fijada al producto de forma segura y la información sobre composición debe expresarse en porcentajes y por orden decreciente, separarse claramente de otros datos como instrucciones de cuidado y presentarse con texto claro y legible.

La regulación europea también establece que solo pueden usarse menciones como “100%”, “puro” o “todo” cuando la prenda está exclusivamente compuesta por un solo tipo de fibra. Además, las denominaciones de fibras textiles están limitadas a las recogidas en el reglamento europeo aplicable.

Si un producto se vende en varios países de la UE, el etiquetado debe traducirse a las lenguas oficiales de los países donde se comercializa. Junto a estas exigencias, también se contempla la posibilidad de recurrir a la etiqueta ecológica de la UE para distinguir productos con excelencia medioambiental.

Qué hace el consumidor con las etiquetas

El estudio elaborado por GINETEX e IPSOS en seis países europeos refleja que las etiquetas tienen más peso entre los consumidores de lo que podría parecer. El 70% afirma seguir las instrucciones de cuidado y, entre los principales motivos, un 38% dice hacerlo para evitar problemas de lavado como el encogimiento y un 31% para conservar mejor la ropa y prolongar su duración.

Al mismo tiempo, el informe muestra que muchas etiquetas generan rechazo físico o práctico: un 62% admite cortarlas, y, entre quienes lo hacen, un 74% afirma que pican o irritan la piel y un 55% que resultan demasiado largas o incómodas. Pese a ello, el 80% de europeos asegura que nunca o rara vez compraría una prenda sin etiqueta.

El estudio también señala que el problema está muchas veces en la comprensión de los símbolos. Los de lavado y planchado son los más entendidos, pero otros generan más confusión: un 45% no entiende los símbolos de secado, un 39% no identifica correctamente los de blanqueado y el símbolo de limpieza profesional es el peor interpretado.

Cuando surge una duda, muchos consumidores buscan respuestas. Según el mismo estudio, un 53% consulta en internet el significado de símbolos que no comprende. El informe añade además que el 84% se muestra preocupado por el ahorro de agua y energía, y que muchos ya aplican hábitos como secado natural o lavado a baja temperatura.

Las etiquetas del futuro: el Pasaporte Digital de Producto

Uno de los cambios que más puede transformar el etiquetado textil es el Pasaporte de Producto Digital, impulsado desde la estrategia de economía circular de la Comisión Europea. En el sector textil, este sistema permitiría conocer con más detalle el origen de las prendas, los materiales utilizados y las condiciones de fabricación.

Ese modelo va más allá del etiquetado tradicional. Según los planteamientos europeos sobre el Digital Product Passport, la información podría incluir también datos sobre durabilidad, reparabilidad, reutilización o reciclaje, ampliando el papel de la etiqueta hacia una identidad digital de la prenda.

La UE reguló inicialmente el Pasaporte de Producto Digital en 2024. Gobierno de España.

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Como ya ha explicado la Asociación Retail Textil España (ARTE) y el Observatorio del Sector Textil y de la Moda, su implantación en textil se plantea en fases y podría comenzar en torno a 2027, con un despliegue progresivo posterior. Entre los efectos señalados figuran mayor transparencia en la cadena de suministro, decisiones de consumo más informadas y apoyo al cumplimiento normativo.

A ello se suman proyectos piloto y desarrollos del sector que exploran funcionalidades similares, como trazabilidad de materias primas o análisis de impacto ambiental. En conjunto, el cambio apunta a un etiquetado más digital, más verificable y más vinculado a la sostenibilidad.

Del papel al QR

Junto al pasaporte digital, el futuro de las etiquetas de la ropa también se está explorando a través de etiquetas inteligentes, códigos QR o tecnologías como NFC. Iniciativas y estándares impulsados por GS1 plantean que parte de la información de una prenda pueda consultarse desde el móvil.

Ese modelo permitiría ampliar mucho lo que hoy cabe en una etiqueta cosida: instrucciones de cuidado ampliadas, información sobre autenticidad, composición detallada o recomendaciones para prolongar la vida útil de la prenda.

En paralelo, informes como los de la Ellen MacArthur Foundation vinculan este tipo de soluciones con modelos de moda circular, donde la información digital acompaña a la prenda también en procesos de reparación, reventa o reciclaje.

Así, el futuro del etiquetado textil parece apuntar menos a etiquetas más largas y más a etiquetas más útiles. De los símbolos cosidos a los códigos escaneables, el cambio que se perfila no es solo tecnológico: también cambia qué información recibe el consumidor y cómo la utiliza.