La actividad del sector privado en España sufrió un notable deterioro en abril, cuando el índice PMI compuesto descendió hasta los 48,7 puntos desde los 52,4 registrados en marzo. De este modo, el indicador se situó por primera vez en dos años y medio en fase de contracción, arrastrado por el fuerte empeoramiento del sector servicios en un contexto de elevada incertidumbre derivada del conflicto en Oriente Próximo.
En los servicios, el PMI se desplomó en abril hasta los 47,9 puntos, frente a los 53,3 del mes anterior, marcando su peor dato desde 2022. Por el contrario, el PMI manufacturero avanzó hasta los 51,7 puntos desde los 48,7 previos, impulsado por el acopio de suministros por parte de la industria para prepararse ante la crisis en Oriente Próximo.
En el ámbito de los servicios, las compañías achacaron en términos generales la contracción de la actividad comercial al retroceso de los nuevos pedidos, consecuencia del estancamiento del entorno empresarial y de una incertidumbre generalizada ligada a la guerra en Oriente Próximo.
Al mismo tiempo, la confianza sobre la evolución futura del negocio entre las firmas de servicios españolas se deterioró en abril hasta su cota más baja desde diciembre de 2022.
Por otra parte, el conflicto bélico también impactó de forma intensa en los gastos operativos de las empresas, al encarecer la energía, el combustible y las tarifas de los proveedores, lo que a su vez alimentó las presiones salariales. Esta combinación obligó a muchas compañías a trasladar a los clientes el aumento de sus costes siempre que les fue posible.
“Aunque los precios de venta volvieron a subir notablemente, la tasa de inflación se moderó un poco desde marzo y, lo que es crucial, se mantiene muy por debajo de los niveles observados en 2022 y a principios de 2024, lo que sugiere que los efectos de segunda ronda de la inflación aún no se han materializado por completo”, ha advertido Paul Smith, economista de S&P Global Market Intelligence.