"Desorden en la Moncloa", la experencia de Díez de Rivera como jefa de gabinete de Súarez

Con motivo del 50º aniversario de su nombramiento, DEMÓCRATA analiza el paso de Carmen Díez de Rivera por el Gobierno: su compleja relación con la prensa, el progresivo distanciamiento de Suárez y la posición privilegiada que ocupó durante la Transición

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El magistrado del Tribunal Constitucional Luis Ortega afirmaba que la posición institucional que ocupan los jefes de gabinete, "en cierto modo privilegiada", contrastaba "con las escasas oportunidades de que su labor sea públicamente reconocida". Un conjunto de características que, a su juicio, hacían del "gabinete un órgano que suscita al mismo tiempo curiosidad y recelo". Ortega llevó a cabo esta reflexión en 1991.

Durante décadas, los hombres que han susurrado al oído de los presidentes del Gobierno han permanecido en el anonimato. Hacían política, marcaban y dictaban la información política, pero sus nombres no figuraban en las crónicas. El aterrizaje de Pedro Sánchez en la Moncloa y la elección de Iván Redondo como su gurú de cabecera cambiaron esta dinámica: Redondo llegó incluso a ser bautizado como "el ministro 23". 

Nunca antes un jefe de gabinete había atraído tantos titulares, pero sí hubo una jefa de gabinete que, hace ahora cincuenta años, logró captar la atención de los medios: Carmen Díez de Rivera (1942-1999). Su condición de mujer, la única hasta la fecha que ha ocupado el cargo, fue el detonante para su proyección mediática, pero no la única característica que la hizo tan atractiva para la prensa de la Transición.

BOE 19-07-1976 -

Se cumplen cinco décadas desde que Adolfo Suárez nombrara a Díez de Rivera su mano derecha en Presidencia. Aristócrata de cuna marcada por la tragedia personal, pero de firmes convicciones progresistas, permaneció en el cargo nueve meses. Ni la política, ni la administración, ni los medios de comunicación son lo que eran entonces. Con motivo de la conmemoración de su llegada al puesto, DEMÓCRATA reconstruye su paso al frente del gabinete de Suárez.

"Desorden en la Moncloa"

Díez de Rivera ocupó este puesto privilegiado entre julio de 1976 y mayo de 1977. Estuvo en primera línea durante la Ley para la Reforma Política, los atentados de Atocha, la legalización de los partidos y la convocatoria de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura. También en la mudanza desde Castellana 3, donde estaba la sede de Presidencia, hasta el complejo de la Moncloa.

Vivió aquellos meses con intensidad, pero también los "sufrió" como dejó reflejado en sus diarios que tras su fallecimiento publicaría su biógrafa Ana Romero en Historia de Carmen (2002)"Jefe de prensa, portavoz, desorden en la Moncloa. Así llevo ocho meses", escribió Díez de Rivera en marzo de 1977.

“En Moncloa seguíamos sin portavoz, como en Castellana. Yo contestaba todas las llamadas. Total, los portavoces están para no contar nunca nada, ¿no? Además, se había corrido el tamtam y a mí me llamaba todo el mundo (…) si me pedían que me ocupara de un preso, me ocupaba”, le confesó a Romero en 1999 meses antes de morir.

Por entonces, la estructura del gabinete y del Gobierno en general era mucho más endeble. Desde luego, Díez de Rivera no contaba con los medios actuales, aunque tampoco desempeñaba al uso todas las funciones que tiene un jefe de gabinete en el presente.

Natalia Escalada trabajó con Suárez y con Leopoldo Calvo-Sotelo. En esa época, a Escalada solo le separaba una puerta de cristal del despacho de la jefa de Gabinete. Según pudo observar, Díez de Riverta tenía esencialmente tres cometidos: mantener contactos con los políticos nacionales, los mandatarios extranjeros y la prensa. “Recibía a mucha gente, porque quería abrir al presidente a gente de ideas diferentes”, recuerda la que fuera asistente personal de Suárez.

Sobre la relación que forjó con la prensa, Escalada recuerda en conversación con DEMÓCRATA: “Ella era inteligente, daba informaciones a quien quería de las cosas que podían interesar, pero también sabía medir el no decir lo que no debía".

Dimes y diretes

Díez de Rivera se convirtió en una presencia habitual en la prensa de la Transición. Saltó de las páginas de crónica política a las de sociedad y terminó siendo un personaje reconocible para buena parte de los españoles. Hasta el punto de que, en muchas informaciones, ya ni siquiera necesitaban recordar que era la jefa del gabinete de la Presidencia del Gobierno cuando hablaban de ella. «Carmen y Dolores», tituló ABC la crónica sobre el regreso de La Pasionaria a España y la salida de Díez de Rivera de la Moncloa.

ABC | 14-05 -1977 -

Su perfil reunía todos los ingredientes para resultar "atractiva" ante los medios: mujer joven, guapa, progresista, con una elevada responsabilidad institucional y una vida privada de gran interés. Pero paradójicamente, solo El Alcázar, un periódico de extrema derecha y muy crítico con el proceso hacia la democracia, le reconoció públicamente durante esos meses el papel que estaba jugando. 

Tras su cese y con la voluntad de criticar al Gobierno por la presencia de “una comunista en la Moncloa”, atribuyó a Díez de Rivera su contribución para la legalización del PCE: “Siempre entre bastidores, con una ejecutoria tan discreta como eficaz, Díez de Rivera ha sido un contacto decisivo para el reconocimiento del PCE” . Así como su intervención en el encuentro entre el Rey y Tierno Galván que, sin embargo, cuando se produjo, fue atribuido a una gestión de Suárez: “Carmen Díez de Rivera podría haber motivado directa o indirectamente la larga entrevista de Tierno con el Rey".

El Alcázar | 28-05-1977 -

Las dos caras de la moneda

Aunque en numerosas ocasiones expresó su incomodidad con la atención mediática y con las críticas que recibía, Díez de Rivera entendió pronto el poder de la prensa y supo utilizarla a su favor. Algunas de sus declaraciones iban más allá del discurso oficial del Gobierno y reflejaban una visión de la Transición más acelerada que la del propio Suárez.

Pero lejos de interpretarse como un desafío a la Presidencia, aquellas palabras se leían como una declaración de intenciones sobre el rumbo que debía tomar el proceso reformista, lo que paralelamente suscitaba muchas críticas al Gobierno y al presidente por parte de los sectores más conservadores.

La prensa, centrada en reproducir tanto sus declaraciones como las reacciones que provocaban, apenas advirtió en sus crónicas que esa dinámica estaba deteriorando la relación entre Suárez y la que había sido su más estrecha colaboradora desde los tiempos en los que él estaba al frente de RTVE. 

Ola de reivindicación

Tras su salida de Presidencia fruto de las discrepancias con Suárez, Díez de Rivera dio muchos tumbos políticos, pero ya en una discreta segunda fila. Su presencia en los medios se redujo notablemente y, en lo que a su proyección social respectaba, el paso por el Gobierno cedió protagonismo al escándalo personal que marcó su vida: descubrir a los 17 años que su novio era su hermano y que era hija ilegítima de Serrano Suñer, quien fuera el "cuñadísimo" de Franco. 

La reedición de las memorias que elaboró Ana Romero bajo el título El triángulo de la Transición: Carmen, Suárez y el Rey (2013), la elaboración del documental Quiero ser libre (2014), de RTVE, y la obra de teatro Carmen, nada de nadie (2024) han alimentado una corriente que, durante los últimos años, ha reivindicado su figura. En este contexto, se enmarca también la concesión, a título póstumo, de la Encomienda de la Orden de Carlos III por parte del Ejecutivo de Sánchez.