"Yo no tuve tiempo". Esta semana se ha conmemorado el centenario del nacimiento de Leopoldo Calvo-Sotelo (1926-2008), quien fuera presidente del Gobierno entre 1981 y 1982. 645 días en la Moncloa que le valieron el récord de presidente más breve en democracia.
En su Memoria viva de la Transición, obra en la que descubre su faceta más irónica (y desconocida), hace un repaso de la presidencia del Ejecutivo y concluye que quien ocupa el cargo puede llegar a aburrirse, pero él "no tuvo tiempo".
Comenzó su carrera política como procurador en las Cortes franquistas por el tercio sindical y colaboró en los planes de Desarrollo. Fue miembro de todos los gobiernos entre 1975 y 1982, salvo un paréntesis en el que dedicó sus esfuerzos a presidir el Grupo parlamentario de la UCD, cuando ya empezaban a afilarse los cuchillos.
Presidió el Consejo de Ministros durante 22 meses, la misma reunión en la que en su etapa como ministro de Relaciones con las Comunidades Europeas (1979) amenizaba "la pajarería" intercambiando coplas festivas con Joaquín Garrigues, "a las que daba mayor fuerza cómica el membrete del Consejo de Ministros".
Durante su mandato, se configuró el mapa de las autonomías, se desarrollaron aspectos fundamentales de la Constitución, se alcanzaron hitos sociales como el divorcio y se avanzó en la integración de España en el nuevo mundo, que se aventuraba atlantista y europeísta.
Calvo-Sotelo recogió el testigo de Adolfo Suárez y dio continuidad al programa que había ganado las elecciones. Paralelamente, sentó los cimientos para que, tras la llegada de los socialistas al poder, a España no la reconociera "ni la madre que la parió".
Aterriza como puedas
Con Calvo-Sotelo se produce la paradoja de que su llegada fue lo más sonado de toda su presidencia. Su salida y derrota estaban tan asumidas, que antes de despedirse ya andaba haciendo la "transmisión de mando". La tarde de su investidura pasó a la historia como la intentona golpista a manos del teniente coronel Antonio Tejero. Y aunque la verdadera votación en la que fue elegido presidente, dos días después, fue todo un ejemplo de concordia y sentido de Estado entre los grupos parlamentarios, toda España seguía conmocionada por los tiros.
Tras su accidentada llegada, el segundo presidente de la democracia, y el único no designado por las urnas de forma directa, tuvo que hacer frente a una compleja situación económica y social. "UCD tuvo el privilegio de gobernar en España durante la crisis económica más profunda y más larga del siglo", reconoce en sus memorias. Una coyuntura, que sumada a la ilusión que despertó la campaña del PSOE, llevó al partido centrista a un resultado muy humilde en las elecciones generales de 1982. La UCD pasó a ocupar menos escaños de los que tenía la banca azul, que había sido ocupada por sus miembros los últimos cinco años.

Las autonomías que vienen
Calvo-Sotelo siempre fue consciente de que entre manos tenían dos transiciones, la interna y la externa. En el ámbito doméstico, durante los casi dos años que fue presidente, se configuró el mapa autonómico. Galicia, Andalucía, Asturias, Cantabria, La Rioja, Murcia, la Comunidad Valenciana, la Comunidad de Madrid, Aragón, Castilla la Mancha y Canarias vieron publicados sus Estatutos de Autonomía en el BOE.
Además, en el plano territorial, se concretó el Concierto del País Vasco, el Régimen Foral de Navarra y se materializaron las primeras cesiones de tributos a Cataluña: impuesto de patrimonio, de sucesiones, de transmisiones patrimoniales...
La Constitución de 1978 se acercaba a su primer lustro, y como venía recogida en ella, competía a los distintos gobiernos el desarrollo de su articulado. Entre en 1981 y 1982 se aprobaron la Ley del Defensor del Pueblo, del Honor y la Intimidad o del Tribunal de Cuentas.
En el plano social, la Ley del Divorcio es el principal hito por el que se recuerda al Ejecutivo de Calvo-Sotelo. También tuvo que lidiar con el juicio del 23-F.
Pequeñas victorias
Antes de llegar a la presidencia, acumuló una gran experiencia entre ministerios. Tal como él mismo reconoció, ninguna tan intensa como la empresa de acercar a España a la UE y a la OTAN. Bajo las órdenes de Suárez, quedó al frente del ministerio de Relaciones con las Comunidades Europeas. Entre 1978 y 1980 sentó las bases e inició las conversaciones que en 1986 cristalizarían con la adhesión de nuestro país al club comunitario.

Calvo-Sotelo hablaba francés, alemán, italiano, portugués e inglés, y tuvo que hacer grandes esfuerzos para convencer a Suárez de abandonar las coordenadas franquistas: árabes y americanas. Suárez se sentía mucho más cómodo en sus expediciones por América Latina que en Bruselas, donde se sentía fuera de lugar y no solo por la barrera del idioma. En cambio, Calvo-Sotelo se movía como pez en el agua en esos ambientes.
Si bien la entrada en la UE fue el resultado del trabajo tanto de la UCD como del PSOE, la adhesión en la OTAN lleva su firma. Un hito que colocó a España como un socio internacional fiable tras 40 años de dictadura y que siempre recordó con orgullo: "Fue una de las pocas batallas que le gané a Felipe González".
El pasado 14 de abril se cumplieron 100 años del nacimiento de Calvo-Sotelo. El hombre gris que llegó a la Moncloa pese a todo y contra nadie, y que ya alejado del poder vivió conforme: "Ni soy tan serio, ni me ha ido tan mal en la vida pública y privada".