Irán ha dado marcha atrás este sábado y ha decidido volver a cerrar el estrecho de Ormuz, apenas horas después de haber anunciado su reapertura parcial. Las autoridades iraníes justifican el cambio de posición por la continuidad del despliegue naval de Estados Unidos en la zona.
El movimiento devuelve la tensión a uno de los principales focos geopolíticos del planeta y reabre la incertidumbre sobre el suministro energético global.
Un paso clave para el petróleo
El estrecho de Ormuz es una vía esencial para el comercio internacional de crudo y gas. Por ese corredor marítimo transita una parte decisiva de las exportaciones energéticas procedentes del golfo Pérsico.
Cualquier restricción en ese punto suele traducirse en presión inmediata sobre los mercados, el transporte marítimo y los precios de la energía.
La tregua, en el aire
La decisión iraní llega en plena cuenta atrás del alto el fuego alcanzado el pasado 8 de abril, cuya vigencia termina esta semana.
Mientras Washington sostiene que los contactos diplomáticos continúan abiertos, Teherán insiste en que no normalizará la situación mientras persista la presión militar estadounidense en la zona.
La reapertura parecía un gesto de distensión. El nuevo cierre confirma que la crisis sigue lejos de resolverse.