Vox ha obtenido 15 escaños en las elecciones andaluzas, uno más que en los comicios de 2022, un avance que consolida la trayectoria ascendente del partido de Santiago Abascal y que le otorga la llave de un nuevo Ejecutivo presidido por el 'popular' Juanma Moreno, que pese a imponerse en las urnas no ha logrado revalidar la mayoría absoluta.
En esta cita, la formación liderada por Abascal ha alcanzado el 13,8% de los sufragios, por encima del 13,4% registrado en las anteriores elecciones. Como viene siendo habitual, el presidente de Vox ha seguido el escrutinio desde la sede nacional del partido, en la madrileña calle de Bambú, acompañado de su núcleo de confianza tras volcarse personalmente en la campaña.
El porcentaje logrado en Andalucía se sitúa por debajo de los obtenidos este año en las autonómicas de Extremadura (16,9%) y Aragón (17,9%), donde Vox duplicó su presencia institucional, y en Castilla y León (18,9%). Aun así, el desenlace ha superado las previsiones iniciales y permite a Vox ejercer un papel determinante frente al PP, en línea con lo ocurrido en esas comunidades.
Los sondeos, incluidas las encuestas internas manejadas por Vox, apuntaban a que el candidato del PP mantendría la mayoría absoluta y que los de Abascal apenas mejorarían sus datos, por lo que durante la campaña rebajaron el listón de expectativas para evitar un escenario similar al de Castilla y León, donde pese a firmar su mejor porcentaje histórico el resultado quedó empañado por no alcanzar el 20% que se había proyectado.
Andalucía, el primer gran salto de Vox
El Parlamento andaluz fue la primera cámara autonómica en la que Vox consiguió representación. En 2018 irrumpieron con 12 escaños que resultaron decisivos para desalojar al PSOE del Palacio de San Telmo, respaldando después un gobierno de coalición entre PP y Ciudadanos.
No era, sin embargo, la primera vez que concurrían en esta comunidad: ya se habían presentado en 2014 sin lograr escaños. En ambas convocatorias el cabeza de lista fue el juez inhabilitado Francisco Serrano, hoy pendiente de juicio por un presunto fraude.
En 2022, Andalucía volvió a convertirse en banco de pruebas para Vox, con Macarena Olona como protagonista. Aunque la formación elevó su presencia hasta los 14 escaños y el 13,4% de los votos, el resultado se percibió como un revés porque las expectativas eran muy superiores y el PP alcanzó una mayoría absoluta holgada.
Entonces se llegó a hablar de superar los 20 escaños y de condicionar el gobierno de Juanma Moreno gracias al denominado 'efecto Olona', una de las figuras más reconocibles de Vox, pero ese impulso no se materializó. Tras aquellos comicios, el partido perdió a uno de sus principales activos, ya que Olona abandonó la política un mes después y, posteriormente, inició una ofensiva contra su antigua formación con denuncias de desvío de fondos, entre otras acusaciones.
Una campaña centrada en frenar la mayoría del PP
Abascal ha repetido en Andalucía la fórmula que viene aplicando desde las autonómicas de Extremadura, asumiendo en primera persona el peso de la campaña. Por delante incluso del candidato, Manuel Gavira, ha encabezado cerca de una veintena de actos y comparecencias ante los medios durante estas semanas.
En cada intervención, el líder de Vox ha reclamado el apoyo a su papeleta con el argumento de impedir que Juanma Moreno reeditara la mayoría absoluta, reprochándole que, a su entender, no ha impulsado transformaciones de calado que distingan su gestión de los 40 años de gobiernos socialistas. También han cargado contra la imagen de moderación que proyecta el presidente andaluz.
“En estas elecciones se juega que Moreno siga con la libertad de sentarse y no hacer nada o hacer que las cosas importantes que se están haciendo en otras regiones puedan hacerse aquí”, ha reiterado Abascal, citando como referencia los resultados en Extremadura, Aragón y Castilla y León y los pactos de coalición cerrados allí con el PP.
El escenario de que Moreno Bonilla no revalidara la absoluta abría la puerta a una negociación con Gavira. Vox dejó claro durante la campaña que, si sus votos eran imprescindibles, no contemplaban abstenerse para facilitar la investidura del 'popular' y que tampoco aceptarían “chantajear”.
En este contexto, la 'prioridad nacional' que Vox ha incorporado a sus acuerdos con el PP en Extremadura, Aragón y próximamente en Castilla y León se ha convertido en uno de los ejes del discurso. El concepto ha generado fricciones entre socios: Vox lo define como la preferencia de los españoles en el acceso a vivienda protegida y ayudas sociales, mientras el PP intenta ligarlo al arraigo. Juanma Moreno lo ha rechazado frontalmente y ha llegado a calificarlo de ilegal.
La 'prioridad nacional' ha servido además para reforzar otra de las banderas del partido: su oposición frontal a la inmigración ilegal. Durante la campaña han vinculado este fenómeno con las dificultades para acceder a la vivienda, las listas de espera sanitarias y el aumento de la inseguridad.
Vox se reivindica como alternativa y sortea su crisis interna
En paralelo, Abascal ha insistido en presentar a Vox como alternativa tanto al PP como al PSOE, a los que responsabiliza de los principales problemas que arrastra Andalucía y, por extensión, el conjunto de España. En sus mensajes ha otorgado especial relevancia a la agricultura y la ganadería, sectores clave en la comunidad.
La campaña andaluza se ha desarrollado, además, con el eco de la crisis interna que atraviesa Vox por el goteo de expulsiones y salidas de dirigentes, entre ellas la de Javier Ortega Smith. Pese a ello, estos movimientos no parecen haber tenido un coste electoral significativo.
En las últimas semanas la situación se ha tensado especialmente en Murcia, con varias dimisiones, denuncias de contratación de familiares y allegados de cargos y acusaciones de acoso laboral contra Luis Gestoso, miembro de la Ejecutiva nacional de Vox.