La OCV urge a incorporar la visión veterinaria en el control de zoonosis tras el brote de hantavirus

La OCV pide reforzar el enfoque veterinario y One Health en la respuesta a zoonosis tras el brote de hantavirus vinculado a un crucero.

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Imagen de recurso de ratones. UAM

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La Organización Colegial Veterinaria (OCV) subraya que el reciente brote de hantavirus evidencia hasta qué punto es imprescindible que las estrategias de vigilancia y respuesta frente a las zoonosis integren de manera real y sistemática la participación veterinaria. Consideran esencial su aportación tanto para localizar reservorios y fuentes de exposición como para valorar el riesgo ambiental y definir medidas preventivas ajustadas.

“Este episodio ilustra con claridad la dimensión 'One Health' de las zoonosis: hablamos de un virus mantenido en reservorios animales cuya transmisión está vinculada a la abundancia de roedores, a su vez muy influida por las condiciones ambientales, que puede alcanzar al ser humano a través de un entorno contaminado y cuya correcta evaluación exige precisamente una mirada coordinada entre salud humana, animal y ambiental”, ha explicado el veterinario e Investigador Científico del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), Francisco Ruiz.

En esta línea, el experto detalla que la ruta predominante de contagio del hantavirus es ambiental y está asociada a excretas de roedores infectados que pueden permanecer durante años, y no a la convivencia cotidiana con personas que hayan podido estar expuestas. “Solo algunas variantes concretas, como el virus Andes, han mostrado capacidad limitada de transmisión interpersonal, generalmente en contextos de contacto estrecho y prolongado”, ha aclarado Ruiz.

Desde la OCV apuntan que, en el brote analizado en el crucero, aún no se ha podido determinar con certeza si la exposición se originó antes del embarque, durante la travesía o ya en el interior del buque. No obstante, atendiendo al periodo de incubación de los primeros casos, se contempla la posibilidad de que algunos afectados se infectaran fuera del barco. Tampoco se ha podido confirmar si se ha producido o no transmisión entre personas. “Por ello, desde el punto de vista técnico, resulta clave distinguir entre exposición ambiental, infección confirmada y enfermedad clínica”, añade.

En cuanto a la prevención, Ruiz recuerda que las actuaciones fundamentales frente a los hantavirus se centran en reducir al máximo el contacto con roedores y con sus excretas. Entre las recomendaciones prioritarias figuran el control de las poblaciones de roedores, la ventilación adecuada de espacios cerrados, la limpieza en húmedo de áreas que puedan estar contaminadas, la desinfección de superficies, evitar barrer en seco zonas con heces u orina de estos animales y mantener una correcta gestión de residuos y alimentos.

En el ámbito europeo, el escenario epidemiológico difiere notablemente del observado en determinadas áreas de América, región de la que la Organización Mundial de la Salud ha confirmado la cepa implicada en el origen del brote. Hasta la fecha, para los hantavirus circulantes en Europa no se ha documentado ningún caso de transmisión de persona a persona. La excepción de interés epidemiológico es el virus Andes, presente en algunas regiones de América del Sur, para el que sí se ha descrito una transmisión limitada entre personas en contextos de contacto estrecho y prolongado, como el brote iniciado en el crucero.

La infección en humanos se produce sobre todo al inhalar polvo o aerosoles contaminados con esas excretas, especialmente en recintos cerrados, con mala ventilación o donde haya presencia de roedores. También puede adquirirse por contacto directo con roedores vivos o muertos, aunque la mordedura o el arañazo constituyen vías menos habituales.

En España, la circulación del hantavirus es muy reducida. De acuerdo con los datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, el país no registró casos de infección por hantavirus desde 2019 hasta los últimos datos disponibles de 2023. En el conjunto de la Unión Europea y del Espacio Económico Europeo se notificaron en 2023 un total de 1.885 casos, lo que supone una tasa de 0,4 por cada 100.000 habitantes, una de las más bajas del periodo analizado, con 3 fallecimientos en Estonia, país donde el virus tiene una mayor presencia debido a sus condiciones ambientales.